ARTESANÍA POLÍTICA, por Jorge Luis Oliva



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Jorge Luis Oliva 14/09/2020   12:00 a. m. Opinion-






¡Ave César!

 

Esto está comenzando a tomar matices extraños, a ratos me da la impresión de encontrarme en una novela de ficción escrita por Isaac Asimov, y otras, más constantes, dentro de un bucle infinito en el que se esgrimen los más insólitos argumentos para justificar una realidad inexplicable. No debe entonces sorprendernos que lo que vemos parezca no tener cabida, hemos llegado a un nuevo nivel, hemos dado ese paso a un abismo de incertidumbre plena, de esperanza rota y apenas van dos años.




Cada día, sin duda, se hace más complicado sobre llevar este contexto en el que nos encontramos sumergidos, y si así es para los mortales, imaginen el esfuerzo que tiene que hacer el ejecutivo para que México no se le caiga. Será terrible cuando se decuenta de que caído ya está.

Es que hemos ido de un espectáculo a otro, poco a poco se ha ido formando el circo de tres pistas que dan legitimidad, legalidad y presencia al poder que el ejecutivo ejerce sobre todo el espectro gubernamental; hemos ido del lamentable espectáculo de Lozoya, pasando por las “pruebas” y los videos donde se evidencia la corrupción por parte de algunos integrantes de la bancada panista (al menos de los que si sabemos) y “las aportaciones del pueblo a la revolución” (deben entenderse aportaciones como un eufemismo para corrupción, una que es bendecida y ungida por el señor), hasta llegar a la consulta para enjuiciar a expresidentes y más recientemente el llamado a declarar a cierto periodista por el caso de cierta francesa cuyo nombre no quiero acordarme.

Y es que el problema no es que esto se sepa o se ventile, la bronca esta en como se presenta al público, pues esa forma lo hace ver más como un revanchismo o venganza que como justicia propiamente dicha. Si comenzamos a entrar a esos sinuosos y abruptos terrenos el mensaje será claro, no importa cómo, no importa si existen las pruebas o la duda razonable, lo que tiene que sobresalir es el societas civilis cum imperi, es decir una sociedad capaz de ejercer el poder de manera central, pero con un ligero cambio, tergiversando el sentido de la expresión latina se puede llegar a reinterpretar como populum cum imperio pueblo con poder.

 

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¿A qué me estoy refiriendo exactamente? A la intentona de someter a consideración del “pueblo” un asunto que se debe dirimir en las instituciones capaces y facultadas para la impartición de justicia. Esta consulta, incluso la simple idea del sometimiento y desmantelamiento silencioso de un poder de la unión vía consulta, resulta en una centralización del poder en una figura cuasi paternal, en una figura demagógica.

Seré aún más específico, estamos hablando aquí del “enjuiciamiento de los expresidentes”, cuyo avance, retroceso o estancamiento, depende estrictamente de una consulta que no es vinculante y que funge como mero ejercicio estadístico.

Y ahí está el problema central de la intentona, en nombre de una Democracia directa se pretende hacer que una opinión se sobreponga sobre una facultad constitucional. No es facultativo de la sociedad la impartición de justicia.

Supongamos que en dicha consulta ganase el “no”, ¿Se evitará dicho enjuiciamiento aún así se tengan las pruebas que incriminen a los sujetos a los que se hace referencia? Si “el pueblo” dice “no” ¿Se les perdonará? Si usted se queda impávido ante estas preguntas y sus posibles soluciones, entonces está pensando lo mismo que yo, hay un inevitable trasfondo moral, manejado de una forma tan sutil y maniquea que las simples figuras se han convertido hoy en estandarte escandaloso de una supuesta lucha contra la corrupción.

 

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Dichos personajes son bandera y no supuestos delincuentes, han pasado pues, de ser personas a objetivos políticos, son simple carne de cañón cuyo fin último es servir al fortalecimiento de una idea de justicia que nada tiene que ver con la impartición de Justicia.

Es justo así como llegamos al imaginario colectivo, pues en ese espacio donde el el anhelo de ver las cabezas rodar sin importar quien sea se hace más vivo, se siente más en la piel. La cosa es que esto nos convierte en Tántalos, en un ser con hambre y sed de justicia insaciable e inalcanzable al que le dan de comer ilusión y esperanza efímera. Pero además de eso, también pasamos a ser mero instrumento de un circo romano en donde nos dan la ilusión de tener poder frente al gladiador acaecido en la arena, sin embargo, sabemos que el soberano decidirá si merecen o no la vida, o para la comparación, juicio, y en ese sentido, dicho soberano ya dijo que votará no. ¿Es acaso un augurio de lo que vendrá?

Permítanme insistir, el problema no es la consulta per se, sino la manera en la que esta se utiliza, la forma en que este instrumento enmarcado en la Democracia se convierte en un simple ejercicio de propaganda gubernamental cuyo eje rector es la lucha contra la corrupción y la aparente impartición de justicia, misma que, desde la perspectiva del ejecutivo, debe venir del pueblo, sobrepasando, como ya lo mencioné, lo estipulado en la Constitución.

Tal parece que el tiempo de las facultades meta-constitucionales jamás abandonó esa silla en la que hoy se siente el Presidente.

 

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Esta manera de jugar con el adversario, de ponerlo al centro de la pista, es mandar al matadero quizá, el último halito de razonable credibilidad que
e resta al Presidente. Sin embargo, esto puede que sea fácil de superar porque siempre estará su “Pueblo” que le vitoreara la decisión de perdonar y bendecir a sus otrora enemigos.

Por lo tanto, ya a estas alturas, ni siquiera estamos hablando de un combate contra la corrupción, sino de un enjuiciamiento y escarnio público selectivo, la mira esta puesta pues en sus adversarios más recalcitrantes y toma la bandera de la justicia para legitimar su posición y su gran figura de amo y señor de los derroteros de esta nación cada día más transparente e invisible. Vamos corriendo a la consolidación de un Gobierno que se ocupa más por los reflectores que por Gobernar, y por hacer cumplir la ley.

Habrá que recordarle al Señor Presidente que la lucha contra la corrupción cuando de verdad se estaluchando por reducirla, es silenciosa.

Mientras vemos diluirse de a poco uno de los poderes de la unión en nombre de una justicia popular y no legal, celebremos pues La Vulcanalia y gritemos a coro:

¡Ave César! ¡Ave César! Bajen el telón y vámonos todos.



Jorge Luis Oliva

Nacido en el hospital Magdalena de las Salinas al norte de la Ciudad de México el día 6 en el último mes del sacudido año 1985. En algo parecido a una especie de sentencia de corte esotérico al estilo “año de nacimiento es destino”, su vida ha sido así, temblorosa y sacudida, llena de dudas y respuestas. Con el paso del tiempo y tras un crecimiento, algo desesperado, el sujeto por el que se escribe esta semblanza abrió su mente a los libros qu...Leer más

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