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Foto: lospleyers.com

Redaccion 02/08/2020   09:08 a. m. Opinion-






La Liga de Balompié Mexicano: ¿la renovación del negocio?

 

Por: Giovanni Alejandro Pérez Uriarte




 

Con miras a iniciar su primera temporada en el próximo mes de septiembre, la Liga de Balompié se presenta como una alternativa a la Liga MX, organizada por la Federación Mexicana de Futbol (FMF). Su aparición, sin embargo, nos obliga a preguntarnos, ¿qué implicaciones tiene la formación de una segunda liga profesional de futbol? Para los aficionados parece ser una propuesta atractiva que diversifica el espectáculo. Para los empresarios supone el reto de promover y sostener un nuevo modelo de negocio y, en consecuencia, es un desafío al modo en que los altos jerarcas de la FMF administran al balompié como espectáculo deportivo.Es posible que para la mayoría de los aficionados el surgimiento de la Liga de Balompié les resulte sorpresivo, esperanzador y, al mismo tiempo, les genere dudas sobre las posibilidades de su éxito. En ese sentido, no estaría mal echarle un vistazo a la historia y recordar que no es la primera vez que distintas instituciones se disputan la supremacía respecto a la organización de este negocio. Quizá en el pasado encontraremos algunas pistas sobre nuestro presente.

 

Un poco de historia: los cismas en las federaciones.

La Federación Mexicana de Futbol como la conocemos hoy en día consolidó su formación en diciembre de 1948. No obstante, su configuración como el organismo rector del futbol profesional en todo el país requirió de muchos años de intensas disputas. En términos generales podría decirse que durante las primeras décadas del siglo XX cada región vio nacer organizaciones locales que gestionaron la celebración de partidos, el diseño de torneos y la fundación de equipos, como en Veracruz, Guanajuato, Jalisco, Tamaulipas o la ciudad de México. Aun está por hacerse una historia regional del futbol que explique este proceso y sus matices en cada zona. Sin embargo, lo que sabemos del caso de la capital del país permite dar cuenta del tipo de tensiones que había entre quienes organizaban y promovían el balompié. En ese sentido, en la ciudad de México se registraron por lo menos dos cismas.

En 1916 se creó la Liga Mexicana de Aficionados de Football Asociación. Tres años más tarde, el Club España se separó de la Liga y encabezó la formación de una nueva competencia que llevaría por nombre Liga Nacional. A ella se integraron equipos como América y Luz y Fuerza. Para 1922, sin embargo, la Liga Nacional y la Liga Mexicana de Aficionados volvieron a unirse bajo el nombre de Federación Mexicana de Football Asociación.

 

Foto: esto.com.mx

 

El segundo cisma se registró unos años después. Es importante recordar que en el futbol de la época había una tensión muy fuerte entre los defensores de la práctica amateur y los promotores del profesionalismo. En términos oficiales las organizaciones que gestionaron el balompié se presentaban como instituciones sin fines de lucro que actuaban por “amor” al deporte. No obstante, con el transcurrir de los años fue cada vez más evidente que el futbol se convertía en un lucrativo negocio.

En 1930, el futbol oficial de la ciudad contaba con tres grandes recintos: el campo Asturias, el parque España y el Necaxa, este último el más grande y moderno de los tres. Inaugurado en septiembre de ese año, el estadio tenía capacidad para 15 000 personas, contaba con vestidores, departamento de servicios médicos y la mejor cancha de la época. Fueron justamente la disputa por la administración de los campos y las ganancias por las ventas de entradas y publicidad, algunas de las razones que generaron la nueva división en la Federación. Entre diciembre de ese año y enero de 1931, los equipos América, España y Necaxa se separaron de la Federación Mexicana y fundaron la Federación Central. Este organismo contaba con dos de los tres campos más importante e incluyó a equipos “llaneros” surgidos de la Liga Spaulding, una competencia patrocinada por una tienda de artículos deportivos desde una década atrás.

Por su parte, la Federación Mexicana con el equipo Asturias a la cabeza, rebautizó el nombre de su campo como “Alianza” e hizo frente al desafío. Durante el breve tiempo que duró el conflicto, ambas instituciones se esforzaron por sabotear los proyectos de su rival y recurrieron a diversas estrategias para ganar el favor de los aficionados. Por ejemplo, celebraron sus partidos a la misma hora y ofrecieron entradas gratuitas a niños y mujeres, entre otras cosas. Al parecer, el negocio se vio seriamente afectado, razón por la cual la división no duró mucho tiempo. Finalmente, en 1931 se concretó un nuevo acuerdo entre las federaciones que dio como resultado la formación de la Liga Mayor, misma que se declaró abiertamente profesional en 1943 y es un antecedente directo de la actual Federación Mexicana de Futbol.

 

Foto: esto.com.mx

 

La Liga de Balompié Mexicano: la esperanza de un nuevo proyecto

Como todo nuevo proyecto, la Liga de Balompié Mexicano está ataviada con el ropaje de la esperanza. La organización ha señalado que no busca posicionarse como un rival de la Liga MX, sino como una alternativa para aficionados, futbolistas, inversionistas y anunciantes. Su objetivo es llevar futbol profesional a las ciudades que no lo tienen, así como constituirse en una opción para aquellos que por diversas circunstancias no han podido iniciar o continuar una vida como futbolistas profesionales.

Aunque la Liga de Balompié ha evitado la confrontación directa, es evidente que su sola existencia ya supone un desafío para la Liga MX. La nueva organización tiene entre sus filas a varios exfutbolistas de amplia trayectoria que conocen muy bien las dinámicas de la FMF. Como ejemplo emblemático está su presidente, Carlos Salcido. En ese sentido, su modelo de negocio puede entenderse como una crítica al modo en que la FMF ha gestionado el futbol en las últimas décadas. La nueva liga contará con 20 clubes de primera división y permitirá el registro de cinco jugadores extranjeros por equipo, mientras que sólo podrán alinear tres por partido. Pero lo más importante no es su sistema de competencia o la regulación de los extranjeros, sino las reglas para organizar el negocio. Aunque se permitirán los patrocinios individuales, los equipos organizarán un fondo común que se repartirá por partes iguales. Asimismo, una sola marca se encargará de hacer los uniformes y los contratos por derechos de transmisión se gestionarán de modo colectivo. Y no sólo eso, además se ha establecido un margen salarial para los jugadores que irá de los 20 mil a los 140 mil pesos.

 

Nuevo modelo de negicios. Foto: Twitter

 

La nueva liga se presenta como una oportunidad para no reproducir los vicios de la FMF, quien ha recibido fuertes críticas tras polémicas decisiones. Entre ellas, la supresión del ascenso y descenso durante los próximos seis años, así como la compra y venta de franquicias, misma que implican la desaparición de equipos, como el caso de Monarcas Morelia. Para un amplio sector de la prensa especializada y de los aficionados, estas decisiones lastiman la noción más básica de competencia deportiva. Aunado a ello, los escándalos de corrupción han acompañado a la FMF y a sus equipos. Un ejemplo reciente es el de Guillermo Álvarez, Alfredo Álvarez y Víctor Garcés, directivos de Cruz Azul a quienes la Unidad de Inteligencia Financiera del gobierno mexicano les congeló sus cuentas bancarias luego de iniciar investigaciones por supuesto lavado de dinero y delincuencia organizada.

Si bien la FMF no se ha pronunciado en relación con la LBM parece cuestión de tiempo para que emprenda una serie de medidas para sabotear este proyecto. Estas pueden ser desde amenazas a patrocinadores y jugadores para que no se integren a ella, hasta obstaculizar la transmisión de sus torneos y el uso de los estadios. Además, la FMF cuenta con una herramienta poderosa que resultaría difícil superar: el aval de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) y, con ello, la posibilidad de participar en torneos internacionales y de administrar su mercancía más vendida: la selección nacional.

Aunque la ANBM tiene la posibilidad de crear su propia selección nacional y afiliarse a la Confederación de Asociaciones Independientes de Futbol (CONIFA), el atractivo de sus torneos internacionales no es equiparable – ni de lejos – a toda el poder económico y simbólico que tiene, por ejemplo, una Copa Mundial de Futbol organizada por la FIFA. No obstante, la Liga de Balompié tiene varias áreas de oportunidad que puede aprovechar amparado en los principios de credibilidad y honestidad. En primer lugar, su modelo de negocio parece mucho más incluyente, pues pretende garantizar que las ganancias se repartan del modo más equitativo posible y se cultive la transparencia. Además, al organizar torneos largos con sistemas de ascenso y descenso, apela a garantizar que los equipos permanezcan en la máxima categoría por méritos deportivos y no gracias a trampas monetarias, como ha sucedido en la FMF. Esto resulta muy atractivo para los aficionados, aunado a que la LBM llevará futbol profesional a ciudades que no lo tienen o que lo han perdido recientemente.

 

Chapulineros de Oaxaca, presente en la LBM. Foto: xevt.com

 

Finalmente, uno de las vetas que parece que la ANBM también explorará es el futbol femenil. En ese sentido, la FMF tiene una deuda histórica con las futbolistas que la ANBM podría aprovechar. Con su formación, se confirmó la unión con la Liga Mayor Femenil, dando nacimiento a la Liga Mayor Femenil de Balompié Mexicano, que parece que celebrará su primer torneo a partir de 2021. Esta es una oportunidad inmejorable para rivalizar con la Liga MX femenil en términos deportivos y éticos. Aunque no se ha informado nada al respecto, no estaría mal pensar que garantizar la equidad salarial entre las y los futbolistas sería una decisión histórica que posicionaría a la ANBM a la vanguardia de las instituciones futbolísticas en el mundo. Una medida como esta mostraría que la ANBM está realmente comprometida con demostrar que, sin dejar de ser un negocio, otro futbol es posible.

 

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Giovanni Alejandro Pérez Uriarte es licenciado y maestro en historia. Es doctorante en Historia Moderna y Contemporánea en el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. Se especializa en la historia social y cultural del futbol en México y América Latina.

Contacto: giovanniapu@hotmail.com

 

Este texto fue publicado originalmente en: Cultura y Deporte. Agradecemos al autor