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Foto: s.france24.com

Redaccion 01/07/2020   09:06 p. m. Opinion-






Covid y deporte

 

Por: María José Garrido Asperó




 

Hugo López Gatell ha comunicado en varias ocasiones que la enfermedad causada por el virus SARS-CoV-2 provoca altos índices de letalidad entre los mexicanos. Nos ha enseñado que esta medida se calcula dividiendo el número de personas que han fallecido por Covid entre el número de las que se ha confirmado han padecido esa enfermedad y nos ha explicado que este dato “informa sobre la probabilidad, el riesgo, el peligro de morir por Covid” (5 abril). En varias sesiones, él y Jesús Alomía, director general de Epidemiología, han demostrado que las posibilidades de morir por coronavirus aumentan si el paciente padece de manera simultánea otra patología y que el riesgo representa poco más de 42% para los hipertensos, 37% diabéticos, 25% obesos, 9% en los enfermos de tabaquismo y 5% para los que tienen una comorbilidad cardiovascular. (15 junio).  Dado que el mundo carece de una vacuna o tratamiento, las instituciones de salud nacionales han recomendado una serie de acciones preventivas: sana distancia, lavado de manos continuo y prologado –con duración mínima de dos estrofas de Las Mañanitas-, no tocarse la cara -y como en ella se coloca el tapabocas, no usarlo, o sí usarlo, o no usarlo, o sí usarlo- higiene doméstica, sana alimentación y procurar hacer ejercicio físico.  

¿Por qué ejercicio físico? Porque esas actividades fortalecen el sistema inmunológico y contribuyen a reducir los altos índices de prevalencia de las enfermedades no trasmisibles que más daño provocan a los mexicanos, generan un alto costo al erario y potencializan el riesgo de muerte por Covid como hipertensión, diabetes, las cardiovasculares; el sobrepeso y la obesidad que son dos de los principales factores de riesgo que detonan a las anteriores. Además, desde hace mucho tiempo las autoridades e instituciones especializadas internacionales y nacionales como la OMS, la OPS, el UNICEF, la SS, el CONADIC y la CONADE han demostrado que la actividad física y el deporte amateur contribuyen a prevenir y sanar todas esas enfermedades y otras también muy graves como la depresión y la drogadicción que son de las principales que inciden de manera negativa en los años de vida saludable y productiva de la población. Por si fuera poco, se asegura son uno de los recursos más importantes con que se cuenta para favorecer el desarrollo integral y reducir los índices de violencia. Otro de los graves problemas que afectan la vida cotidiana de los mexicanos.

 

Foto: Youtube de Salud Madrid

 

Sin duda alguna, la epidemia de coronavirus obliga a redimensionar la importancia de la educación física y el deporte amateur. Quizá por ello, el presidente Andrés Manuel López Obrador incluyó en el punto VIII del “Decálogo para salir del coronavirus y enfrentar la nueva realidad” que hagamos ejercicio acorde a nuestra edad y condición física. Nos aconseja, como en otro tiempo lo hicieron filósofo de la talla de Locke y Rousseau, entre otros, “Párate. No estés tanto tiempo sentado. Camina, corre, estírate”. Palabras que acompañadas de la fuerza del tono y expresión espero logren su cometido.

Sin embargo, considero que convendría que esos consejos fueran acompañados de políticas públicas que mejoraran las condiciones con que los atletas de alto rendimiento se preparan pues sus triunfos y disciplina además de infundir sentimientos de pertenencia y orgullo, hacen atractivo el deporte en la población común; las condiciones con que se educan y laboran los educadores físicos; se perfeccionara la administración de las instalaciones deportivas con que contamos y se multiplicaran colocando en cada parque aparatos de gimnasio y canchas de diversos deportes, no solo de futbol. En ellas los educadores y entrenadores podrían complementar sus magros ingresos con entrenamientos y los niños, jóvenes y adultos hacerse del espacio público y ocupar su tiempo libre en actividades positivas para su salud física y mental. Podrían también impartirse lecciones de defensa personal, especialmente a mujeres dado que la realidad supera a la imaginación.

A esas políticas, opino, deberían sumarse las investigaciones académicas especializadas en historia de la educación física y los deportes como las que en el Instituto Mora realizo, donde cocoordino un seminario en el que participan investigadores y estudiantes de diversas instituciones académicas de prestigio. Conocimientos nuevos, útiles y realizados con los más estrictos criterios de investigación entre los que para efectos de esta nota rescato tan solo dos: uno con dos libros publicados y un tercero en proceso de edición en los que, entre otros asuntos, analizo los vínculos habidos entre la educación física y la historia de la medicina de rehabilitación, del siglo XVIII al presente y, dos, el más ambicioso, “El Museo del Deporte Mexicano” (Mudeme) en el que con otros colegas miembros del seminario y estudiantes en formación nos dedicamos a reunir, conservar objetos, documentos, investigar y divulgar la historia de la educación física y los deportes en México para exponerla en el contexto de la historia nacional y global. En el que nos proponemos ofrecer al espectador un panorama del proceso por medio del cual las actividades físicas recreativas prehispánicas y coloniales se transformaron en educación física y deporte moderno a lo largo de los siglos XVIII y XIX y, en deporte espectáculo en el XX; resaltar las particularidades nacionales y las transferencias o intercambios mundiales que enmarcaron ese largo proceso y explicar los vínculos causales y explicativos con la historia política, económica, social, científica, tecnológica, artística y cultural de México.

 

María José Garrido Asperó es doctora en Historia y profesora-investigadora del Instituto Mora, Centro Público de Investigación CONACYT, donde coordina el Seminario Historia de la Educación Física y los Deportes en México.