Entre discriminación, sudor y sangre



Yaqui Joe. Foto: Facebook

Redaccion 12/06/2020   06:50 a. m. Deportes-Lucha libre






El origen de la lucha libre en México

Por: Martín Josué Martínez Martínez


En el centro del cuadrilátero José Francisco, mejor conocido como Yaqui Joe, luchador mexicano oriundo de Guaymas, Sonora, logró poner al estadunidense Ted Hawks con la espalda contra la lona. Una vez más utilizó sus piernas musculosas, que como dos enormes tenazas de acero envolvían el torso del oponente, inmovilizándolo. Los intentos de éste por desprenderse fueron inútiles, el castigo le producía gran sufrimiento que se reflejaba en su rostro y en sus gritos. El réferi se apresuró a tocar con la palma de la mano los tres segundos reglamentarios que convirtieron a Hawks en una cifra más de la larga lista de derrotados que acumulaba el Yaqui.




Concluida la función de lucha libre –encuentro deportivo entre dos atletas, en el que se trata de vencer al rival mediante prensas dolorosas–, el oponente abandonó el encordado. El Yaqui se puso de pie, dominó la respiración que se encontraba agitada por el enorme esfuerzo que acababa de realizar, las manos le temblaban por la adrenalina y el sudor le cubría todo el cuerpo. Su sonrisa de satisfacción y amabilidad contrastó con los ojos profundos, con el rostro áspero, cuyas cicatrices y nariz desviada debido a los golpes, atestiguaban una vida de castigos. De repente la sonrisa desapareció; el réferi no tuvo tiempo siquiera de levantar la mano del sonorense en señal de victoria, cuando los asistentes a la arena en Huling, Texas, comenzaron a acercarse de forma violenta al ring con el único objetivo de cobrar con sus propias manos el agravio que había dañado su honor.

 

Yaqui Joe. Foto:  Twitter 


El público encolerizado lanzaba vasos, desprendía sillas, soltaba una retahíla de insultos. Los únicos gritos que daban orden al caos fueron los de “¡Atrápenlo! ¡Atrápenlo!” Los pocos elementos de seguridad del lugar fueron insuficientes para evitar que los furiosos espectadores se subieran al ring. Las injurias contra el luchador siguieron: “¡Un indio no puede vencer al campeón!, ¡Toma tus cosas y lárgate a tu país!”.

De un momento al otro el Yaqui se encontró en medio de una turba iracunda, sus fornidos brazos no pudieron contener a los espectadores excitados que se habían convertido en fieras llenas de violencia. Algunos golpes lastimaron su cabeza y el cuerpo; la patada que le propinó uno de los aficionados dio en el blanco y de su boca comenzó a manar sangre. De las cerca de 4,000 personas que ese día se habían congregado en la arena de Huling, muy pocos eran los mexicanos que, indignados, buscaron defender a su paisano. La competencia deportiva se convirtió en una batalla campal. Cuando todo parecía perdido la luz se apagó, el desconcierto fue aprovechado por el sonorense que se apresuró a abandonar el cuadrilátero a punto de convertirse en una piedra de sacrificio. El luchador salió de la arena solo con su calzoncillo y las botas que eran la vestimenta común usada entonces por los luchadores.

Lo ocurrido en Texas la noche del 1o de septiembre de 1933, fue la gota que derramó el vaso.

No era la primera vez que un luchador mexicano era presa de vejaciones por parte del público estadunidense, cuyo nacionalismo se había visto encendido por la severa crisis económica por la que atravesaba Estados Unidos, así como por la campaña xenofóbica que en el ámbito deportivo fue encabezada por los promotores y comisionados que buscaban consolidar sus intereses económicos generando una atmósfera de intolerancia y corrupción.

Desde las filas del periódico mexicano La Afición se daba cuenta de la grave situación por la que atravesaba el deporte en Estados Unidos debido a los malos manejos de los directivos. En las primeras planas aparecían los nombres de los atletas que habían sido presa de abusos; entre ellos figuraban los boxeadores Chico Cisneros, Manuel Villa, Kid Azteca, así como los luchadores Manny Sánchez, Martínez Larrea y Francisco Charro Aguayo, peleador rudo que decía ser un ex Dorado de Francisco Villa y se caracterizaba por subir a los encordados con un elegante traje de charro. Se trataba de los mejores representantes en su peso y a pesar de haber conseguido sus títulos con sudor y sangre, les habían sido arrebatados, acusados de ganar a través de peleas sucias, violación de las reglas y por lo tanto denigrar su disciplina con actitudes antideportivas.

 

Foto: Twitter

 

La batalla dejó el ring para pasar a la opinión pública. La Afición decidió contraatacar y brindar su apoyo total, se convirtió en la trinchera desde la cual buscaron defender los derechos de los paisanos dedicados al boxeo y a la lucha. Durante los primeros meses de 1933 fueron constantes los encabezados en los que se evidenciaba a promotores así como a gerentes de las arenas por concertar encuentros desiguales, mostrar favoritismo entre manejadores y arreglar las peleas. Las demandas presentadas por manejadores extranjeros ante el Dr. Harry Martin, presidente de las tres comisiones que dirigían el boxeo en Estados Unidos, a las que México estaba afiliado, dejaban ver la crisis interna que venía en detrimento tanto de la calidad de los espectáculos y los encuentros deportivos como de los atletas.

Los esfuerzos del periódico La Afición parecieron no dar frutos pues la situación empeoró en la segunda mitad de 1933. En los meses de agosto y septiembre las acusaciones contra los gladiadores de origen mexicano fueron en aumento y además, comenzaron a ser vetados por las comisiones de box y lucha en diversas arenas de Estados Unidos. El boicot se inició en Phoenix, Arizona; habría de seguirle Albuquerque, Nuevo México, y posteriormente El Paso, Texas, en estados donde tenían gran popularidad dos de los luchadores mexicanos más conocidos: el fornido Yaqui Joe y Francisco Charro Aguayo, quien incluso vería
peligrar su vida arriba de un cuadrilátero, no por estar enfrentando a un musculoso contrincante, sino por un sheriff que lo amenazó con pistola en mano si no abandonaba el lugar.


_________________________

Esta es un extracto del artículo Entre discriminación, sudor y sangre. El origen de la lucha libre en México, publicado en el número xxx de la Revista Bicentenario. para leerlo completo da clic aquí.