#DetrásDe..., por Iván Lópezgallo



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Iván Lópezgallo 20/04/2020   09:26 p. m. Opinion-






Si vemos una película de la época de oro del cine mexicano, con doña Sara García o el inmortal Pedro Infante, podremos notar una entonación diferente a la hora de hablar. Fenómeno que no se da solo en el español, ya que si hacemos el mismo ejercicio con una película norteamericana de los años cuarenta o cincuenta del siglo pasado, también podremos notar un acento distinto.

Con los textos sucede algo parecido: la forma de escribirlos va cambiando a lo largo del tiempo. Así que si tomamos la primera frase de Don Quijote de un libro del siglo XVII, nos encontraremos con algo así:




 

En vn lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que viuia vn hidalgo de los de lança en astillero, adarga antigua, rozin flaco y galgo corredor”.

 

Lo que en un texto actual es presentado de la siguiente manera:

 

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”.

 

Porque el lenguaje evoluciona y palabras como antro, de hacer referencia a un lugar de mala muerte pasó a denominar un espacio en el que los chavos se reúnen a divertirse. Mientras que el uso de los dos puntos también se ha modificado, ya que ahora nos indican que se insertará algo a continuación… pero antes servían para marcar una pausa más pronunciada que la que debería hacerse solo con un punto.

Sí, los idiomas están vivos y por ello cambian a lo largo del tiempo.

No sólo en su entonación, como ya pudimos ver, sino también en su estructura y en la utilización de los signos de puntuación y el significado de las palabras. Además de que van tomando palabras de otros idiomas.

Ejemplos de lo anterior son que los coreanos, como nosotros, dicen taxi al referirse a los autos de alquiler; mientras que en el norte de nuestro país se habla de las trocas –derivado de truck–, más que de las camionetas.

 

***

 

Una expresión bastante popularizada entre nosotros, para molestia de muchos, es el ok como sinónimo de , bien o de acuerdo.

Y aunque casi todos la hemos utilizado, en mayor o menor medida… y hasta pagado multas por decirla en algunos cursos, no todos sabemos de dónde salió originalmente ni qué significa.

 

Foto: culturacolectiva.com

 

Una de las teorías más famosas señala que la o no es o, sino cero, y que la k viene de killed. Asegura que el ok surgió porque, cuando los ejércitos regresaban de la guerra, acostumbraban poner un cartel con el número de muertos. Por ejemplo, 6 killed hacía referencia a que les habían matado a seis hombres… peor como a los norteamericanos les encanta abreviar todo, con el tiempo pasó a escribirse 6 k (si seguimos con el mismo ejemplo).

Y como el que no mataran a nadie (o sea, tener 0 k)  era motivo de mucha alegría, el ok empezó a popularizarse como sinónimo de que las cosas marchaban bien.

 

Foto: labirba.com

 

Otra versión asegura que este término surgió por la costumbre de escribir mal las iniciales de las palabras; así que el ok tiene que ver con oll korrect (all correct, si lo escribimos correctamente… que en español significa todo correcto).

Conozco también una teoría bastante peculiar que menciona que el ok se debe a la contraposición de las siglas KO (knock out o fuera de combate en nuestro idioma). Y es que si estar KO era algo malo… estar okera bueno.

A fin de cuentas, y sea cual fuere su origen, en todos los casos el ok se utilizó –y se sigue usando– para expresar algo positivo… aunque con el tiempo ha pasado a ser sinónimo también de que estamos de acuerdo con lo que nos dicen.

 

Foto: radioalma.eu



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La última y nos vamos: La educación y la investigación son fundamentales para el desarrollo de cualquier país. Por ello hago un llamado al Gobierno Federal y la Secretaría de Hacienda para que se reactiven las becas para estudiantes de licenciatura,  maestría y doctorado que tan sorpresivamente fueron canceladas. Hacerlo no favorece a un grupo privilegiado y, en cambio, es una decisión congruente con el apoyo que el presidente López Obrador ha dado a los jóvenes.



Iván Lópezgallo

Estudió Historia en la UNAM. Licenciado en Administración de Empresas, Licenciado en Periodismo, Maestro en Narrativa y producción Digital y candidato a Doctor en Administración. Premio Nacional de Locución (2010), Premio México de Periodismo (2010 y 2017) y Mención Honorífica en el Certamen Nacional de Periodismo (2009), todos en Reportaje por Televisión. Autor de "El camino de Un guerrero. Vida y legado de Isaías Dueñas" y "1863. Historia novel...Leer más

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