Lecciones pop de masculinidad



Eduardo Celaya 07/05/2019   10:51 a. m. Opinion-






Hace un par de días hice lo que todo consumidor que se respete debe hacer: ver Endgame. Me cité con un amigo, gasté lo que no tengo en la dulcería y elegí buenos asientos hasta la parte superior de la sala, la mejor según mi parecer, dispuesto a echarme tres horas de mi vida viendo golpes, ausencia de sangre y tramas predecibles, pero agradables a la vista. Lo que sigue no es un comentario de la película, que he de decir que no me defraudó, era justo lo que esperaba, pero incluso me dio un poquito más, y de eso es lo que quiero hablar en esta ocasión, de esos pequeños detalles que son parte de la trama, pero que nos dicen mucho sobre la vida contemporánea y cómo la estamos enfrentando. Paréceme también necesario agregar que, si no la han visto, este artículo contiene SPOILERS.

Me parece sumamente interesante que ha habido muchísimo debate sobre la secuencia de las heroínas, escena que ha levantado cierto debate sobre si estuvo bien o mal, sobre si fue adecuado, sutil, demasiado obvio o innecesario. Opiniones hay de todo, porque al parecer, actualmente hablar sobre mujeres es meterse en camisa de once varas. Pero hace un par de días encontré una publicación en Facebook que me ha dejado pensando, hablaba sobre el personaje de Thor y su desarrollo, no solo en esta película, sino a lo largo de todo el MCU. Y es que no es solo Thor, hay un importante discurso sobre la masculinidad a lo largo de toda la película, y específicamente en los tres personajes sobre los que gira la trama, es decir, Iron Man, Capitán América y el mismo Thor, aunque también quiero hablar un poco de otro caso, el de Hawkeye.




Quien haya seguido fielmente el MCU a lo largo de los años se habrá dado cuenta que los personajes principales son los tres que ya mencioné, incluso teniendo cada uno su propia trilogía que encaja a lo largo de la historia general de Marvel, entrelazándose sus desarrollos como personajes, pero aun así dando especial importancia al crecimiento psicológico de cada uno. Personalmente detestaba al capitán Rogers, por parecerme el Mickey Mouse de la casa Marvel, todo moral y recto, sin romper un plato, y enarbolando los valores norteamericanos hasta llegar al absurdo de decir que solo existe un dios, aun cuando pelea hombro a hombro con varios de ellos (pero eso es harina de otro costal). Pero también admito que el desarrollo de Rogers ha sido muy bueno a lo largo de estos diez años, llegando a ver un completo cambio después de la caída de SHIELD y su renuencia a firmar los Tratados de Sokovia. Punto más para Marvel. No puedo decir lo mismo de Iron Man, que siempre me ha parecido un tipo antipático, aunque Thor tiene también un desarrollo curioso e interesante, pero que llega a su clímax precisamente en Endgame.

 

 

Fuente: nosomosnonos.com

 

Es decir, que no estamos viendo personajes unidimensionales, como lo era Rogers en su primera película, solo preocupados por el bien común, negando sus propias emociones. Me encanta particularmente la crisis que Tony Stark tiene, manifestado por ataques de ansiedad, después de la Batalla de Nueva York. Es agradable ver a un personaje tan egocéntrico que de repente no puede soportar ni su propia presencia, y es un pequeño niño quien le ayuda a sobrellevarlo. Otro punto más. Sin embargo, los personajes seguían manteniendo una misma línea, el bien contra el mal, la lucha contra los males del universo ante todo y a pesar de todo. Y vamos, que hasta ahí está bien, estamos viendo una saga de superhéroes, es justo por lo que pagamos en la taquilla.

La cosa se vuelve mucho más interesante cuando en Endgame nos presentan a un Thor completamente destruido, gordo y desaliñado, y que ha renunciado completamente a lo que se consideraba su destino, liderar al pueblo de Asgard, y solo lo vemos comiendo pizza, bebiendo cerveza y peleándose con otros jugadores en una plataforma en línea. Un Thor hundido en la depresión absoluta, en crisis y tocando fondo a cada segundo, un Thor muy alejado a esa primera imagen que tuvimos de él en el desierto de Nuevo México, que enamoró incluso a la mismísima Natalie Portman (o a su personaje, más bien) y que nos hizo esperar con ansias el resto de sus películas. Y en este personaje nos estaban hablando ya de un nuevo paradigma que, a pesar de que ya existe en nuestra vida cotidiana, pocas veces se visibiliza. Lo que más me gustó, sin embargo, es que a pesar que Thor se encuentra con su madre, reflexiona, retoma la batalla, recobra la dignidad y logra pelear contra Thanos, no lo volvemos a ver atlético y guapo, sigue siendo el mismo hombre desaliñado que al final, decide renunciar al trono, por saber que ese no era su papel después de todo, y lo cede a una persona mucho más digna, mujer además, para guiar a su pueblo. No estamos hablando de que el ser gordo y bebedor de cerveza sea indigno, pues el Mjolnir demostró que no es así, más bien estamos hablando de un hombre que acepta que puede no cargar con toda la responsabilidad de un pueblo, y que más bien tiene la opción de cargar con la responsabilidad de su propia vida. Y, además, puede seguir bebiendo cerveza. Hermoso.

 

 

Fuente: expreso.press

 

Sigamos con otro caso contrario, el de Hawkeye, que personalmente me pareció una de las escenas más largas e innecesarias de la película, cuando hace una masacre en Tokio. Sí, sabemos que se ha vuelto un vigilante vengativo lleno de odio por haber perdido a su familia, no es necesario verlo masacrar a tanta gente… lo entendemos. Pero en este caso, nos están hablando de un padre, proveedor que decidió renunciar a la lucha por su familia, y que más adelante la pierde. En su desesperación, busca sangre, venganza ante todo, pues considera injusto que su familia haya muerto, y no los grandes criminales de la mafia internacional. Y en eso nos quedamos con Hawkeye, no hay mayor desarrollo que un hombre desesperado y vengativo que recurre a la violencia y a un fantástico cambio de look (que para eso si tuvo tiempo). Vaya, que este si es un personaje unidimensional.

Pero regresemos a lo bueno, que, además, en contraste, luce mucho mejor. El caso de Iron Man es peculiar también. Repito que nunca he sido fan de este personaje, por muchas cosas, entre ellas que representa al genio que apuesta todo al capitalismo militarista y expansionista estadounidense, o su eterno rencor por su padre, al que siempre considera distante. Pero hay un gran acierto en la figura de la hija de Stark, lo que hace despertar su instinto familiar y nos hace más creíble su amor por Pepper. Stark encontró refugio en su nueva familia después de perder a su protegido, Peter Parker. Forma constructiva de superar la pérdida, indudablemente, y lo volvemos a ver un poco egoísta cuando se niega a experimentar la opción que Ant Man propone, pero bueno, sigue siendo Tony Stark. Más allá de esto, sigue siendo el mismo, egocéntrico, creído, egoísta, hasta que tiene un encuentro con su padre, y lo reconoce frágil, temeroso, asustado ante la llegada de su propio nacimiento. Entonces Stark comprende que su padre no es esa figura monolítica que la propaganda le ha hecho creer, y, sobre todo, entiende que su padre, como cualquier ser humano tiene derecho a equivocarse, y Howard Stark lo hizo mucho, aunque siempre con la mejor intención. Solo entendiendo esto podemos comprender su gran sacrificio al final de la batalla con Thanos, por eso no dudó en chasquear los dedos, aun después de ver lo que las joyas son capaces de hacer. Porque es eso, ante todo, un sacrificio. Curioso que alguien tan egoísta como Iron Man fuera el responsable de cargar con ese sacrificio, dar su propia vida por la de todos los demás.

 

Fuente: merca20.com

 

Pasemos al último caso, el de Steve Rogers, o Capitán América. Como ya mencioné, me parece el caso más acertado de desarrollo de un personaje, pasando de un moralino unidimensional, a un completo rebelde que, a pesar de que sigue enarbolando la moral y el bien como valores supremos, no duda en separarse de la autoridad para hacer lo que cree correcto, e incluso su misma imagen nos lo demuestra, con un traje oscuro y una barba desaliñada en Infinity War. Su desarrollo en Endgame se inclina más hacia su evolución emocional, dirigiendo un grupo de autoayuda de sobrevivientes, siendo él mismo quien más necesita el apoyo. Es el único que cree que es posible una verdadera solución, y carga con la responsabilidad de unir de nuevo al equipo, con tal de lograr un cambio, a pesar de que se ha hecho a la idea, de cierta manera, que no hay más remedio. Y no es cosa menor, es el responsable de despertar de nuevo las energías de sus compañeros, negando incluso su propio dolor con tal de secar las lágrimas de tantos otros personajes. Posteriormente lo vemos crecer poco a poco, casi imperceptiblemente, pues su desarrollo es casi ya pleno, hasta que lo vemos tomar el Mjolnir ante la expresión de felicidad de Thor. No me pareció un movimiento exagerado, si alguien merecía ese honor era él, Rogers, pues nadie más que él ha sacrificado todo, incluso su propia existencia en un plano temporal, por el bien del universo. Buena jugada. Pero lo mejor que pudo haberle pasado a este personaje fue su despedida, el renunciar a regresar a su tiempo (o no) después de regresar las Piedras del Infinito, y dedicarse a la única tarea a la que no puso atención en toda su vida: el mismo. Y me encanta que se haya retomado, aunque brevemente, el personaje de Peggy Carter (uno de mis favoritos, si he de decirlo) como compañera de vida de Rogers. Supongo que más de uno guardará rencor a Rogers por tomar esa decisión y abandonar al equipo, pero si alguien merecía un descanso, después de tanto trabajo, es precisamente él, y que hermoso detalle permitirle retomar su vida justo donde la perdió, en su propia década y con el amor de su vida.

 

 


Fuente: spotern.com

 

Pues bien, dicho todo esto, pasemos a la reflexión final. El desarrollo de estos tres personajes me parece que ha sido bastante acertado. Nos habla de una masculinidad que se permite sentir emociones, y que no debe ser guiada solamente por la responsabilidad y la obligación, o el destino, podríamos decir. La renuncia del trono de Thor, el sacrificio de Stark, la segunda oportunidad de Rogers nos hablan de un nuevo modelo de masculinidad que, si bien acepta sus responsabilidades, también se da tiempo para cuidar de sí mismo. Y creo que ninguno de nosotros podemos reprocharles estas decisiones a los tres personajes, pues nos queda claro que han hecho hasta lo imposible por tratar de cumplir lo que los demás esperaban de ellos, incluso más. Pero he ahí la cuestión, y la reflexión con la que quiero cerrar este texto. ¿Hasta qué grado sigue siendo válido entregarse plenamente por un objetivo, aun frente al peligro de perdernos a nosotros mismos? A fin de cuentas, no todos tendremos la oportunidad de regresar a ese punto en el que renunciamos a nuestra vida, para volver a empezar.



Eduardo Celaya

Actor y director teatral, dramaturgo, comunicólogo e historiador. Fundó el grupo de teatro independiente Un Perro Azul. Ha escrito varias piezas teatrales cortas, cuentos y ensayos históricos.

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