El caso Ayotzinapa marcó a Pierre Ducrozet



Pierre Ducrozet. Foto: limagris.com

Redaccion 30/11/2021   11:35 a. m. Entretenimiento-A dónde ir






La violencia existe desde que hay cuerpos y ocurre en muchos niveles diferentes: “del Estado, de Internet, del Ejército, de la sociedad. Todos estamos viviendo dominaciones varias”, sostiene el escritor francés Pierre Ducrozet, quien hablará este martes de su novela más reciente, La invención de los cuerpos, en la edición 35 de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara.

En entrevista con La Jornada desde Nueva York, el narrador menciona que le gusta describir los cuerpos, “porque ahí se pueden ver todas esas dominaciones, esos fallos, esos intentos de libertad y de no libertad. Es lo que dice Foucault: la dominación siempre se ejerce sobre los cuerpos”.




En el título del libro, editado por el sello mexicano Canta Mares, unifica a los personajes, agrega Ducrozet (Lyon, 1982), que “todos intentan inventar o reinventar su cuerpo a diferentes niveles. Todas estas visiones que entrechocan hacen el libro.

 

“Parker intenta un cuerpo sin cuerpo, perfecto o inmortal; Álvaro, en la otra punta de la vida, quiere reinventar su cuerpo desde la muerte; Adèle tiene una visión más científica, sobre lo que secreta el cuerpo y cómo funciona, y Lin, la perspectiva del biohacker del cuerpo como una pasta que podemos modelar e inventar en el nivel sexual e identitario.”

El autor refiere que construyó a los personajes a partir de sus territorios y búsquedas. “Los hago cruzarse con Werner, que es importante, que atraviesa todo el siglo XX. Voy tejiendo o dibujando todos esos recorridos, y cuando ya están marcadas sus relaciones con el mundo y las posibilidades, pues ya los lanzo a la narración”.

La novela se inicia con un personaje que escapa a la desaparición de estudiantes normalistas ocurrida el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, y luego describe los campos de concentración nazis en la Segunda Guerra Mundial.

Ducrozet recuerda que empezaba a trabajar la novela en Berlín cuando ocurrió el conocido secuestro en 2014, y supo que iba a empezar aquí. “Sería el principio del recorrido de Álvaro, que desde ahí ya no podría dejar de correr, porque estaba basada en la doble experiencia del cuerpo: las violencias política y tecnológica”.

Sostiene que la violencia no se puede explicar y por eso nos fascina el porqué de que haya tanta. Otro país que me interesa mucho, la India, también tiene una violencia muy fuerte, pero que se expresa de manera distinta a la de México. Cada país tiene su violencia. Francia la suya, muy potente; hay mucho racismo, mucha exclusión social”.

 

El novelista afirma que está por escribir una novela propia del siglo XXI, que “abrace la red de nuestras vidas, la actual realidad difractada y explotada; como una manera de entender esa complejidad y abrazarla. No puede ser una novela lineal, sino con varios puntos, géneros, territorios, países, tipos de literatura y de lenguajes. Todo eso junto. Un poco a la imagen del mundo donde nace.

“La novela es, por esencia, muy plástica. Se puede hacer lo que quieras con ella, esa es su fuerza. Por eso ha ganado un poco en el combate literario desde El Quijote. Es una pena que a veces no se usen todas estas virtudes que tiene, esa libertad que ha conquistado. En esta novela hay una parte de documento, otra científica, política, de ficción, de poesía y de periodismo. Pasar todos esos niveles de lengua y de narración es apasionante.

Concluye que ve que esta clase de narración está sustituyendo a la antigua novela, desde Roberto Bolaño: “los relatos más íntimos son muy interesantes, pero no corresponden a todo lo que estamos viviendo”.

Pierre Ducrozet presentará La invención de los cuerpos, traducida por Melina Balcázar, en la FIL de Guadalajara este martes a las 20 horas. Un día después participará en dos actividades en ese encuentro: a las 10 y a las 19 horas. El 4 de diciembre, a las 19 horas, comentará el título en la Librería Rosario Castellanos de la Ciudad de México.

Con información del corresponsal Juan Carlos G. Partida.

 

Reyes Martínez Torrijos | La Jornada