Nuestro mundo representado, por Eduardo Celaya Díaz



Fuente: 24-horas.mx

Eduardo Celaya 29/11/2021   04:42 p. m. Opinion-






Por la educación del ciudadano

 

El año pasado, unos pocos meses antes de que comenzara la crisis del COVID-19, y la subsecuente cuarentena, recibí una llamada a mi celular mientras estaba entregando documentos para cerrar cuatrimestre en cierta universidad. La llamada me hizo brincar el corazón, pues era ni más ni menos que el director de la escuela de Historia en una respetable universidad. Básicamente me pedían cubrir un grupo, es decir, por fin alcanzar una meta por la que había estado trabajando más o menos tres años. De inmediato acepté la oferta y me puse a planear la materia que tenía que ver con la docencia en Historia, un tema que me apasiona.




Cuando llegué a dar mis primeras clases, dicho director me pidió que considerara la libertad de cátedra en mi grupo, es decir, podía manejar el programa y la ideología de la misma según considerara pertinente, y a partir de ello seguí construyendo mi curso para que aprovechara a los 5 alumnos que tenía que, por cierto, estaban sumamente interesados en la clase. La experiencia fue maravillosa. Tenía frente a mí a cinco estudiantes a punto de egresar, con ganas de trabajar y saber más, que cada clase me exigían y me ponían a prueba, y puedo decir que el resultado fue muy bueno. Incluso, en la evaluación docente, obtuve una calificación arriba de la media, lo que me hizo saber que estaba haciendo un buen trabajo.

La alegría, claro, duraría poco. Se me informó que era imposible que me asignaran grupo el siguiente semestre, y que de hecho, no me podían volver a contratar para nada en la universidad. El mundo se me vino encima, pues como comenté, llegar a esa institución había sido mi meta de los últimos años, y una vez habiéndolo logrado me cerraron las puertas. La razón la conozco bien, pero de tan mezquina y patética que me parece, no la referiré aquí. Solo concluiré la anécdota con una sentencia: lo último que importaba en esa escuela era la formación profesional de los alumnos, pesaba más lo ideológico.

 

La educación ayuda a la formación de campos referenciales desde los cuales interpretar el mundo.
Fuente: onaliat.mx

 

Este relato viene a mi mente al conocer los hechos que recientemente están ocurriendo en el ámbito académico del país. Siendo que contamos con innumerables centros de investigación y universidades, capaces de producir gente crítica, informada y verdaderamente comprometida con su papel de ciudadano, estamos viviendo una irrefrenable crisis, no de educación, sino ideológica. Si bien la educación tiene un objetivo claro, la formación de ciudadanos, es en el mismo concepto de ciudadanía en donde debemos detenernos. Por ciudadanía entiendo a este individuo, miembro de un Estado independiente, que forma parte de las decisiones políticas del país, y que se adhiere al Contrato Social propuesto por Rousseau en que está basado el régimen democrático liberal que hoy en día impera en gran parte del planeta. Un ciudadano, por tanto, es una persona preparada, reflexiva y racional que vela por el bien común, por una sociedad que avanza y progresa, no a pesar de otros, sino incluyéndolos. La educación, por tanto, debe formar ciudadanos de esta categoría.

Pero también debemos considerar la otra función que tiene la educación, especialmente en la creación de cultura. De acuerdo con Marx, la educación forma parte de la superestructura de la sociedad. Dentro de esta superestructura entran todos los elementos que forman nuestro modo de ver el mundo, es decir: ideas, valores, metas, religión, ideología, conceptos… Esta superestructura es uno de los elementos que soportan la estructura, es decir, el sistema económico. En pocas palabras, dice Marx que la educación, la religión, los valores y las ideas justifican y legitiman el sistema económico capitalista (al menos en la Modernidad), y como tal, cumplen una función fundamental, al establecer los campos ideológicos desde los que interpretamos la realidad. La educación, por lo tanto, no es absoluta ni universal, y difícilmente en la práctica busca la verdad por la verdad misma. Este ciudadano que la educación moderna occidental no es uno que analiza y critica la realidad que experimenta, es un ciudadano que participa (en menor grado) en la vida política, y se decanta más por la producción y la acumulación de capital como valores supremos de la vida material.

 

La cultura moderna se fundamenta en la forma en que conocemos lo que nos rodea.
Fuente: muyeducativo.com

 

Esto es evidente en los diferentes perfiles de los alumnos de diversos centros educativos. En mi experiencia como alumno y como docente he estado en escuelas que favorecen la formación de empresarios, en otros casos impulsan el pensamiento crítico, y en otras producen empleados. No es correcta o incorrecta ni una ni otra tendencia, ya que un país en desarrollo como el nuestro requiere de empresas, críticos y personal laboral; el problema está en que un alumno promedio, al entrar a una universidad, aprende que aquello que se le muestra y enseña es la totalidad del mundo, siendo que es apenas una pequeñísima fracción de lo que hay por conocer, y su panorama se ve reducido por la línea ideológica de la universidad.

El ataque frontal que hoy vive el CIDE, que alguna vez enfrentaron todos los centros de investigación Conacyt por allá del 2019, y que seguramente volverán a sufrir, no solo estas instituciones, sino otras como el Colmex, la UNAM o la UAM es verdaderamente alarmante. Estamos viendo cómo una ideología sesgada y profundamente dogmática pretende adueñarse de las instituciones encargadas de la formación del futuro ciudadano, sin dar paso a la reflexión crítica o a la comparación de ideologías. Parece ser, aunque no me consta, que se busca crear un nuevo tipo de ciudadano, uno que no conozca más allá de lo que se le quiere enseñar, y que el pensamiento crítico y abierto, objetivo último de lo que es realmente una universidad se deja de lado, para pasar al adoctrinamiento.

Espero, y realmente lo hago, que esta crisis que ya estamos viviendo en la educación y formación de profesionales tenga una conclusión favorable, no para un régimen político o una ideología, sino para la educación, la ciudadanía y los estudiantes. Ojalá el espíritu universitario tenga la fuerza necesaria para resistir a este ataque frontal al pluralismo y que, en los próximos meses, hablemos de la independencia del pensamiento, y no de un secuestro del mismo.



Eduardo Celaya

Comunicólogo e historiador que ha incursionado también en el mundo del teatro y la dramaturgia. Interesado por las construcciones de signos y las representaciones de la realidad en la vida cotidiana. Fundó el grupo de teatro independiente Un Perro Azul. Ha escrito varias piezas teatrales cortas, cuentos y ensayos de análisis e históricos.

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