En mi humilde opinión, por Eduardo Celaya Díaz



Fuente: co.marca.com

Eduardo Celaya 06/03/2021   10:29 a. m. Opinion-






¿Qué tanto nos deben a los fans?

 

Hace años, la serie de Los Simpson experimentó una crisis de audiencia. Allá por la temporada 8, por lo que se cuenta, los ejecutivos de Fox solicitaron a los productores de la serie incluir un nuevo personaje. Esto provocó, como era costumbre en esta serie, un capítulo de sátira en el que se burlaban de la industria de la televisión. En el capítulo El espectáculo de Tommy, Daly y Poochie (02x14), la audiencia de la caricatura que los niños de Springfield ven, sufre una catastrófica caída, y se decide incluir al perro Poochie al elenco, que resulta en un soporífero episodio de la serie, que todos los fans desprecian. Obviamente la familia Simpson se involucra en el proyecto, Homero hace el doblaje del perro, tratando de defender su obra de arte (como él la llama). En una de las mejores escenas del capítulo, Bart platica con el vendedor de la tienda de historietas, un obeso treintañero, acercándose a los 40, que se dedica a navegar por la red, vender tarjetas coleccionables de béisbol e insultar a cuanta persona se cruce en su camino. Este extraño personaje le dice a Bart que el capítulo en que apareció Poochie es el peor de la serie, a lo que Bart contesta, palabras más, palabras menos, que no tiene derecho a criticar la serie, pues le han dado entretenimiento por años. “Soy fiel a la serie”, contesta el vendedor de historietas, y con eso cierra su argumento.




No puedo decir que Poochie era un buen personaje. En realidad, es vomitivo, una clara queja de la petición de los ejecutivos de Fox. Incluso, en la misma familia Simpson aparece un nuevo personaje, del cual no se da explicación alguna; solo aparece, dice un par de frasecillas esperadas en un adolescente “en onda”, y desaparece de nuevo al final del episodio. No vuelve a aparecer en toda la serie. Sobre este capítulo podemos hablar mucho, por ejemplo, la curiosa profecía que podemos encontrar sobre el futuro mismo de la serie Los Simpson, pero viene a colación porque la actitud del vendedor de historietas es cada vez más común entre las comunidades de fans, o fandoms, como se les llama en la comunidad virtual.

 


El perro Poochie en su capítulo de presentación.
Fuente: fayerwayer.com

 

En años recientes, la voz del público se ha hecho escuchar cada vez más fuerte gracias a la plataforma de las redes sociales. En ocasiones esta voz es apreciada, como cuando se presentó el diseño de Sonic para su película, y fue ajustado, retrasando su estreno, pero mejorando la recepción. En otras ocasiones, las más ruidosas, son quejas y quejas de un grupo de fans que para nada son los representativos de la comunidad consumidora de cultura pop, pero que hacen tal escándalo, que terminan por ensuciar a los demás seguidores de un producto cultural. Por citar un ejemplo, que no sé, me viene a la mente, podemos hablar del fin de temporada de la serie de Marvel y Disney, WandaVision.

Sí, me subí al tren de Marvel hace unos años, porque vamos, es una saga, y si usted, querido lector, me conoce ya, sabrá que tengo una bonita obsesión por la narrativa, y más cuando se desarrolla en diferentes plataformas y temporalidades. Vi todas las películas, series y cortometrajes de las tres primeras fases del universo cinematográfico de Marvel, y lo hice en el orden narrativo apropiado, para más placer (referencia Simpson). No creo ni por asomo que sea la mejor saga cinematográfica, pero tampoco es mala. Eso sí, los chistes Marvel son malos como la carne de puerco… excepto las tonteras que dice Thor, ese personaje me parece exquisitamente absorto en su propia realidad, por lo que sus chistes suenan hasta inocentes. En fin, a lo que voy es que Marvel, queramos o no, es revolucionario por su universo cinematográfico, pues crearon algo que otros habían intentado, con menor o mayor éxito, pero dándole un giro que nadie esperaba, la narrativa transmedia. Si uno quiere entender del todo esta saga, hay que consumir todos sus productos, pues hay referencias y entrecruces con personajes, historias, conceptos y giros dramáticos que solo se disfrutan al ver todos sus productos.

Nótese que usé la frase “es revolucionario”, en tiempo presente. Hace algunas semanas se estrenó en la plataforma Disney+ la serie WandaVision, con lo que se da comienzo a la fase 4 del universo cinematográfico de Marvel. Vision, un robot creado por Tony Stark por allá en los días de la era del Ultron, es uno de tantos personajes que no soporto. Moralino, buenín, todo lo hace es correcto, todo lo sabe… es como un Mickey Mouse pero con superpoderes… como Superman. Sin embargo, Wanda es un buen personaje. Adquiere poderes por experimentos de ’los malos’, pierde a sus padres cuando es apenas una niña en una guerra civil; a su hermano, en la batalla de Sokovia; y a su enamorado, Vision (sí, se arrejunta con un robot), en la guerra del Infinito. La serie es una interesante exploración de la evasión de la realidad para escapar de la depresión y la ansiedad; y si uno tiene superpoderes, pues es posible crear un pueblo a placer, y recrear la propia vida como un sitcom norteamericano de los 60. Es una idea refrescante, ajena a las ya clásicas películas de Marvel en que nace un superhéroe, surge un villano, se descubre una conspiración, y después tenemos que fumarnos secuencias de batallas sumamente irreales, sin una gota de sangre, para terminar con el bien triunfando contra el mal. No es mala fórmula, pero si se quiere estar vigente después de más de 10 años, hay que cambiar ciertas cosas.

 

Escena de la serie de Marvel, WandaVision.
Fuente: eltiempo.com

 

El asunto es que las redes explotaron a lo largo de este viernes en que se estrenó el capítulo final de la serie. Primero, la furia estalló porque la serie tendría solo una temporada, y continuó porque a lo largo de la semana, varios youtubers estuvieron haciendo teorías de hacia dónde iría el capítulo final, cómo deberían terminar los personajes y qué se esperaba de la entrega de Marvel. ¿Por dónde empezar? Estos personajes que se dedican a hacer teorías basados en sus expectativas, en haber leído el cómic, o simplemente en lo que creen que debería hacer una empresa multimillonaria, experta en entretenimiento, llevan sus mensajes a millones de espectadores que los consumen en internet. No tiene nada de malo hacer teorías, o expresar lo que nos gustaría ver; el problema es cuando estas empresas que, ojo… son empresas (que buscan generar ingresos) no entregan justo lo que los fans esperan, las redes estallan en furia y desprecio.

¿De dónde surge este autoproclamado poder de los fans por determinar qué nos deben dar los expertos en entretenimiento? ¿En qué momento dejamos de ser ese Bart que, probablemente no disfrutó el capítulo de Poochie; y nos convertimos en el vendedor de la tienda de historietas? Las series, películas, videojuegos, discos, y demás productos culturales que consumimos son parte del mercado. A fin de cuentas, la oferta es vastísima, y los públicos muy, pero que muy diversos. Incluso, los mismos productos van adaptándose a las nuevas audiencias. Probablemente, y es solo una suposición, las películas live action de Disney no fueron creadas para la generación que vio las mismas historias en caricatura. Tal vez, quién sabe, las remasterizaciones de The Legend of Zelda no están enfocadas a las personas que disfrutamos los juegos originales… sino para los nuevos públicos. Probablemente, las adaptaciones cinematográficas de Marvel no están diseñadas para los lectores de comics… sino para captar nuevo público.

Con todo esto no quiero decir que dejemos de ser un público activo, y aceptemos todo lo que nos den, sin opinar absolutamente nada. Lo que quiero expresar, querido lector, es que dejemos de hacer expectativas sobre lo que deberían de ser las cosas (y no hablo solo del entretenimiento) y estemos abiertos a lo que los creadores de las historias quieren contar. A fin de cuentas, las historias son suyas, los personajes, anécdotas, tramas y demás elementos que forman las narrativas surgieron de la mente de alguien que quería decir algo, y como público podemos disfrutar, consumir y apreciar estas historias… o no. Una cosa muy diferente es formar un colectivo que se dedica a quejarse de todo lo nuevo que se crea, simplemente porque no cumplieron nuestras expectativas. Público activo y crítico sí, grupo criticón por ser criticón… aporta poco a la discusión.

A modo de cierre. Hace un par de años presenté mi obra de teatro Silencio, las aves pasan volando en un festival de teatro en la Ciudad de México. Al final de la función, se realizaba una discusión de los jueces con el director de la obra, en este caso yo. La plática se resumió a decirme que mi obra iba muy bien, pero el final para nada fue lo que ellos querían que pasara. La obra no pasó a la segunda fase. Si hago esta defensa de los productos culturales, es porque he estado del lado del creador.


Recomendación de la semana: Tómese un vinito, una cerveza o un mezcal, lo que usted deseé, y vea su película favorita, su libro preferido o el disco que le traiga mejores recuerdos. Siéntese y disfrute la experiencia.



Eduardo Celaya

Comunicólogo e historiador que ha incursionado también en el mundo del teatro y la dramaturgia. Interesado por las construcciones de signos y las representaciones de la realidad en la vida cotidiana. Fundó el grupo de teatro independiente Un Perro Azul. Ha escrito varias piezas teatrales cortas, cuentos y ensayos de análisis e históricos.

Publicaciones recomendadas