#DesdeLaAcademia



Verónica Zárate Toscano 26/01/2021   09:00 p. m. Opinion-






Lo que callamos los académicos


“Mi madre y yo” no “lo plantamos”, no está “en el límite del patio” sino en la acera de enfrente, “donde termina” la banqueta. No sé quién “lo trajo”, ni cuantos años lleva ahí, seguro era “apenas una rama” cuando lo sembraron -tal vez- en 1927 cuando convirtieron el antiguo Jockey Club o hipódromo en un parque. Pero “al llegar la primavera” -a veces un poco antes- florece para engalanar el parque: es una jacaranda que “brotó” y da hermosas flores que tiñen de lila la región. “Con el correr de los años”, ha llegado a tener dimensiones considerables. Y uno de los vecinos del edificio le tiene especial cariño pues, cuando sale, lo toca con la palma de su mano. “Tenemos recuerdos” el “árbol y yo”, y me ha dicho que tiene “nidos”, (ah, no, ese está en los cables y está ocupado ahorita)… “Aquel que brotó y el tiempo pasó, mitad de mi vida con él se quedó, hoy bajo su sombra que tanto creció”, hasta que, precisamente por haber crecido tanto, se ¡desgajó!! Si, justo hoy, que tenía que dar mi primera clase en el doctorado del Mora, conectada ante el bluejeans con 17 alumnos que esperaban que los impactara tanto que decidieran inscribirse al “Seminario de tesis II”, empecé a oír ruidos inusuales. Y es que, claro, la maestra tiene que mantener abierto el micrófono mientras ellos están obligados a cerrarlo y les advertí que era usual que escucharan el paso de ambulancias… pero esa sirena disminuía velocidad y aumentaba volumen, hasta que un carro de bomberos se estacionó a la puerta de mi edificio. ¡¡Tremendo susto!! Tuve que cerrar la cámara de la computadora y decirles a los alumnos que me disculparan pues tenía que ver ¡¡por qué los bomberos estaban aquí!! Nomás eso me faltaba, que hubiera ¡un incendio! Le dije a Eduardo que algo pasaba y salimos juntos al balcón. Solo entonces vi que el portero me había mandado un mensaje diciendo que cerrara el balcón pues iban a quitar una rama de un árbol. Pero mientras se da clase, no se puede estar viendo el wasap… ni contestando el teléfono. En efecto, una gruesa rama de la jacaranda que está justo frente a nosotros se desgajó y fue a dar al balcón del tercer piso y había que quitarla. Ese querido árbol, que bien podría ser el que describe Alberto Cortés en las frases de la canción con que comencé -Mi Árbol y yo-, ya había dado muestras de cariño y acercamiento al edificio y quería entrometerse en los departamentos, por lo que los inquilinos habían tomado las medidas posibles: usarlo como parte del adorno y colgar de sus ramas una piñata, o llamar al departamento de Parques y Jardines para que le cortaran las ramas. Pero como tienen instrucciones precisas, solo cortan la rama “reportada” por más que una vez les insistí que de una vez cortaran la de junto porque el día que se cayera, tronaría los cables. Pero hicieron caso omiso. Y hoy sucedió. Una vez descubierta la causa de la visita de bomberos, me tuve que regresar a dar mi clase con un ojo al gato y otro al garabato, mientras Eduardo seguía el evento con detalle y apoyaba en lo que pudiera. Por supuesto que le pedí que sacara las fotos para el reportaje, que también se enriqueció con unas pocas mías y otras de Caro, quien paseaba con su hijo Jonás y las ha compartido. Y sí, terminé de dar mi clase y solo espero que en la evaluación que hacen los alumnos, no digan que no se inscribieron porque su profesora “se distrae con facilidad”…



Verónica Zárate Toscano

Doctora en Historia por El Colegio de México. Nivel II del Sistema Nacional de Investigadores. Desde sus primeras investigaciones ha abordado el estudio de la prensa en el periodo de la Independencia, tanto en México como en España. De igual manera se ha interesado por la historia de las mentalidades y de la vida cotidiana. Profesora–investigadora del Instituto Mora.

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