En mi humilde opinión, por Eduardo Celaya Díaz



Fuente: andystalman.com

Eduardo Celaya 28/12/2020   12:28 p. m. Opinion-






Falacias populares

 

Vox populi, vox Dei, reza la máxima liberal que determina que la voz del pueblo es la base y fuente de la soberanía, al menos en la democracia clásica. Este modo de orden social, que surge de una forma de ver e imaginar el mundo es muy reciente, estrechamente unida al capitalismo, y es tomada como ley absoluta e incluso natural en nuestros días. La democracia, el ejercicio del voto popular que elige a sus gobernantes es considerada como la mejor forma de gobierno, por encima de las tiranías, las monarquías absolutistas o constitucionales, u otros sistemas de gobierno. No es este el lugar para argumentar si esto es cierto o no, lo que quiero destacar es que este modo de pensar no es propio solo de la política contemporánea, sino que permea todos los aspectos de nuestras vidas. Como ya dije antes, parte de nuestra idea del mundo contemporáneo. Por cierto, las ideas del mundo son extremadamente cambiantes.




Si bien en la vida política en países como México y toda Latinoamérica solo consiste en levantarse temprano el día de las elecciones y votar (contrario a lo que es la verdadera dimensión política del ciudadano), la voz del pueblo se hace escuchar en otros espacios y plataformas. Charlas de café, discusiones con amigos y familiares, incluso en la forma de vestir, opinar y pensar son solo algunos de estos espacios, los conocidos desde siempre como redes sociales. Estas redes establecidas entre diferentes personas que comparten modos de vivir se han construido desde que el hombre es hombre, es decir, desde que vivimos en sociedad, y son la base de la comunidad, la cultura, el concepto de familia, los modos de producción o la sexualidad. Formamos grupos de menor o mayor tamaño, de acuerdo a nuestras ideas y formas de representar la realidad. Siguiendo las palabras de Iuri Lotman, destacado semiólogo de Europa de este, formamos parte de semiosferas, es decir, pequeñas esferas culturales que comparten signos y códigos, dando sentido a la realidad que vivimos en un mismo lenguaje. Estas semiosferas tienen la peculiaridad de tener fronteras permeables, o sea, que los códigos y signos de otras semiosferas pueden entrar a la nuestra, compartiendo significados, en un proceso conocido como traducción.

La interacción entre semiosferas permite que las diversas comunidades puedan establecer comunicación entre ellas, traspasando sus fronteras. Es así como un afgano puede compartir ideas con un noruego; como un ingeniero civil se puede poner de acuerdo con un lingüista… si bien no todo el universo sígnico es compartido, sí lo son algunos de estos signos y códigos, permitiendo el intercambio cultural. Pero ¿qué pasaría si dichas fronteras se cerraran por completo, dejándonos completamente aislados en nuestra comunidad, teniendo contacto solo con aquellos que piensan igual que nosotros, desechando toda idea que sea completamente diferente a la nuestra, tomándola por falacia y mentira manipuladora que quiere controlarnos? Esta situación es lo que las “nuevas” redes sociales han estado provocando en los últimos años, en el contexto de la cultura digital.

 

Fuente: elsancarlistau.com
Fuente: elsancarlistau.com

 

¿A qué viene esta reflexión? Bueno, pues en meses pasados el mundo se ha encontrado dividido en dos grandes bandos: los que creen que el COVID y todo lo que gira alrededor de esta crisis humanitaria mundial es una construcción de las grandes élites; y aquellos que consideran que se trata de un problema sanitario real. Los debates sobre la existencia o no de esta pandemia han ocupado espacios de discusión pública tan populares como Facebook, Twitter o Youtube, con discursos por ambos lados. El bando que acepta la existencia de la crisis se basa en la ciencia y los discursos por el cuidado de la sociedad y la salud; por el otro lado, el lado que denuncia que todo es una invención se apoya en lo que ellos llaman “estar despierto”, es decir, negar completamente todo lo que diga la ciencia, la OMS, la televisión o los gobiernos, pues según ellos, se trata de un plan mundial para dominar al ser humano por medio del miedo y el control de los cuerpos. Que existan bandos ante cualquier fenómeno social no es nada raro, la novedad es que la globalidad de la cultura digital ha permitido que aquellos que piensan igual se reúnan en una comunidad cerrada, con fronteras impermeables, y alimenten sus argumentos con ideas que solo refuerzas su saber completo de la realidad, frente a la falsedad descarada del otro bando. En pocas palabras, la vida social se ha convertido en un inmenso melodrama: los buenos contra los malos.

Las implicaciones de este modo de vivir son evidentes en el día a día, pues mientras un sector de la sociedad ha decidido mantener la cuarentena para evitar el esparcimiento del virus, otro sector de la población se burla de estas disposiciones y decide hacer lo que mejor le venga en gana. Mientras una parte de la población aguarda con ansias la vacuna contra el virus, otro sector propone evitar a toda costa no solo ésta, sino cualquier otra vacuna, creando historias sobre el uso de fetos humanos para su elaboración, el robo de líquido de rodillas, la matanza de neuronas por los termómetros o el esparcimiento del virus (que dicen que no existe) por medio de los chemtrails. Lo interesante es que, al entrar a un foro o leer comentarios de cualquier publicación, tenga o no que ver con el tema, las pasiones se encienden y surgen defensores y atacantes de la vacuna, del virus, de la “plandemia”, del Nuevo Orden Mundial, de George Soros y Rotschild, o de las élites mundiales que quieren esterilizar a toda la población.

 

Fuente: infolibre.es

A corto plazo, este debate llevará a que un amplio sector de la población mundial no se aplicará la vacuna, mientras que la otra parte sí lo hará. Si se detendrá o no la pandemia, si habrá recuperación económica, si habrá control social por medio de nanotecnología o esterilización masiva en Latinoamérica, sencillamente no podemos saberlo. Lo que espanta es el poco pensamiento crítico de ambos bandos, pues mientras un lado cita a la menor provocación videos de Youtube que hablan sobre el control de masas orquestado por Bill Gates y la marca de la bestia en el microchip que nos será implantado, el otro sector obedece las disposiciones de la OMS, los noticieros y los voceros del gobierno. Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre, diría yo. Y lo peor y, probablemente, más risible, que ambos bandos repiten una y otra vez frases como “documéntate”, “ponte a leer”, “abre los ojos”, y demás frases domingueras que alguna vez escucharon, pero sinceramente dudo que pongan en práctica.

En fin, que a pesar de haberle dado muchas vueltas al asunto, sigo sin entender del todo por qué estamos viviendo una época de polarización tan marcada, y no solo en el tema de la pandemia, también en política, derechos humanos, migración, salud sexual, diversidad, religión, y un largo, pero larguísimo etcétera. Expreso por estas líneas preocupación por el ambiente comunicativo que estamos viviendo ya desde hace varias décadas, en el que estamos encerrados ya no en una semiosfera, sino en una bola de cristal, que altera nuestra visión del mundo externo, pero nos hace creer que lo que consideramos verdadero lo es, solo porque compartimos con gente que piensa igual que nosotros. Quizá la solución sea no solo ver las dos caras de la moneda, pues el mundo no es blanco y negro, sino contemplar todas las representaciones y visiones del mundo, y no darlas por falsas y engañosas solo porque no comulgo con ellas. Si bien mi concepto del mundo es válido para mí, tal vez, quizá, probablemente, el concepto del mundo de las otras personas sea perfectamente válido para ellas… no sé, se me ocurre.



Eduardo Celaya

Comunicólogo e historiador que ha incursionado también en el mundo del teatro y la dramaturgia. Interesado por las construcciones de signos y las representaciones de la realidad en la vida cotidiana. Fundó el grupo de teatro independiente Un Perro Azul. Ha escrito varias piezas teatrales cortas, cuentos y ensayos de análisis e históricos.

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