Así mero, como dice la canción



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Eduardo Celaya 04/10/2020   12:09 p. m. Opinion-






La música es maravillosa. Reto a cualquiera que lea estas líneas a que diga lo contrario. Sea cual sea el género que se escuche, si posee ritmo, melodía y armonía, ese invento ancestral es capaz de llevarnos a mundos nuevos, imaginarios o reales, hacernos recordar, inventar y recrear situaciones, vivencias, emociones, dolores, pasiones y mucho, mucho más. Personalmente, suelo escuchar música cuando trabajo, cuando escribo, cuando estudio o hago de comer… hasta cuando me baño me gusta tener buenas canciones que me hagan cantar y hacer la vida más llevadera.

 




Para qué hablar de música, un tema que ciertamente no domino, pero sí que consumo. Pues curiosamente existe una canción que siempre me ha llamado la atención, desde que la conocí. Una canción que apareció en dos discos consecutivos de la misma agrupación, y no en una versión diferente, es la misma canción, siendo incluso el nombre del primer disco en el que aparece. Cosa curiosa, pensé, al saber este dato, por lo que le puse aún más atención. Esta pieza musical titulada Forgiven, not forgotten, del grupo irlandés The Corrs, no es su mejor composición, ni la más popular. Incluso me atrevo a decir que mucha gente no la conoce, pues la popularidad de este grupo vino, creo, en su tercer disco, un tanto más pop y no tan folclórico como los dos primeros. Sin embargo, es de aquellas canciones que me sé de memoria desde que la conocí.

 

Fuente: YouTube

 

 

La historia que narra es sencilla, nada descabellado ni difícil del comprender. Una mujer ha quedado sola, abandonada por aquel a quien ella amaba. La tristeza es ahora su constante compañera, en un solitario cuarto, y solo un peluche con un solo ojo le escucha repetir día y noche el nombre de esa persona, a quien ha perdonado, pero no olvidado. Evidentemente, la letra de esta pieza es algo a lo que muchos podemos relacionarnos, un verdadero melodrama. Se habla de días grises y noches negras, de diferentes grados de mundanidad, y de una última decisión de la mujer de despedirse de su vida para ir en busca de su ser amado. ¿La abandonó, murió? No sabemos con certeza, lo cual abre a interpretación la historia para hacerla nuestra, lo cual aproveche en mis años de bella juventud para inventarme historias e interpretaciones.

 

El día de hoy, al paso de los años, sigo escuchando atentamente esta canción, cantándola cuando puedo, y tarareándola cuando voy por la calle o me encuentro en silencio. Repito, no es su mejor canción, pero es agradable, es linda y me hace pensar muchas cosas. Has sido perdonado, no olvidado, repite una y otra vez el estribillo, que no aporta más información a la historia, solo la misma frase: has sido perdonado, no olvidado. ¿Por qué tanto énfasis en perdonar, pero más que en eso, en no olvidar? ¿Por qué es tan importante la memoria para el ser humano? Es cierto que la memoria no es de fiar, pues es subjetiva, cargada de percepciones e interpretaciones, como bien nos demuestra la película Memento de Christopher Nolan. Sin embargo, sin memoria, simplemente no somos nada.

 

Durante mis clases de Historia, una maestra nos dejó leer varios textos relativos a la memoria. Leímos a Yerushalmi, a Traverso y a Calveiro, entre muchos otros. Confieso que nunca había sido consciente de la importancia de la memoria, a pesar de estar ya en el último semestre de la carrera, pero lo que más importó al leer a estos autores era el olvido, compañero incansable del ser humano, ya sea como terapia emocional, o como herramienta política. El olvido puede ayudarnos a sanar, a empezar de nuevo, a empezar mejor después de un gran dolor; el olvido puede ser también la herramienta perfecta de manipulación del pueblo, o sin ir tan lejos, de nosotros mismos. La memoria es aquello que nos hace nosotros, es parte de nuestra cultura, es lo que motiva la reproducción social, la corrección de defectos y errores del pasado. La memoria es creativa, el olvido es destructivo. La memoria impulsa a ser mejores, a aprender de los errores; el olvido es ingenuo, perverso y altera nuestra visión del mundo, al ignorar aquello que preferimos no recordar. El peligro del olvido es que puede ser voluntario o forzado, podemos elegir olvidar aquello que es doloroso, pero mis queridos psicólogos no me dejarán mentir que el olvido se manifiesta después de formas inimaginables, destructivas generalmente.

 

Fuente: tendencias21.es

 

 

¿Qué pasa con el pueblo que olvida, ya sea porque así lo elige, o por ignorancia? Se ha dicho mucho que aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla. Yo creo que aquel que no conoce su historia, o le da la espalda, porque no es correcta, agradable o enseñable, no solo está condenado a repetir sus errores, además ha de pagar con creces por lo que ya ha pasado. La memoria es la espina dorsal de nuestra cultura. La memoria está en nuestro lenguaje, en nuestras manifestaciones artísticas, en nuestros libros, en nuestra forma de expresarnos con el cuerpo, en nuestra forma de vestir, comer, convivir y amar. El olvido es destructivo, pues niega que tengamos raíces. El olvido nos hace creer que somos individuos en un mundo conectado íntimamente con todo lo que existe. El olvido nos coloca en el centro del universo, mientras que la memoria nos hace vernos a nosotros mismos por lo que somos.

 

Perdonar, sí; olvidar, no. Así como repite una y otra vez, Andrea Corr, con esa preciosa voz que la caracteriza, mientras sus hermanos interpretan sus instrumentos de forma maravillosa. Perdona los errores del pasado, ya sean propios, ajenos o comunes. Conoce por qué estamos aquí, cómo llegamos, de dónde surgimos, hacia dónde estamos encaminados. Olvidar jamás, pues al olvidar, la violencia, tristeza, dolor y agonía del pasado se pierde entre los rincones de la oscuridad. Recordar es vivir, recordar es renacer, recordar es crear. Perdona, no olvides.



Eduardo Celaya

Comunicólogo e historiador que ha incursionado también en el mundo del teatro y la dramaturgia. Interesado por las construcciones de signos y las representaciones de la realidad en la vida cotidiana. Fundó el grupo de teatro independiente Un Perro Azul. Ha escrito varias piezas teatrales cortas, cuentos y ensayos de análisis e históricos.

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