ARTESANÍA POLÍTICA, por Jorge Luis Oliva



Foto: el pais.com

Jorge Luis Oliva 15/04/2020   09:32 a. m. Opinion-






Ojalá pase ya

 

Desahogo




Soy feliz, soy un hombre feliz

Y quiero que me perdonen

Por este día los muertos de mi felicidad

Silvio Rodriguez

 

 

Es duro comenzar com un marco así, la letra de esta canción de Silvio Rodriguez, en especial esa parte resulta catastróficamente cierta, pero debe servir como homenaje, aunque sea demasiado pronto (¿Quién realmente sabe cuando es el tiempo exacto?) para todos aquellos que con sus vidas, después de todo esto ofrendarán un poco de felicidad a los que tendrán la fortuna de continuar. Solamente no seamos mal agradecidos y entendamos lo que eso significa, apreciemos el gesto y prometamos no volver a ser indiferente.

El párrafo con el que se abre esta opinión parece no encajar con lo que les voy a escribir a continiuación, pero ruego no me juzgue y tengan la paciencia correcta porque al final podrán encontrar el sentido del mismo, y al igual que yo podrán voltear hacia si y responsabilizarse por lo que nos corresponde.

La epidemia sigue su curso y su camino sin que nadie logre entender como o porque esta aquí, solamente sabemos y escuchamos que fulano de tal tiene un conocido que se ha infectado y se encuentra hospitalizado o en casa aislado y enfrentando casi solo una lucha por la vida. El asunto es que cada día que pasa, ese fulano de tal parece más cercano, más personal, mas en uno mismo.

 

Foto: latimes.com

 

Y es que la noticia cae tan de golpe que seguramente te paraliza y te inunda de una incertidumbre y miedo desoladores, algo te debe martillar el corazón y tu cuerpo debe, casi de inmediato hacerse liviano, etéreo, cuasi inexistente. La proximidad de la pandemia te hace vulnerable, e increíblemente también te hace humano.

Este acontecimiento no ha traído una variedad de sucesos que nos hacen reflexionar el lugar que ocupamos y hacia donde vamos, quiero creer que no des coincidencia que el virus se empareje con una recesión económica, parece que la tierra se ha fabricado un respiro. Dentro de esos acontecimientos, de los más dolorosos quizá, esta sucediendo en Ecuador, donde el Estado ha sido rebasado en todos los aspectos por la contingencia y, gracias a eso, se pueden ver imágenes tan desgarradoras en sus calles, ataúdes y humanos descomponiendose, como si en su rostro mortuorio pudiesen gritar su impotencia, como si pudiesen apretar los puños empujados por la rabia que ocasiona saber que ni en la muerte se puede escapar de la ineptitud e inoperancia de los gobiernos y sus administraciones públicas.

Pero ese es el asunto real de todo esto, el COVID-19 a pesar de no ser mortal ha mostrado su mordida en los sistemas de salud de toda Latinoamérica, ha logrado desnudar que lo que esta matando a la gente no es el virus sino la ineficacia y la falta de trabajo, la falta de servidores públicos sanos, la necesidad de Administraciones Públicas sanas, fuertes, conscientes.

Es por eso que hoy desde estas lineas quisiera externar un poco la rabia contenida para darle espacio en mi cuerpo a la que vendrá.

Hay que decirlo pues como es, es el Estado el que nos esta olvidando, el que los esta olvidando a todos. Esto lo digo por la mar de quejas y señalamientos que se hacen desde el sistema de salud por falta de insumos para enfrentar la crisis, la falta de espacio, de infraestructura necesaria, la falta de empatía por parte de los gobernantes para entender tan siquiera, fuera de los números, la dimensión de todo esto.

 

Foto: Secretaría de Salud

 

Hoy el país esta envuelto en una separación tan espantosa que solamente profundiza la crisis y el sentimiento de vació que deja tras de si cada fallecido, no se ustedes, pero escuchar que pasan los 300 infectados y que potencialmente existen otros miles que no han sido contabilizados de manera oficial, resulta desgarrador. Ahora imaginen que toda esa masa del demográfico se enfrenta con la calidad en el servicio de nuestro sistema de salud ¿Qué esperanza nos queda? ¿Qué posibilidad nos dejan?.

Y sí, van a decirme que la culpa no es de Andrés Manuel, que soy injusto al señalarle a el olvidando casi intencionalmente lo hecho por los gobiernos anteriores, puede que tengan razón, pero no podemos permitir que los que gobiernan hoy utilicen ese pretexto para evadir su ineptitud.

Perdonen, pero en este momento lo que menos importa es la construcción de un tren que recorra la Península de Yucatán, la infraestructura que se hace necesaria es la médica, y hace muchos años que la tienen abandonada, hace muchos años que ahí dentro se respira un aire de putrefacción, pero que pese a todo se mantiene a flote y no gracias a sus grandes esfuerzos, es el personal que logra hacer milagros con los recursos que se allegan o les allegan, porque ahí donde ustedes fallan, la sociedad tapa, pero ya no podemos continuar esperando que ustedes reaccionen, o lo hacen o morimos todos y se quedan sin nadie, completamente solos, tratando de llenar un país con algo más que la imaginación.

Pero para que esto no suceda nos recomiendan aislamiento social, y no digo que este mal, simplemente nos esgrimen que llegará el momento en que el sistema colapsará si no atendemos la indicación, nos convencen que se tiene la suficiente fuerza de reacción a pesar de las múltiples evidencias que les contradicen.

Entonces, más allá de establecer si quedarse en casa o no es un privilegio de clase, que a estas alturas realmente no es tan relevante, uno se va dando cuenta que hay un otro, que siempre hubo un otro al que pauperizamos para existir, que ese otro es el más vulnerable y que pese a todo, tiene que seguir trabajando porque vive al día. Sí, nuevamente es el Estado quien no genera las condiciones para que esto no suceda.

 

Foto: mxcity.mx

 

Y las calles se vaciaron de golpe, de pronto ya no hay trafico, ya no hay tumultos, ya no hay gritos, ya tenemos espacio, sin embargo, al salir y caminar unos cuantos metros te puedes percatar que existe en todo ese espacio tristeza, que en todas esas calles camina una depresión enorme que también nos esta enfermando,

Ya no se si es cinismo, desesperanza u omisión, pero es necesario que los derroteros de la administración pública se corrijan, es necesario, es vital que los esfuerzos y el trabajo se dediquen a fortalecer las instituciones que velan por la seguridad y la vida de los ciudadanos y también, casi como una cuestión natural, se necesita que los que gobiernan entiendan que el acto de gobernar no significa construir obras faraónicas que posterguen su nombre en la historia y en la desmemoriada memoria del mexicano.

Señores, el fin de gobernar es, citando a Spinoza:

 

El fin del estado no es convertir a los humanos de bestias racionales a autómatas, sino lograr más bien que su alma y su cuerpo desempeñen sus funciones con seguridad y que con ellos se sirvan de su razón libre y que no se combatan con odios, iras o engaños, ni se ataquen con perversas intenciones. El verdadero fin del estado es, pues, la libertad.

 

Por eso, el hecho de que esta crisis le venga como anillo al dedo Sr. Presidente, me hace pensar que usted es quien sostiene la guadaña y no el virus, me hace saber que para usted es más importante aparentar una estabilidad inexistente que atender como se debe las mismas recomendaciones que su personal dicta para la población.

Por eso, desde ya, desde aquí, les ruego que hagamos uno para poder salir de esto, por eso es que les pido que entendamos lo que significa ser un cuerpo civil unificado para que nuestra felicidad pueda volver a invadir nuestras calles.

 

Foto: rfi.fr

 

Por eso, cuando todo esto pase, quiero que quede una semilla que nos permita exigir que cuiden nuestras vidas, que nos ofrezcan servicios de salud dignos de la fuerza y la altura moral que esta población les ha mostrado una y otra y otra vez, quizás hasta el cansancio.

Por eso, desde ya, gracias a los que están arriesgando sus vidas desde la carencia y el abandono gubernamental, por eso gracias a los muertos de mi felicidad”.

 



Jorge Luis Oliva

Nacido en el hospital Magdalena de las Salinas al norte de la Ciudad de México el día 6 en el último mes del sacudido año 1985. En algo parecido a una especie de sentencia de corte esotérico al estilo “año de nacimiento es destino”, su vida ha sido así, temblorosa y sacudida, llena de dudas y respuestas. Con el paso del tiempo y tras un crecimiento, algo desesperado, el sujeto por el que se escribe esta semblanza abrió su mente a los libros qu...Leer más

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