Entre amores y rosas



Foto: La bioguia

Redaccion 13/02/2020   02:52 p. m. Opinion-






Por: Maureen

Llegaba a casa después de un largo día, me quité la chamarra y la dejé sobre el sillón, entré a la cocina para tomar un vaso con agua cuando escuché que mi teléfono sonaba. Pensé en no contestar, es viernes y no tengo ganas más que de dormir, pero aún así respondí.




Era mi mejor amiga, llamaba para decirme que quería pasar la noche en mi casa. No tardó mas de veinte minutos en llegar; yo había preparado café pero ella sacó de su bolsa una botella, la abrió y al tiempo que le daba el primer sorbo una canción empezó a sonar.

“Y es que empiezo a pensar
Que el amor verdadero es tan sólo el primero
Y es que empiezo a sospechar
Que los demás son sólo para olvidar”

Sí, todos hemos tenido una pareja que nos hace crear expectativas de la realidad que no son sanas y que, cuando todo termina, nos deja con el “corazón roto” esperando con la carita empapada que llegara con rosas, porque no importa si es tonto, a nosotros nos gusta.

Pero déjame decirte algo, el amor romántico nos marcó como sociedad las características de este (libertad para elegir a la pareja, que sea monogámica, heterosexual, orientado a la procreación y bendecido por la Iglesia y el Estado). Sí, estás pensando lo correcto: la pareja es un pacto de convivencia, un contrato económico y social que se hace en la etapa reproductiva y resulta fundamental para la permanencia del patriarcado.

No. No me tomen como una “feminazi”, sino como alguien que va a retomar las palabras de D.H Lawrence, un escritor inglés, que  plantea “el egoísmo a dúo” en la pareja.

Este “egoísmo a dúo” su autor lo describe como la dependencia, búsqueda de seguridad, necesidad del otro, renuncia a la interdependencia personal y ausencia de libertad, acompañada de celos y rutina.

“Y aún me parece mentira que se escape mi vida
Imaginando que vuelves a pasarte por aquí
Donde los viernes cada tarde, como siempre
La esperanza dice quieta, hoy quizás sí”

Con eso nos queda claro que, en la lucha por la supervivencia, es más duro caminar solo que acompañado; por lo que compartir la vida con alguien supone tener cerca a quien te valore y te considere especial.

Ante esa situación el amor romántico es permanente frustrado; Nadie lo da todo porque la pareja no es ni debe ser la única fuente de emociones positivas.

Dentro del “sistema patriarcal” se nos ha enseñado que las mujeres debemos ser cariñosas, reclamar un trato delicado y especial, a pedir que se nos tape cuando tengamos frío y se nos proteja como a niñitas asustadas.

En tanto que, a los hombres se les enseñó a ser protectores, que su casal sea incondicional, comprensiva, atenta a sus necesidades y deseos, pero sobre todo a que refuercen su autoestima cuando salen a flote sus inseguridades.

La idea de amor romántico es un instrumento de dominación y sumisión que se transmite por diversos medio, un ejemplo es la literatura, donde existen cinco tipos de mujeres:

las encantadoras y puras jovencitas, que contraen matrimonio al final de la novela; las esposas resignadas o casadas adúlteras; las solteronas; las prostitutas y la mujer “nueva” (que ha dejado de ser un reflejo del varón y lucha por sus derechos).

El amor para el ser moderno es una etapa en el camino de su vida, cuya finalidad ya no es el amor, sino su “yo”. Su individualidad.

El “yo” es la fuente de inspiración romántica, el lugar donde se crean los sueños. Haciendo que el prototipo del sujeto romántico sea infantil, narcisista y una víctima.

Actualmente seguimos ejecutando ese patrón cursi,(qué pretende mostrar un sentimiento apasionado pero resulta ridículo, definición según la RAE) caprichoso y vulnerable.

“Pasaron seis meses y me dijiste adiós
Un placer coincidir en esta vida
Allí me quedé, en una mano el corazón
Y en la otra excusas que ni tú entendías”

La gente no nos pertenece, sólo nos acompaña en el camino un tiempo. Debemos entender que el “vacío” en nuestro interior debe llenarse con cosas nuevas, sin exigirle a nadie que lo haga; a disfrutar de la soledad; a repartir y compartir el amor del compañero; pero sobre todo a no enfocar el amor en una sola persona, sino ampliar las muestras de afecto para tener intercambios sanos de cariño y ayuda mutua.

En cuanto la canción terminó, mis pensamientos se interrumpieron porque ella decidió hablar. Finalmente, se quedó dormida y aún con la canción sonando en mi cabeza, decidí escribir.