De Taekwondo y más, con SBN Yuri LópezGallo



Yuri LópezGallo 13/12/2019   09:58 a. m. Opinion-






¿A esto hemos llegado?

 

El pasado domingo, en las instalaciones del Gimnasio Olímpico Juan de la Barrera, durante los Juegos deportivos CDMX de Taekwondo hacia los Juegos Nacionales CONADE 2020, pudimos observar un acto que debería hacernos reflexionar a todos los que amamos y estamos inmiscuidos en el Taekwondo.




Los hechos sucedieron en la contienda entre dos  competidoras juveniles, cuando una de ellas atacó por la espalda a su adversaria mientras se encontraba en franca actitud de indefensión (en el video puede verse después del segundo 40). Como resultado, la chica perdió el conocimiento y tuvo que ser llevada de emergencia al hospital, donde después fue intervenida quirúrgicamente debido a las lesiones recibidas.

 


 

¿Qué motiva a un atleta que es ampliamente superior a realizar una acción que pone en riesgo la integridad de un compañero?

¿Ganar?

En ese momento el marcador le daba una ventaja de unos 30 puntos.

¿Fue un simple acto reflejo?

Es dudoso, porque en la acción anterior había conectado una patada que provocó que su compañera le diera la espalda y caminara hacia fuera del área. En ese tiempo la acción se detuvo y el ataque no  formó parte de una cadena, sino de una técnica con toda la intención de golpear en un área que, además, está prohibida por el reglamento.

El peor escenario, y del cual no hay evidencia en el video, es que su coach la hubiera instado a atacar y ella solamente se disciplinó a una orden. Si este es el caso, la falta de valores del “maestro” es preocupante. Espero de verdad que solo se haya tratado de un lamentable accidente y que no se volverá a suscitar.

Sin embargo, la realidad es que esto es solo el resultado de la paulatina degradación que el movimiento deportivo mal entendido ha logrado en el Taekwondo.

Cuando el Barón Pierre de Cubertain organizó los primeros Juegos Olímpicos, Europa se encontraba al borde de una guerra masiva (la cual a la postre estalló dando pie a la Primera Guerra Mundial). En esa coyuntura la idea de los juegos era, más que competir, convertirse en un instrumento de paz; de ahí que el lema olímpico fuera: “lo importante no es ganar, sino competir”, que sustituyó al lema original de los juegos: “citius, altius, fortius” (más rápido, más alto y más fuerte), el cual era un lema puramente competitivo.

Años después, y con el deporte cooptado por los Estados como vehículo propagandístico,  el lema olímpico fue olvidado y sustituido por una nueva doctrina que marcaba: “ganar no es lo más importante, es lo único”; lo que podría  justificar todo, o casi todo, con tal de obtener los resultaros deseados.

Un caso muy sonado en el que vemos reflejado esto es la terrible historia de Tonya Harding, quien conspiró para lesionar a su compatriota estadounidense Nancy Kerrigan, con el fin de sacarla de la competencia de patinaje artístico rumbo a los Juegos Olimpicos de invierno de Lillehammer 1994; juegos en los que Kerrigan sí participó, obteniendo la medalla de plata, mientras que Harding tuvo una decepcionante actuación y tiempo después suspendida de por vida.

Es claro que la gloria y los aspectos positivos del deporte superan con creces todos los actos deleznables; sin embargo, estos últimos nos muestran el nivel que puede alcanzar una persona sin escrúpulos ni valores dentro del ámbito deportivo.

En nuestro país, el Taekwondo deportivo ha cubierto un gran número de hojas llenas de gloria y valores. Desde el primer campeonato del Mundo, Corea 1973, nombres como los de los maestros Isaías Dueñas, Ramiro Gúzman, Oscar Mendiola, Jaime de Pablos, Reinaldo Salazar, César Rodríguez, Gustavo Sanciprian, Thomas Roth, Manuel Jurado, Rodrigo, Oscar e Iridia Salazar, Mónica Torres, Dolores Knolle, Williams de Jesús, Víctor y Roberto Estrada, Rubén Palafox, Hugo García, Edna Díaz, Guillermo Pérez y, por supuesto, la mítica María del Rosario Espinoza, han escrito sus nombres con letras de oro en el Taekwondo mexicano.

El común de estos maravillosos atletas es que todos y cada uno de ellos fue formado en un Dojang de Taekwondo, donde su maestro los guió a través del camino marcial en toda la expresión de la palabra: todos ellos sabían de formas, de defensa personal y obtuvieron sus grados a través de exámenes presentados ante sinodales que son grandes maestros del arte marcial.

 

El deporte ha impulsado al Taekwondo a alturas insospechadas. El movimiento olímpico y los éxitos de México a nivel internacional han hecho que aumente el número de practicantes, escuelas y, por supuesto, instructores. Esto debería ser por sí mismo algo positivo, si no fuera porque un gran número de estos instructores no cuentan, ya no digamos con una formación marcial, sino con valores mínimos que puedan transmitir a sus alumnos.

Esta es la peor herencia que el deporte ha traído al arte marcial: entrenadores que solo saben de patadas, que no entienden la responsabilidad que implica tomar el papel de maestro y que hoy en día solo pueden medir su “éxito” con medallas y un ranking.

La falta de marcialidad es una constante en estas escuelas de entrenamiento de Taekwondo deportivo (con honrosas excepciones), organizaciones el las que el grado del alumno solo depende del nivel que muestra para la competencia, con “entrenadores” que se roban a los alumnos de otros maestros y que piensan que, si para ganar se tiene que poner en riesgo la integridad de otro atleta, no dudarán en hacerlo.

Es por esto que el día de hoy es muy importante entender y reconocer el papel de los grandes maestros en la obtención y el reconocimiento de los grados en el Taekwondo. La Federación Mexicana de Tarkwondo no está preparada, facultada o interesada en la formación de artistas marciales que sean precisamente eso: primero verdaderos artistas marciales que guíen su vida a través de los valores que trabajaron en su dojang y, después, se conviertan de acuerdo a sus capacidades en grandes deportistas, que sean un verdadero ejemplo de lo que es el deporte y el juego limpio.

El día de hoy, con pseudo maestros a la cabeza de un gran número de “escuelas” y atletas, a esto hemos llegado.



Yuri LópezGallo

Licenciado en mercadotecnia por azar, especialista en publicidad por una beca, maestro en Administración porque ¿por qué no? , Doctorando en Educación por terquedad, Cinta Negra 6to Dan en Taekwondo por voluntad y crossfitero solo por gusto…

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