ARTESANÍA POLÍTICA, por Jorge Luis Oliva



Foto: lineadirectaportal.com

Jorge Luis Oliva 25/10/2019   12:00 a. m. Opinion-






El Estado desvanecido

 

Ya resulta imposible entender a México fuera del contexto de la violencia, tristemente estamos parados justo al centro de una guerra que no parece tener un fin próximo. Llegamos al punto en el que es un modus vivendi, ya no es sorpresa escuchar y hablar de manera cotidiana de descuartizados, balaceras, secuestros, homicidios. La violencia se ha convertido pues en el signo de nuestros tiempos.




Y sí, podrán decir que de manera histórica la venimos arrastrando desde hace unos cuantos años, también conocemos quien comenzó todo esto, pero lo cierto es que más allá de un mero dato histórico, no significa nada señalar a Calderón si no se han sentado las bases para solucionar el problema. De una manera irónica cada sexenio se ha empeñado en hacernos creer que esta problemática es percibida de una manera un tanto exagerada por parte de la sociedad; también, de manera burlona cada administración acusa a la anterior de no hacer nada estableciendo estrategias que prueban su fracaso al poco tiempo de ser anunciadas con bombo y platillo.

¿Dónde está entonces el problema? ¿Por qué resulta en fracaso cualquier embestida girada contra la delincuencia organizada? Hay varias aristas que pueden darnos una respuesta a estas interrogantes, las más conocidas y abordadas son la corrupción y el contubernio entre autoridades y carteles, corrupción que parece estar incluida de manera permanente en los gabinetes de seguridad sin importar color o tendencia política.

Pero hay otra razón que poco se ha abordado y que es menester traer a la luz de nuevo al debate público. Estoy hablando de la responsabilidad del Estado, de su desvanecimiento como garante del orden jurídico que fortalezca la gobernabilidad y la gobernanza en el país y de su ya innegable ineficiencia ante la situación que hoy es un día a día.


Foto: forbes.com.mx 

 

Desde hace unos años, venimos acudiendo al espectáculo de la descomposición social y del levantamiento de un orden que se legitima por medio de la violencia y el terror. Porque sí, el narcotráfico ha logrado establecer una comunidad que día con día se hace inmune al Estado, siendo un real contrapeso de este, ahí donde la Administración Pública no ha garantizado las condiciones mínimas de gobernabilidad los carteles han hecho tejido social, mismo que los legitima y les reconoce como autoridad.

Dicha inmunidad también forma una especie de preservación de la vida que paradójicamente se mueve en torno de la violencia y el terror, y ante esto, poco se puede hacer porque la legalidad con la que se puede actuar queda en entredicho ante la ineptitud e ineficiencia de las autoridades.

Así, bajo este panorama estamos hablando no solamente del hecho de que el Estado ha sido rebasado, no, el Estado ha sido perforado por una fuerza interna con la capacidad permanente de establecerse en todo el país y de hacerse valer cubriendo las carencias de los gobiernos.

Todo esto se confirma con la captura y posterior liberación del hijo del Chapo, el enfrentamiento en Culiacán es la cúspide de una serie de eventos que se han arraigado durante los años que lleva esta afrenta entre el Gobierno y el Narco, por eso la decisión no era sencilla, sin embargo no fue correcta.

Aquí ustedes pueden decir que se veló por la seguridad de los involucrados y sus familias, también dirán que se evitó con ello una masacre en aquella ciudad; pero la lectura, a pesar de su dificultad debió considerarse a largo plazo tras analizar sus consecuencias y no sus  efectos inmediatos.

El ejecutivo estaba entre la decisión que tomó y la de hacer valer la ley a pesar de la amenaza que yacía sobre aquellas vidas. Y sí, se optó por la liberación del capo con el argumento de que con ello se evitó una catástrofe de mayores proporciones. Lo cierto es que AMLO, o sus asesores no previeron que el negocio del recién liberado continuará y que la violencia seguirá alimentando su legitimidad, cosa que lo tendrá en jaque durante mucho lo que le resta del sexenio. AMLO no quiso cargar con la responsabilidad de hacer valer la ley y que con ello prevaleciera la Razón de Estado.


Foto: time.com

 

Tras aquel día, la figura del narcotraficante se ha fortalecido; la cultura que gira en torno a esa figura ha surgido como la justificación plenamente reconocida por el gobierno de un estilo de vida aspiracional, que ha sabido aprovechar el mercado y el consumo para hacer del delincuente un afiche, un ícono representativo de la formación de una identidad que sí es capaz de garantizar una oportunidad de desarrollo para todos aquellos olvidados y empobrecidos por el fracaso de las políticas económicas de las recientes administraciones.

Ergo, lo que vimos con aquella liberación fue una excepción jurídica que ninguna norma contempla como posible, pero sobre todo fue un golpe de autoridad que nos indica no solamente la descomposición del Estado si no la necesidad de una restructuración del Contrato Social que permita enfrentar de una manera mucho más eficaz la problemática que continuará después de esta Administración. Y sí, los demás estamos muy conscientes del trabajo tan arduo que tenemos que elaborar como sociedad civil durante los años venideros.

AMLO y su gabinete de seguridad deben tener presente a partir de este momento histórico el papel que podría haber jugado en los devenires de las próximas generaciones que nacerán bajo el yugo de una violencia que cada día se acepta más como un acontecimiento cotidiano y que también día con día deja de sorprendernos. A final de cuentas, ellos se van a ir asegurando que hicieron grandes cosas en pro del bien común, seguros pues de que las decisiones tomadas fueron las más acertadas a pesar de que existía posiblemente otra opción que sentaría las bases de un trabajo a largo plazo que obviamente no pretenden emprender.

Hoy el Estado Mexicano no solamente ha otorgado la libertad a un hombre, de fondo lo que hizo fue dar legitimidad al crimen organizado.

 

 

 

 



Jorge Luis Oliva

Nacido en el hospital Magdalena de las Salinas al norte de la Ciudad de México el día 6 en el último mes del sacudido año 1985. En algo parecido a una especie de sentencia de corte esotérico al estilo “año de nacimiento es destino”, su vida ha sido así, temblorosa y sacudida, llena de dudas y respuestas. Con el paso del tiempo y tras un crecimiento, algo desesperado, el sujeto por el que se escribe esta semblanza abrió su mente a los libros qu...Leer más

Publicaciones recomendadas