ARTESANÍA POLÍTICA, por Jorge Luis Oliva



Foto: Twitter

Jorge Luis Oliva 04/10/2019   12:00 a. m. Opinion-






De los 43 a Greta y el Efecto Malala

 

Acaban de pasar 5 años de la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Raúl Isidro Burgos y es menester abordar el tema con precaución pues  no es un tema menor. Hay que hablarlo y decirlo claramente, esto es un crimen de Estado y debe exigirse justicia, pero sin olvido, porque esto no puede volver a suceder bajo ninguna circunstancia.




Si lo vemos con suspicacia, el asunto de los 43 no se trata de la criminalización de la protesta social, va más allá, cala donde a todos nos cala, en la pobreza, sí, lo que se está criminalizando es la pobreza, ergo cualquiera de nosotros podría ser uno de los 43. ¿Ven? El asunto no solo se trata de aquellos desafortunados muchachos que fallecieron hace 5 años, se trata de que el infortunio aún no nos llega a nosotros; pero solamente se trata de esperar (cosa sumamente aterradora si lo pensamos con detenimiento).

Aunque suene profundamente aterrador el hecho consumado de la muerte de los 43 es la cúspide de una sistematización del pobre como criminal, ya desde esta perspectiva la pobreza no es una condición económica, se convierte en una condición punitiva, y sí, cabe muy bien preguntar sobre los criterios de discriminación que colocan a cada cual en cada uno de los lados que salvan o terminan con tu vida.

¿Con esto estoy queriendo decir que la violencia está más cargada a ciertos estratos sociales? Sí, lo está, si acudimos a las estadísticas sobre la violencia en México se puede observar que quienes la ejercen son principalmente aquellos agentes que se encuentran fuera de la posibilidad del crecimiento y el desarrollo económico, lo que nos lleva a esa otra violencia que ejerce el Estado al no concretar Políticas Públicas que coadyuven este fenómeno. De acuerdo con esta aseveración la falta de oportunidades de desarrollo llevan irremediablemente a la delincuencia.

El asunto es que no se trata de querer o poder, se trata de esa violencia que todos aceptamos tranquilamente; sin darnos cuenta de que es el Capitalismo el que a través de sus dinámicas nos colocan en aquella condición de vulnerabilidad que culmina con el desprecio gubernamental o la muerte, lo primero que suceda.

Hablar entonces del caso de los 43 es también acercarse a otros que encuentran su contrapeso en las grandes tribunas del mundo, marcando claras diferencias entre los que escuchan y los que son escuchados. Cuando hablo de la criminalización de la pobreza pongo sobre la mesa el hecho de una discriminación sistematizada y permeada en los gobiernos, hablo pues de una institucionalización del separatismo.

Más allá de los hechos que pusieron a los chicos en aquel lugar, debemos poner atención a las circunstancias que llevaron a su deceso, circunstancias que terminan de establecerse con la publicación y reiteración de la “verdad histórica”. Es menester preguntarles ¿Qué historia? Y ¿Qué Historia?

Pero bueno, este fenómeno parece nuevo, sin embargo, siempre estuvo ahí, lastimándonos todo el tiempo, sucede que es tan silencioso que se mimetiza con la vida cotidiana de usted y del otro que también es como usted.

¿No se han preguntado el motivo del aforo que ha tenido Greta a nivel mundial? Y no, antes de que comiencen con sus cosas, aquí no vamos a hablar de su condición médica –argumento ampliamente utilizado para legitimarla- y tampoco de si es o no pertinente el ataque que se le da a diestra y siniestra.

Greta, una niña de escasos 16 años formuló un gran discurso que pudo dirigir al mundo mediante la tribuna de las Naciones Unidas. Nos habló a todos interpelando a las esferas de poder sobre su pobre o nulo actuar en la lucha contra el cambio climático.

 

Foto: Twitter

 

Fue un discurso emotivo, lleno de una fuerza impresionante, acertó a cada uno de los puntos a los que tenía que acertar, se convirtió en la voz que necesitábamos para que pusiéramos en la agenda de las naciones el problema que nos atañe a todos. Sin embargo, -sí, siempre hay un pero- el contexto en el que se desarrolla el mensaje y el mensajero parecen levantar ciertas suspicacias entre el público que la escucha, y le reclaman por la posición que ostenta, y sin temor a equivocarme son reclamos legítimos porque otras voces sin tanta suerte como la de ella ya habían señalado los mismos problemas que ella en aquella gran tribuna.

¿Cuál es la diferencia? Pues sus privilegios –vociferan los muchos-. Pues no, no son sus privilegios, es su posición en el mundo, es su niñez la que le permite tener la fuerza que tiene, porque ¿A quién no le mueve ver a una niña de 16 años estrujando nuestras adultas conciencias? ¿Alguien aquí se atreve a mostrarse indiferente ante semejante acontecimiento? ¡Caray! Nos están señalando nuestra mezquindad desde la mezquindad que los medios de comunicación han utilizado para explotar la situación.

Resulta que sí, que no se trata de verter un odio sobre Greta, es más bien un reconocimiento de la sordera de aquellos que ese día abrieron sus conciencias para escucharla y aplaudirle, se trata de puntualizar el hecho innegable que Greta a su corta edad debe estar consciente de que su voz tiene peso por el contexto en el que se desarrolló, contexto que claramente es muy distinto al de otros ambientalistas que no han tenido la misma fortuna.

Greta entonces es esa otra cara de la moneda que legitima el fenómeno que vengo describiéndoles, parece ser que deliberadamente se escucha a algunos y se ignora a los otros. Vamos girando en un juego interminable de vidas que parecen valer vs vidas que valen.

Muy a la Judith Butler tenemos que darnos de frente con esa realidad que nos rompe el esquema y que nos posiciona en el abandono y la vulnerabilidad total, tenemos que entender que a final de cuentas no estamos siendo considerados dentro de ese demográfico que tiene un valor y peso específico para quienes deberían –teóricamente- garantizar el derecho más fundamental que el hombre tiene, ¡La Vida!

Pero estas dos caras de la moneda nos muestran una tercera que es aún más cruda; el de la capitalización de las demandas que hacen los distintos movimientos sociales, esta osadía que el sistema ha creado nos mantiene en un permanente espejismo que va más allá de la consciencia, porque han logrado eso, hacer de la consciencia un producto que puedes ponerte en forma de playera o pulsera, o promoción de 2x1 en su café Starbucks de preferencia para apoyar la causa.

¿Se acuerdan de Malala? Aquella niña también, que escapó de un horror en su país, horror al que le pusieron atención solo porque ella sobrevivió y encontró los medios para escapar, porque hay que ser sinceros, el problema ya existía antes de Malala, se hizo visible con Malala y volvió al anonimato cuando Malala se convirtió en un producto.

Ahí radica la crudeza de este asunto, algo pasa con los movimientos sociales que dan el latigazo y regresan al estado de reposo para después convertirse en una bandera inocua e insípida de una realidad que poco entendemos pero que reproducimos cada año con movilizaciones y gritos en las calles que también están vacíos ya.

Ahí radica la crudeza del asunto, el Neoliberalismo en su enorme capacidad de convertir lo que sea en algo vendible nos avienta hoy la posibilidad de hacer de la niñez una empresa bastante redituable, porque sí, ellos son el futuro del mundo, pero también son el futuro del sistema.

Aquello que comenzó con Malala se ha convertido en un efecto que trae ganancia incontables a quienes capitalizan las demandas sociales, creando así, tal vez, un nuevo campo del mercado que tal vez en poco tiempo coticé en la bolsa de valores, han sido tan inteligentes que ya nos metieron a todos en la economía de la catástrofe.

Y mientras escribo esto muchos afuera marchan desdibujando el 68, a los 43, a las mujeres que hizo visible Malala y todos aquellos que ofreció Greta en bandeja de plata tras aquel discurso. Porque contrario a lo que escribió Benedetti, en el capitalismo, la memoria está llena de olvido



Jorge Luis Oliva

Nacido en el hospital Magdalena de las Salinas al norte de la Ciudad de México el día 6 en el último mes del sacudido año 1985. En algo parecido a una especie de sentencia de corte esotérico al estilo “año de nacimiento es destino”, su vida ha sido así, temblorosa y sacudida, llena de dudas y respuestas. Con el paso del tiempo y tras un crecimiento, algo desesperado, el sujeto por el que se escribe esta semblanza abrió su mente a los libros qu...Leer más

Publicaciones recomendadas