En mi humilde opinión, por Eduardo Celaya Díaz



Eduardo Celaya 29/07/2019   02:53 p. m. Opinion-






Crisis en el entretenimiento

 

Bien decía Brecht que la crisis es ese período en el que lo viejo no termina de morir, y lo nuevo no acaba de nacer. Palabras más, palabras menos, Brecht tenía un muchito de razón al definir de esta manera la crisis. Lo vivimos en los llamados ‘Dark ages’, cuando el Imperio Romano de Occidente no terminaba de morir, y el Medioevo no terminaba de nacer, lo vivimos ahora en esta cosa que algunos llaman posmodernidad, otros transmodernidad, y la mayoría le llamamos vida cotidiana. Pero si no ponemos un poco más mundanos, está pasando también en la industria del entretenimiento de unos años para acá, y lo digo porque, si uno se acerca a la cartelera de cualquier sala de cine, o prende la televisión en casi cualquier canal, vemos más de lo mismo, y no lo digo en sentido figurado. Literalmente estamos viendo lo mismo de hace 20 años para acá.




Esta reflexión surge porque la semana pasada fui a ver el live-action de ‘El Rey León’, película que marcó mi infancia, pues vi el estreno en el cine, y confieso que no tenía muchas ganas de ver esta nueva versión, pero bueno, fui. Ahora, mi crítica a esta película no tiene que ver con que pretendiera ver una copia a calca de la que ya conozco desde hace años, de hecho, soy impulsor de hacer nuevas versiones de historias que ya conocemos, para enriquecerlas, claro. Pero lo que vi en la pantalla dista mucho de ser un producto que valga la pena. Chistes que no caen, personajes sin profundidad, malas versiones de canciones clásicas, omisiones de otras, y efectos y detalles melodramáticos que rayan en técnicas de la ‘rosa de Guadalupe’ (específicamente el feo zoom que le hacen a Simba al morir Mufasa). Por ello considero que es un producto malo, sin necesidad de compararlo con nada. Y es malo, porque tiene numerosas fallas de dirección. No hay otro argumento. La técnica y la animación son excelsas, los detalles, increíbles, y confieso que en varias ocasiones me robó el aliento al ver la belleza de los cuadros, pero nada más. Sin embargo, al final de la película me sentí robado, era un mal producto.

 

 


Fuente: scmp.com

 

Saco este tema a colación porque de unos años para acá hemos vivido inmersos en la era de la nostalgia en cuanto a cine se refiere. Refritos y más refritos, versiones de lo que ya conocemos, y no solo en cine, también en tele, en música y en teatro. ¿Es que ya se acabaron las buenas ideas? Lo dudo, pues hay muchos y muy buenos productos nuevos en el mercado del entretenimiento, pero se les da poca atención, precisamente porque son un riesgo de mercado, y es mejor apostar con todo el aparato mercadológico a lo que ya sabemos que va a gustar. Cierto es que aquellos que crecimos con esas expresiones pop queremos volver a verlas y que, además, ahora tenemos el dinero para ir a consumirlos cuantas veces queramos, junto con toda la mercadería que conlleva cada lanzamiento. Pero nos enfrentamos a otro problema, que los públicos ya no son los mismos, y esos productos están pensados para dos nichos de mercado, los nostálgicos y los nuevos. Los nostálgicos queremos ver lo mismo, con mejores recursos tecnológicos; los nuevos quieren ver historias que no conocen, pero enmarcados en discursos políticamente correctos. El resultado es una extraña mescolanza entre el ‘quedar bien’ y conservar lo que era.

Hoy tenemos una casi concluida nueva trilogía de la 'Guerra de las Galaxias', una princesa Jazmín empoderada, un Scar extrañamente no violento y hasta agachón, una Ariel negra… y muchos ejemplos más, que no terminan de agradar al público (aunque esta inconformidad es tema de otro escrito). Y a fin de cuentas seguimos con la misma fórmula, relanzar lo probado y exitoso, para no arriesgar mucho. Vamos, que hasta el Universo cinematográfico de Marvel es cosa probada en el mundo del cómic, exportada a un público más amplio.

 

 

Fuente: esquire.com

 

Creo yo que la razón de esta debacle de las ideas en el entretenimiento tiene raíz en los reality shows, que demostraron que los grandes productores no necesitan de los escritores para tener productos exitosos. Y de ahí se lanzaron a experimentar, jugando justamente con la fidelidad de los consumidores, llegando a extremos vergonzosos, como las últimas temporadas de 'Los Simpson', que personalmente creo que son bazofia (pun intended).

¿Estamos entonces, viviendo una crisis del entretenimiento? Creo yo que sí, pues seguimos consumiendo lo mismo desde hace 20 años, y lo peor es que lo hacemos, pues confieso que sigo yendo a las mismas obras de teatro, escuchando las nuevas versiones de canciones y viendo los remakes de películas ya conocidas. Hay más en el mercado, cierto es, pero también es cierto que somos víctimas de una mercadotecnia que más que nunca nos dice qué debemos consumir. Estamos en un panorama en el que el viejo régimen de consumidor no termina de morir, en una oferta claramente estructurada que nos hace creer que no hay más opciones, y una nueva dimensión de consumidor/productor, o podemos llamarlo usuario, que tiene plena libertad de decidir qué consume y qué no. Pero siguiendo a Brecht, estamos en crisis precisamente porque aquello no termina de morir, y esto no termina de nacer.



Eduardo Celaya

Comunicólogo e historiador que ha incursionado también en el mundo del teatro y la dramaturgia. Interesado por las construcciones de signos y las representaciones de la realidad en la vida cotidiana. Fundó el grupo de teatro independiente Un Perro Azul. Ha escrito varias piezas teatrales cortas, cuentos y ensayos de análisis e históricos.

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