ARTESANÍA POLÍTICA, por Jorge Luis Oliva



Foto: infobae.com

Jorge Luis Oliva 03/05/2019   12:00 a. m. Opinion-






 

Es 29 de abril, rondan las 18:00 horas, entre tanto pasa la cotidianeidad sobre mi ser leo una publicación en Facebook que me deja frío: Una alumna fue asesinada dentro de las instalaciones del CCH Oriente en la Ciudad de México, para ser mucho más exactos, fue en el aula donde estaba tomando clase. La información fluía y los rumores y las distintas versiones ya se comenzaban a ver, lo cierto es que no existía un comunicado de las autoridades universitarias y solamente podía fiarme de las publicaciones hechas en aquella red social, todo parecía indicar, sin embargo, que estábamos ante un caso más de asesinato en la UNAM.




Esto de inmediato me hizo parar todo y preguntarme ¿Qué jodidos está sucediendo? ¿Hasta cuándo? ¿Por qué motivo? ¿Cuántas faltarán? ¿Por qué el acostumbrado silencio? Era obvio que estas preguntas no serían contestadas de inmediato, es más, no serán contestadas –a quién engañamos-. No pude evitarlo, me llene de rabia y miedo, ya no estamos seguros en ningún sitio.

¡Entonces apareció!, como una especie de broma macabra, era una manta al más puro estilo de los carteles de la droga que rezaba así “29/04/19 EL DÍA SE ACERCA NO PODRÁN OCULTAR LA VERDAD” ¿A qué verdad se referían? ¿Quién coloco esa manta? ¿Dónde estaban las autoridades universitarias? No lo sabemos, aún hoy, con todo y comunicado, no sabemos dónde es que están.

Sin embargo, más allá del hecho innegable  esta la opacidad, esa que es normal, esa que se ha convertido en la respuesta institucional para este tipo de situaciones, y cualquier otra, es pues, el machote de un oficio que contesta y posterga todo. Ahí es justo donde se clava la rabia, en ese espacio que se está haciendo costumbre, porque ellos ya tienen listas sus mesas de diálogo y nosotros ya tenemos lista nuestra indignación, pero lo cierto es que sus “negociaciones” no nos regresan esa vida y mucho menos nos brindan la seguridad que necesitamos.

Ya en este punto cabe preguntarnos y preguntarles ¿Qué negocian? ¿Acaso la vida de Aideé? ¿Una rápida salida al conflicto que se les viene? ¿Un silencio cómplice que les permita hacer sin hacer? Ya son muchos los hechos, ya son muchas las muertes y los cuerpos encontrados en las inmediaciones o al interior de las instalaciones universitarias y no se recibe respuesta.

 

Aideé Mendoza. Foto: nacion321.com

 

Supongo, que el Rector a estas alturas ya debe estar coordinándose con quien tenga que coordinarse para salir a decirnos que se garantizará la seguridad en todos los planteles de la Universidad Nacional Autónoma de México, pero lo que el Rector no ve, o no alcanza a ver, o simplemente no quiere ver es que hay una sola cosa que le impide que le creamos, esa cosa es la corrupción. Esta gran madre de las desgracias ya ha mordido todo en esta rota y descompuesta sociedad, todos los que hemos pasado por sus aulas hemos visto infinidad de cosas que suceden a los ojos de esas “autoridades”, desde aquellos que sobornan profesores para obtener calificaciones, hasta los vigilantes que están en contubernio con las bandas de delincuentes que aterrorizan todo el campus central ¿De verdad no sabían que vendían droga en la FFyL? –sin caer en el estereotipo.

Pero bueno, no nos perdamos, Aideé Mendoza, -así se llamaba- fue asesinada frente a sus otros compañeros y profesor mientras tomaba clase en el Edificio P del CCH Oriente y no fue hasta el día de hoy que se le dio reconocimiento a ese hecho. Sus compañeros de inmediato se organizaron y emplazaron a una asamblea para tomar acciones frente al increíble hecho que todos habían vivido tan de cerca, ellos, los alumnos ya saben cuál es y será la respuesta institucional, por eso es que piden hablar con otras autoridades, -aún tienen la esperanza deque se pueda resolver esto por la vía de las instituciones- Por eso, se han organizado y han decidido solicitar el apoyo de la comunidad universitaria que seguramente saldrá a hacerlo con fuerza y decisión.

No minimicemos, no se trata solamente de Aideé Mendoza, se trata de las que estuvieron antes que ella y de  las que seguramente vendrán, porque hay que decirlo, todos gritamos justicia con la plena conciencia de que esto no acabará ahí, gritamos justicia sabiendo que en muy poco tiempo sabremos de alguna otra chica a la que secuestraron saliendo de sus clases, gritamos justicia con la impotencia de saber que nadie estará seguro jamás.

 

Foto: elsoldemexico.com.mx

 

Muy seguramente esos estudiantes llenarán de nuevo las calles para manifestar su inconformidad y su miedo, pero sobre todo su rabia contra aquellos que deben garantizarles el más inalienable de los derechos, el de la vida. Y muy seguramente ahí estaremos muchos de nosotros, porque resulta que Aideé es el reflejo de muchos y muchas que no tienen nombre o rostro, que pasan ante la justicia como una tal y genérica “María N”. Saldremos seguramente con ellos una vez más con la esperanza y la vida colgando de un hilo, mirándoles directamente a los ojos para exigirles que hagan su chamba, que ya no queremos que nuestros lugares, nuestros espacios de crecimiento se vean violentados de esa manera.

El asunto no es solamente Aideé, el asunto es que nos estamos matando y las autoridades solamente responden en el ámbito que la burocracia les permite y les concede, porque salirse del procedimiento y de la norma en casos como este pude representar un riesgo para su comodidad y su confort, y vaya, no es mucho lo que les pedimos, solamente un poco de humanidad, ni más, ni menos. Y bueno, ya entrados en gastos, garantías de vida.

Hoy más que nunca se nota una separación entre el México que ellos ven y el que nosotros vivimos, porque ellos nos manejarán un avance en las acciones contra la delincuencia pero para citar a nuestro Presidente “nosotros tenemos otros datos”, Aideé les daría uno pero ya no puede.

Y mientras las cosas vayan por esa ruta es menester preguntarnos todos:

¿Cuánta impotencia debe recorrernos para saber que a nuestra raza le están matando el espíritu?



Jorge Luis Oliva

Nacido en el hospital Magdalena de las Salinas al norte de la Ciudad de México el día 6 en el último mes del sacudido año 1985. En algo parecido a una especie de sentencia de corte esotérico al estilo “año de nacimiento es destino”, su vida ha sido así, temblorosa y sacudida, llena de dudas y respuestas. Con el paso del tiempo y tras un crecimiento, algo desesperado, el sujeto por el que se escribe esta semblanza abrió su mente a los libros qu...Leer más

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