No es el sexismo, es el cinismo



Fuente: yucatan.com.mx

Eduardo Celaya 29/11/2018   04:34 p. m. Opinion-






El día nos recibió con una chulada de noticia (es sarcasmo): el próximo director del FCE, una de mis editoriales favoritas, dice con todo orgullo en un evento de la FIL de Guadalajara… bueno, ya todos sabemos qué dijo. Y no, estimado lector, no me da miedo repetirlo, quien me conoce sabe que me sé esas y otras expresiones de la cultura popular, pero creo innecesario repetirlo. La indignación no se hizo esperar, sobre todo porque dicho personaje nunca ha sido, ni será de mi agrado, y la noticia de su presunto nombramiento jamás me pareció buena idea. Y también dirán, y tú quién eres para opinar, pues nadie realmente, pero si ya está usted leyendo esto, al menos permítame continuar.

La noticia corrió como pólvora, sobre todo por haber sido escupida dicha frase en uno de los eventos culturales más importantes del país. Twitter se llenó la boca, o los dedos, criticando y defendiendo, porque al parecer seguimos viviendo en un mundo de buenos y malos, sin punto intermedio. Facebook se llenó de memes, incluso hice uno yo mismo, y las conversaciones giraron en torno a las floridas palabras del citado personaje. Lo que empecé a notar, también, fue que toda la crítica que se dijo rondaba un tema: el sexismo, machismo y homofobia de Taibo en su frase célebre. Y sí, obviamente es una frase cargada de contenido sexual, humillante, represor, machista y asquerosamente violento, eso nadie lo niega, pero creo que esto va más allá de un albur o una frase jocosona (de nuevo sarcasmo) de quien podría llegar a tener un puesto sumamente importante en nuestra cultura nacional.




No estamos hablando de machismo o de albures, pero para nada. Lo verdaderamente repulsivo de su frase es el cinismo con el que la escupió, fue ver esa sonrisa llenándose de orgullo y poder cuando nos dijo, en otras palabras, “háganle como quieran, se va a hacer nuestra voluntad”. Y bueno, eso sería esperable de la administración que está a punto de salir de funciones: esos que se van, esos que, cada que se les descubría una nueva, salían a los medios a callarnos. El problema es que, lo queramos o no, todos tenemos un pequeño dejo de esperanza de que los próximos años algo vaya a cambiar, no sé exactamente qué, pero todos tenemos una veladora prendida, en lo más profundo de nuestra ingenuidad, por que haya un cambio. Pero todo parece indicar que vamos a seguir igual, solo con diferentes rostros.

Pero regresemos con los salientes. Y repito, esos, que cuando desaparecieron 43 estudiantes (entre muchos otros miles de personas), salieron a decirnos que dejáramos de estar jodiendo, que ya lo superáramos; o aquella vez cuando se supo de la gran mansión en las Lomas, conseguida con quién sabe qué dinero, cuando alguien salió a decirnos que dejáramos de molestar, que ella no era funcionaria pública y que, por tanto, su vida y sus ingresos no nos interesaban en lo más mínimo; o cuando cierta pseudo reportera de espectáculos nos quiso ver la cara de imbéciles, diciéndonos que los cambios en la economía nacional e internacional no nos afectaban, porque pues de todas maneras somos pobres; o de cuando… Pues usted piense cuántas más llevan. Y todo esto transformó a este sexenio, que está por terminar (a dios gracias) en el peor, a mi parecer, de toda la historia del México independiente, con una horda de rateros corruptos y cínicos, que no solo nos robaban, no solo eran descubiertos, sino que salían a regañarnos porque habíamos tenido la osadía de enterarnos de sus porquerías.

 

 

Fuente: laopinionpuebla.com

 

Regresemos entonces al tema que nos reúne: Taibo. No, no soy su fan, no me agrada, no se me hace “chistoso”, ni siquiera lo considero buen escritor, pero en fin, se le quiere dar un puesto sumamente importante. La cosa es que, por ley, no puede ocupar ese puesto, pero por razones que ahora no conocemos, se está arreglando todo para que lo ocupe. Y es ahí donde sale con su frasesita, a decirnos a la cara que ya se decidió, que le hagamos como queramos, porque así va a ser, y al que no le guste, que se calle. Y nos alburea. Y nos insulta. Y se burla en nuestra cara, con cámaras tomando su rostro, con micrófonos captando su voz, con la atención de la nación sobre él. Y lo dijo, y se divirtió, y lo disfrutó. Porque sabe que así son las cosas, y así han sido, y así funcionan. Porque si aquella mujer logró salirse con la suya, con esa casa blanca, él también va a poder.

Y leo en Twitter que no nos indignamos con los feminicidios, ni con la casa blanca, ni con los desaparecidos, ni con el socavón, ni con Odebrecht, pero con esto si. Que manera tan simple de ver la vida, no, tan simplona. Si nos indignamos, y salimos a reclamar (personalmente tomé una bandera, en alguna ocasión, y me fui a gritar y a llorar a Reforma, porque la rabia era demasiada). No se resolvió nada, claro, porque el pueblo no tiene el poder, pero nos indignamos, y seguimos sintiendo una profunda tristeza de ver que el poder del pueblo es nulo. Pero también nos indigna que nos vean a la cara, a los ojos y nos traten como imbéciles, que se burlen de nosotros y se rían en nuestra cara. Y no me espanta el albur, no me espanta el chiste fácil, la vulgaridad gratuita. Me horroriza sobremanera que lo sigan haciendo, pero me horroriza más que no nos demos cuenta de lo que pasa. Que critiquemos un albur por ser sexista, y no por ser una ofensa a nuestra dignidad. Porque entonces si podemos tragarnos eso de que el ataque a una funcionaria fue violencia de género, porque es mujer. Porque entonces las cosas serían muy sencillas, y si algo he aprendido de la vida es que es todo, menos sencilla.

Así que no, no estamos hablando de misoginia, ni de homofobia, ni de violencia machista (que la hay). Estamos hablando de cinismo, uno enfermizo, virulento, uno que nos mata poco a poco el alma, porque nos dice una y otra vez que no somos nada, y que dejemos de estar chingando.



Eduardo Celaya

Comunicólogo e historiador que ha incursionado también en el mundo del teatro y la dramaturgia. Interesado por las construcciones de signos y las representaciones de la realidad en la vida cotidiana. Fundó el grupo de teatro independiente Un Perro Azul. Ha escrito varias piezas teatrales cortas, cuentos y ensayos de análisis e históricos.

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