De Roma a la Nueva España



Foto: tispain.com

David García 16/09/2018   12:00 a. m. Deportes-De todo un poco







Puede ser definida como deporte; algunos la consideran un rito, una festividad, una tradición digna de ser catalogada como un arte; para otros, es el acto que encarna el dañino placer que puede llegar a tener el ser humano por el sufrimiento y la violencia. Sin importar que se esté a favor o en contra, no se puede negar que la tauromaquia ha logrado consolidarse como uno de los espectáculos más destacados en la historia de México.

Para darnos cuenta de su importancia, basta con mencionar que en 2011, el deporte taurino fue declarado patrimonio cultural inmaterial del estado de Aguascalientes y, a partir de ese año, diversos estados de la República le han otorgado la misma distinción; además, la Ciudad de México es la sede de la plaza de toros más grande del mundo: la Monumental Plaza México.




Ante esto, vale la pena conocer diversos detalles sobre el origen de la fiesta brava en nuestro país.

Las corridas de toros forman parte del legado español heredado durante la época del Virreinato de la Nueva España, etapa comprendida de 1521 a 1821.

 

Herencia romana. Foto: celtiberia.net

 

Por su parte, el fervor taurino en la península Ibérica nació con el establecimiento del antiguo Imperio Romano en dicho territorio durante el primer siglo de nuestra era. Para los romanos, la sangre del toro era fuente de fuerza y fortuna, por lo que solían sacrificarlos en honor a sus dioses y, posteriormente, bañarse con su sangre.

Durante la Edad Media, el sacrificio adquirió diversos elementos que le brindaron un aspecto festivo y tradicional ligado a las ceremonias nupciales. Era costumbre que el novio y algunos de sus amigos ataran un toro por los cuernos y lo hicieran correr hasta el hogar de su prometida (de este acto surge el término “corrida”). Para que el toro no desistiera de continuar en el camino, era provocado con las capas que portaban los hombres para el evento nupcial; una vez situado en casa de la novia, el animal era asestado con dos banderillas cuya decoración corría a cargo de la prometida, dando paso a lo que sería su muerte.

Como se puede apreciar, los elementos utilizados en esta ceremonia constituyen la base de las actuales corridas de toros, mismas que comenzaron su camino como espectáculo popular aproximadamente en el siglo XIV, convirtiéndose en el deporte nacional hispano.

El arribo de la tauromaquia a México se dio cinco años después de la conquista de México-Tenochtitlan por parte de los españoles en 1521. Con la llegada de los primeros ejemplares taurinos a territorio novohispano, provenientes de las Antillas, se celebró la primera gran corrida de toros de la Nueva España en 1526, siendo los protagonistas del ruedo los señores peninsulares; al paso del tiempo, los criollos y los indígenas también fueron involucrados en la fiesta brava.

 

Miguel Hidalgo, torero aficionado. Foto: verne.elpais.com

 

Las autoridades virreinales, y en ciertas ocasiones diversas instituciones académicas, fomentaron la creación de tablados para que cada corrida fuera apreciada por un gran número de espectadores, y los motivos para llevarlas a cabo iban desde una fiesta patronal, hasta la recaudación de fondos para la beneficencia y la obra pública.

Actualmente, la tauromaquia ha logrado prevalecer como parte de la cultura mexicana por más de cuatro siglos y, sin duda y por todo lo que representa, seguirá siendo objeto de placer y de debate por mucho más tiempo.

 

 



David García

Licenciado en Ciencias de la Comunicación y, pues ya. Un poco de historiador, analista deportivo, redactor y fotógrafo por obra y gracia de los libros, la televisión y los tutoriales de YouTube. En cuanto a reconocimientos, no ha obtenido ninguna medalla al mérito universitario, pero sí bastantes al “ya merito”. Instagram: @visioncdmx

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