Sobre Enemigo del pueblo, y la democracia



Foto: mexicoescultura.com

Eduardo Celaya 28/07/2018   10:54 a. m. Opinion-






 

Visitar un recinto teatral mantiene la imagen de ser un ritual mágico, en el que experimentaremos emociones y sentimientos de manera intensa, identificándonos con personajes, viviendo la catarsis en su máxima expresión, a veces derramando una lágrima, riendo a carcajadas, y también a veces, llevándonos una reflexión sobre nuestra propia vida. La semana pasada tuve el gusto y, en verdad, el honor, de tener una de las mejores experiencias teatrales de mi corta pero sustanciosa vida. Visité el Centro Cultural del Bosque para ver un reestreno muy esperado por mí, ni más ni menos que de mi dramaturgo favorito: Enemigo del pueblo de Henrik Ibsen bajo la dirección y adaptación de David Gaitán, producción de la Compañía Nacional de Teatro.




 

Mencionar a la Compañía Nacional es casi una garantía de un buen trabajo escénico. Confieso que no he visto muchos de sus trabajos, a pesar que acudir a sus funciones es en extremo sencillo, y a veces gratuito. He visto de ellos, entre otros trabajos, las Homéridas y Noche y Niebla, ambos trabajos muy bien logrados y con una excelencia en todos los aspectos técnicos y artísticos, que uno puede entregarse a la apreciación de la puesta en escena sin más distracciones. Sin embargo, el trabajo de Gaitán adaptando al dramaturgo noruego es, sin duda, de los mejores trabajos que he podido apreciarles. ¿A qué viene tanto halago?, preguntarán ustedes, si no tengo acciones en la compañía, ni siquiera me conocen como reseñados o columnista de opinión. Pues para empezar, tuvieron la osadía de adaptar a uno de los más grandes dramaturgos del teatro moderno occidental, sino que además, lo hicieron de forma soberbia.

 

 

La historia de Enemigo del pueblo aporta en sí misma un amplio campo de exploración. No es novedad que Ibsen trate un tema específico, lo llene de personajes memorables, fuertes, increíblemente apasionados, y al mismo tiempo, juguetes del destino y las fuerzas ajenas, y que nos entregue una reflexión profunda y muchas veces dolorosa de nuestra propia realidad. Pero el trabajo que hizo Gaitán, aunque en un principio pueda parecer grosero e irrespetuoso de todo lo que Ibsen representa, a lo largo de la función demuestra simple y sencillamente el conocimiento de este experto de la escena sobre lo que hace: teatro.

 

Al iniciar la función se hace una petición al público, participar de manera activa, activando una pistola de juguete que escupe burbujas de jabón cada vez que el personaje principal realice acciones que puedan considerarse reprobables. Y se hace una indicación más, lo reprobable será lo que nosotros consideremos que lo sea, nada más. Me pareció un experimento muy interesante y atrevido, que incluso nos dice mucho sobre lo que consideramos virtuoso o viciosos en acciones y palabras de un personaje. No me sorprendería que algún investigador tome este experimento para obtener información valiosa sobre nuestra sociedad contemporánea. Y probablemente sea este mismo hecho, así como los trazos cuasi fársicos y el tono cómico que toma la obra en las primeras escenas lo que provocó que un espectador, en funciones pasadas, se levantara de su asiento y exclamara que eso no era Ibsen, viéndose obligado a ser retirado de la sala para continuar la función. Permítame decirle algo, anónimo espectador de quien escuché, el trabajo de Gaitán y la Compañía Nacional es todo Ibsen. Sólo que tenía que quedarse a ver toda la función para darse cuenta.

 

Foto: mexicoescultura.com

 

También podemos ver, a lo largo de la función, la importancia de la retórica y el papel de la verdad y el ámbito económico y político en nuestra vida cotidiana. ¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad, como miembros de una sociedad, de defender la verdad por sobre todas las cosas, incluso sobre la voz de las mayorías? Pequeños detalles como el arreglo del personaje del Alcalde, en contraste con el mal vestido doctor, el nombre del periódico que juega un papel crucial en la historia “La voz del pueblo”, o los lentes que un personaje regala a otro, a modo de manipular su visión, hacen que esta historia sea profundamente actual, a pesar de haber sido escrita a finales del siglo XIX. Sin embargo, el factor que más hizo retorcer mis entrañas de remordimiento y dolor es el discurso final del personaje principal, en el que, más que defenderse de la desaprobación general, nos demuestra que al asumirnos como mayoría con voz de verdad, nos olvidamos de lo que es verdadero, benéfico y solidario para con nosotros mismos y con la realidad. No es extraño que Ibsen, al ser vituperado en todos los periódicos de su época por escribir obras tan incendiarias como fueron Casa de muñecas y Espectros, haya compuesto una pieza en donde mostró todo su dolor al ser rechazado y atacado simplemente por decir la verdad.

 

 

Finalmente, me disculpo si mi emoción ha nublado mi capacidad expresiva, pero es que, querido lector, tienes que ir a ver este trabajo, que más que conmover, busca hacernos razonar. Llevándonos de la risa a la comedia física, pasando por una bonita historia de amor truncada por factores externos, nos hace pensar sobre el lado en que estamos realmente, sobre si apoyamos la verdad y la razón, o nos dejamos llevar por lo que las mayorías dicen, por lo que los líderes opinan, por lo que las masas ejecutan. ¿Cuántos mártires de la verdad no hemos ejecutado ya, escudándonos en tener la razón de las mayorías, e incluso, cuántos de ellos seguimos considerándolos enemigos del pueblo? Pero sobre todo, ¿hasta cuándo estamos dispuestos a seguir repitiendo lo que nos dicen, sin detenernos un momento a razonar?

 

Enemigo del pueblo

De Henrik Ibsen

Versión y dirección de David Gaitán

Producción de la Compañía Nacional de Teatro

Del 21 de julio al 12 de agosto

Jueves y viernes 20:00 horas

Sábado 19:00 horas

Domingo 18:00 horas

Teatro del Bosque, Julio Castillo

Centro Cultural del Bosque

 



Eduardo Celaya

Comunicólogo e historiador que ha incursionado también en el mundo del teatro y la dramaturgia. Interesado por las construcciones de signos y las representaciones de la realidad en la vida cotidiana. Fundó el grupo de teatro independiente Un Perro Azul. Ha escrito varias piezas teatrales cortas, cuentos y ensayos de análisis e históricos.

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