Qué saben ellos, Lio



Foto: El Economista

nombre apellido 23/06/2018   12:00 a. m. Opinion-






 

Leo la prensa, Lionel, luego de ese terrible tres a cero. Cada diario deportivo, cada cabecera de deporte tenía una foto distinta del desastre. Tu cara era la decepción humanizada. La frustración hecha pelota.




Me conmuevo, Lio, y más porque te vi perder, gol tras gol, y debo confesarte que me salí de la cantina luego del último. No pude soportarlo más. Me duele, Lio, sobre todo porque tras cada anotación croata, mis compatriotas gritaban desesperados.

Parecen contentos con tu fracaso. No puedo evitar pensar en una gran amiga colombiana que, previo al partido de Colombia contra Japón, me preguntó si los mexicanos apoyaban a Colombia. Le dije que yo le iba a su país por el cariño que le tengo a ella, pero no fue suficiente. No, en serio, me dijo, ¿no le van a Colombia como por un instinto de hermandad latinoamericana? Pensé un momento la respuesta y le dije que sí, que quiero creer que sí. Que América latina es una sola y era momento de comportarnos como tal, ser festejo de unidad.

 ¿Cómo le explico ahora, Lio, esos gritos eufóricos en tu contra? Pecho frío, te llaman. Te comparan con Cristiano, te hacen memes. La gente no puede evitar compararte. Tienen esa recalcitrante necesidad. Los humilla la grandeza, Lio, no tengo ninguna otra explicación. Les molesta tu humildad. Te comparan con Dios. Se preguntan por qué no lanzas rayos, por qué no sacrificas uno de tus ojos por sabiduría futbolística. Olvidan que eres un mortal, se van por el chiste fácil. A final de cuentas, lo único que queda eres tú, con el rostro desencajado. No sabes ni a donde mirar. Tu mirada perdida no estaba más en el balón, estaba centrada en un punto inalcanzable. Julio es lejano para ti.

Te veo cansado, derrotado, pero no es tu culpa, Lio. Si te escribo es porque eres un mortal, aunque luego se escriba mitología sobre ti. Pienso en aquel cuento, el del hombre-perro, que circuló por YouTube. Ni siquiera tengo que ver el video porque casi me lo sé de memoria. ¿Sabes qué pasa, Lio?, que te obligaron a pensar el fútbol. Alguien te dijo: boludo, ya no tenés veinte. Es tu último tren. No jugarás al póker con Maradona, con Pelé, repitiendo una y otra vez tus hazañas. Alguien puso un peso gigantesco en tu espalda. Quieren que seas Argentina.

 

 Foto: El Mundo

 

 ¿Quién puede cargar con los egos de un país como ese sobre sus hombros? Todas las frustraciones están sobre ti. Eres culpable de todo. Tú sólo querías jugar al fútbol, ir detrás de esa pelota sin importarte nada. Querías llevar el balón debajo de tres palos una y otra vez, incansablemente. Esa portería ahora se te borra, estás obnubilado porque te gritan, te exigen, quieren que los llenes de una gloria que para ti no era nada, hasta ahora, con más de treinta, con el rostro de niño desaparecido y tratando de enfocar el gusto por el juego.

¿Qué puedes hacer tú con las patadas arteras de Otamendi? Le exigen liderazgo a un hombre tímido cuyo carácter radica en no dejarse caer nunca. Pero, ¿ahora cómo te levantas? Y te veo, Lio, tirado. No te quieres levantar. No encuentras la forma. Yo te lo digo: olvídalo todo. Olvida la gloria que otros anhelan. Vuelve al juego, a los ojos fijos en la pelota.

Olvida los gritos de los argentinos, olvida los insultos en las redes sociales, el chiste fácil, la carcajada que proviene de la mediocridad, olvida las comparaciones, olvida a Cristiano, olvida a Maradona. Olvida dónde estás. En loos noventa minutos contra Nigeria, necesitas enfocarte en el balón y ya. Que se vayan al carajo todos.

No prestes oídos a los que dicen que debiste jugar para España. ¿Qué saben ellos? La mayoría no pueden ni siquiera elegir con qué papel de baño limpiar sus culos y sus bocas, cuando te avientan tanta mierda de ambos lados. Sé que es difícil, que te obligaron a madurar, a pensarlo todo.

 

Foto: El Confidencial

 

Y no te digo todo esto como hermano latinoamericano, como le habría gustado a mi amiga colombiana. Te lo digo, aunque no lo leas, porque gracias a ti recobré el amor por el fútbol. Cuando vi el gol que anotaste luego de un pase de Ronaldinho supe que el deporte no volvería a ser igual.

La gente dice que si no ganas el Mundial, no serás el mejor jugador de la historia. La puta que los parió, Messi. Ellos no saben nada. Y no tienes que demostrarle nada a nadie.

Hace unos días, mi hermano me contó que mi sobrino le dijo que deseaba que me arreglaran el ojo malo, porque así podría jugar en la selección, que sería uno de los mejores de México. Para el resto del mundo, Lio, eso es una gran mentira. Todos se burlarán. Si fuera famoso, me harían memes. Pero para mi sobrino esa es una verdad rotunda.

Bueno, Lio. Así soy yo contigo. ¿A mí qué me importa si ganas el mundial o no, si debiste estar con España, si Cristiano se agiganta ante tu desesperación? ¿A mí qué me importa que estés junto a veintidós compatriotas que no sienten el peso de la camiseta que les cubre las miserias? No me importa el resultado, ni el juego, ni los goles en contra, ni los gritos de mis compatriotas, ni el honor latinoamericano.

Me importa un huevo todo eso, Lio. Yo sólo te pido que, los siguientes noventa minutos, se te vuelva a perder la mirada en la pelota y no descanses, Messi, que no te caigas, hasta que esté dentro de la portería. Y entonces, Lio, sólo entonces, podrás callar las bocas, sabrás a que sabe el silencio en torno a ti.

Y aunque pierdas, pulga, para mí eres el mejor jugador de la historia.



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Estudió Ciencia Política en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Comenzó a escribir para un pequeño periódico celayense llamado Masiosare. Participó en el taller de literatura Tormenta en el tintero. Ha adaptado libros clásicos para niños. Colaboró con un poema en la antología R-15, proyecto cultural de Infraarte y la revista Argot & Aisthesis. Fue coordinador de la sección de política de la revista digital Contratiempo, y tam...Leer más

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