El derecho de matar



Jaime Bayly, autor de “Morirás mañana...”. Foto: perfil.com

nombre apellido 09/06/2018   12:00 a. m. Opinion-






Siempre es difícil comenzar a escribir en un lugar nuevo, porque uno nunca sabe las preferencias de sus lectores. Sin embargo, no me importa. Umberto Eco dice que uno fabrica a sus lectores, así que quien lea esto fue creado por mí, y su existencia siempre fue un fiasco hasta el momento en que se topa con estas letras. Su vida comienza ahora. Ya que mencioné a Umberto Eco, él, durante muchísimos años, escribió artículos de opinión semanales y, cuando comenzó a escribir su columna, le advirtió a su cliente que escribiría sobre lo primero que pasara por su mente. Prácticamente sería un diario en el que hablaría absolutamente de todo sobre lo que tuviera algo que decir. 

 




Foto: eluniversal.com.mx

 

 Lo primero que tengo para decirles es que estoy leyendo un libro muy extraño. Se llama “Morirás mañana: el escritor sale a matar”. El autor es un peruano, con una prosa no muy buena, pero está bien escrito. Es el primer libro de una trilogía y, a menos que al final mejore, no terminaré de leerla. La premisa es interesante, pero no sé, hay algo que no me termina de gustar. Pero ahí les va la premisa sin riesgo de spoiler: un escritor está a punto de morir porque le detectaron un tumor en el cerebro y tiene, a lo mucho, seis meses de vida. Él decide que tiene cinco enemigos que no merecen vivir después de su muerte. Las cinco personas que no quiere que le sobrevivan son enemigos que se fue grajeando desde hace mucho tiempo. El primero de ellos es un crítico literario que hizo pedazos sus libros por envidia. Es extraño que alguien quiera matar a un crítico por ese motivo, si el protagonista del libro tuvo muchísimo éxito con los libros que escribió. En fin, el segundo es un sujeto que presidió un concurso de novelas, cuyo ímpetu sexual decidió darle el premio a una mujer a la que se quería tirar, sin haber leído su novela, ni la del protagonista. El tercero es un editor de un periódico barato que decidió que la columna del escritor no era lo suficientemente buena para estar en la sección de cultura, así que la pasó a la de espectáculo, y luego decidió quitarla a pesar de que el protagonista le dijo que no le importaba si le pagaban o no. Al final, el director del periódico decide darle un año sabático. El cuarto al que asesinaría es un sujeto editor que publicó los libros del escritor pero luego decidió timarlo y reimprimir ediciones valiosas sin darle la más mínima regalía, haciéndose multimillonario a expensas de las letras. La quinta es una examante que decidió traicionarlo para irse con el editor.

Y ustedes se preguntarán: ¿por qué este tipo del que nunca he oído hablar en mi vida está hablando sobre un libro escrito por un peruano del que tampoco he escuchado nada en la vida? No lo sé, la verdad es que quedé que tenía que subir un artículo cada semana, eso fue hace dos días, y sacarse un tema de la manga está difícil a menos que decida escribir sobre lo que estoy leyendo. Aunque, no se preocupen, todo esto tiene una lógica. Les menciono este libro porque creo que Javier Garcés, el protagonista del libro, es un sujeto representativo del narcisismo moderno. El filósofo Slavoj Zizek, en su libro En defensa de la intolerancia, menciona en cierta parte que he estado buscando incansablemente pero no estoy en mi casa y estoy escribiendo esto desde una reunión con mis amigos, que el narcisismo no moderno, sino posmoderno, nos ha hecho hiper sensibles. Nuestra individualidad ha llegado a un grado en que cualquier cosa que nos haga se puede expandir al sufrimiento mundial. Nosotros, como individuos, somos entes representativos de la miseria humana. Lo que vivimos y sufrimos desde nuestra individualidad, puede ser sujeto de hacerse macrosufriente. Somos tan narcisistas ahora, que nos creemos con el derecho, como el escritor, para matar a personas que nos han hecho cosas que a la vista de cualquier persona externa podrían parecer irracionales, pero para uno, al que le están sucediendo, pueden parecer motivos suficientes de venganza. El individualismo posmodernos nos orilla a pensar que lo que nos sucede es suficiente para creer que todo el mundo sufre de lo mismo. La hipersensibilidad individual, de este modo, funciona como una extensión del yo hacia los otros. Si yo sufro, tú también debes hacerlo. Yo, como ente sufriente, soy representativo a gran escala del sufrimiento humano. Si no lo sientes así, estás mal. Tienes que sufrir lo que yo, pensar lo que yo, si no, eres política y socialmente incorrecto. Eres un insensible al pesar humano. Es el boom moderno. Lo curioso es que es un sufrimiento generalizado. Si no compartes el dolor, te quedas fuera del juego humano. Pero yo, como decía el buen Woody Allen, y lo parafraseo: ¿Narcisista yo?, de todos los dioses griegos, Narciso sería el último con el que me identificaría –¿con quién te identificarías, entonces?- Con Zeus.

 



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Estudió Ciencia Política en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Comenzó a escribir para un pequeño periódico celayense llamado Masiosare. Participó en el taller de literatura Tormenta en el tintero. Ha adaptado libros clásicos para niños. Colaboró con un poema en la antología R-15, proyecto cultural de Infraarte y la revista Argot & Aisthesis. Fue coordinador de la sección de política de la revista digital Contratiempo, y tam...Leer más

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