Margarita, yo te creo



Foto: plumasatomicas.com

Eduardo Celaya 17/05/2018   01:37 p. m. Opinion-






 

El día de ayer yo, como muchas personas en el país, nos encontramos con la sorpresa que Margarita Zavala renunciaba a su candidatura independiente a la presidencia de la República. Evidentemente, las especulaciones no tardaron en crearse en mi cabeza y en las conversaciones que sostuve con mis padres, amigos y compañeros de trabajo. Los memes comenzaron a circular y a inundar mi celular, pero en esta ocasión, no me dediqué a compartirlos o a armar galerías en mi Facebook, como es mi sana costumbre. Ahora, estuve pensando todo el día, y esperando con ansia las 11 de la noche, para ver Tercer Grado. Sí, estrategia inteligente de Televisa, pues al soltar tremenda noticia, aseguraban la audiencia de un importante sector de la población, que no todo (por desgracia), y confieso que conmigo funcionó.




Conversé con mi madre (“¿le habrán encontrado algo y por eso dice que es un asunto de congruencia política?”), con mi compañero de oficina (“a fin de cuentas eso es la política, hacer alianzas, como lo hizo Porfirio Díaz”) y con amigos (“¡ese meme sí me gusta, matarile-rile-ron!”), pero al final del día, seguía con la duda: ¿por qué lo hizo, justo en este momento, antes del segundo debate?

Finalmente, la esperada hora llegó, y me acomodé en mi mullido sillón a ver la tele. Me encantó que lo primero que se dijo fue precisamente lo que ya había escuchado de boca de la misma Zavala, su renuncia. Lo que me intrigaba sobremanera eran sus razones, porque a lo largo de todo el día yo ya había creado un gran número de escenarios posibles, pero no quería casarme con la idea de ninguno. La cara de los periodistas que la cuestionaban lo decía todo, la misma cara que probablemente puse yo al enterarme. Y entonces fue que mi percepción de esta persona cambió radicalmente.

En primer lugar, contestaba. Porque sí, al parecer es de admirar que un político o candidato conteste a las preguntas que se le hacen, y no responda en una elaborada pseudo retórica de tres pesos, o repita una y otra vez un slogan de campaña. Contestaba a lo que se le preguntaba, y tal fue su disposición, que le llovieron preguntas, más de las que podíamos procesar, y varias quedaron tal vez en el aire, pero otras muchas más se resolvieron. Vamos, que a fin de cuentas, la razón era simple y llana: no tenía posibilidad alguna de ganar, por lo que entonces, no es comprensible seguir en la lucha. Muchos pensarán, pero entonces dónde está la perseverancia, el arrojo, la valentía, si no se sigue luchando. Yo les pregunto: ¿qué prefieren, raparse al notar que las entradas siguen avanzando, o adoptar el infame peinado de quesillo Oaxaca?

Segundo, Zavala dejó ver, ahora sí claramente y con todas sus letras, algo que todos ya sabíamos, pero nadie se atrevía a decir. El sistema partidista está muerto, enterrado, probablemente hasta carcomido por los años, pero extrañamente seguimos yendo los domingos a su casa a comer con él. No escondo mi indignación cuando el PAN se alió con el PRD, o cuando Morena dijo estar alineado con las retrógradas ideas del PES (del Verde ni comento, eso es un chiste que, de tan contado, perdió la gracia). Pero a fin de cuentas, seguíamos creyendo en que uno es de derecha, el otro de izquierda, el otro es más de centro, pero este es ciudadano, y este se acerca más a mis ideales y valores. Pero no, Zavala lo dijo claro, el sistema partidista ha muerto. Sin embargo, todos fuimos testigos de las trabas que se les impusieron a los independientes, de tal forma que sólo personas que antes pertenecieron a partidos políticos, pudieron siquiera rozar la candidatura independiente. No podría imaginar el gran esfuerzo que habría significado para un simple mortal como yo, el reunir esa cantidad de firmas, además de juntar para la renta y el pago del celular.

Y a fin de cuentas, ¿no es eso lo que todos clamamos, como ciudadanos, un cambio en el sistema político? Pues díganme ingenuo si gustan, pero ayer le creí a Margarita, y aunque nunca pensé que podría llegar a la presidencia, ahora digo que concuerdo con lo que dijo, que hay que dejar de hacernos idiotas solos (que tenemos maestría para ello) y ver las cosas por lo que son. Que si vas a perder, de nada sirve seguir en la lucha, que si te cuestionan una y mil veces algo que no quieres contestar, no tienes la obligación de hacerlo (tampoco diré por quién voy a votar), y sobre todo, que la política no es labor exclusiva de la mal llamada “clase política”, sino una actividad diaria de cada uno de nosotros. Votar es parte de, sí, pero no es todo. La política es cosa de todos, de cada día, y no significa salir a las calles a quemar patrullas, sino tener una postura propia, crítica e informada. No creerme lo que me dicen, sólo porque el que me lo dice afirma que es la verdad. También hay que aprender a pensar.

Entonces, como conclusión, dejo esta idea. Si bien Margarita no pudo, al menos lo intentó. No sé si en el futuro vaya a fundar su propio partido, se lance de nuevo, o vaya a salir con alguna babosada de la que nos avergoncemos, pero la Margarita que vi ayer en la tele, trabándose al hablar y lo que quieran, al menos tenía en claro lo que quería hacer. Y a fin de cuentas, ¿no se trata de eso la vida? Porque yo no sé ustedes, pero a mí me gusta pensar por mí mismo, y no porque así me dijeron en el salón de clases. Bien por ese pensamiento crítico, informado y autónomo. Ahora, a lo que sigue, elegir entre los otros tres (porque el cuarto, no cuenta) quién va a ser el presidente. Que tragedia.



Eduardo Celaya

Comunicólogo e historiador que ha incursionado también en el mundo del teatro y la dramaturgia. Interesado por las construcciones de signos y las representaciones de la realidad en la vida cotidiana. Fundó el grupo de teatro independiente Un Perro Azul. Ha escrito varias piezas teatrales cortas, cuentos y ensayos de análisis e históricos.

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