Los lugares de Manuel Payno, Primera Parte



Foto: foroparalelodemilenioelotroforo.blogspot.mx

Genaro Bermúdez 29/01/2018   11:11 p. m. Opinion-






El siglo XIX mexicano es una de las etapas más bellas y más importantes en la historia de nuestra nación. Entre los años de 1808 a 1900 se desarrollaron los acontecimientos que formaron a la nación y el estado mexicano. Es en este México, el de Manuel Payno, en el que se desarrollan un sinfín de historias colectivas y particulares; cruzadas unas con otras o paralelas en su devenir. Los escritores decimonónicos, como resultado de cada vivencia, inmortalizaron los capítulos y hazañas, permitiéndonos conocer cada acontecimiento y cada acción heroica. Ser testigo de esos hechos y conocer a los actores principales, ya sea para vitorearlo o criticar su participación, fue un privilegio de los políticos, artistas, escritores, escultores, músicos, profesores y funcionarios de gobierno; en cuyos casos más interesantes de estos personajes abarcaban todas —o casi todas— las profesiones. Es así que, este grupo de autores, realizaron la labor de plasmar, en muy diversas obras, las historias de cada acontecimiento.

Ese es el motivo principal del trabajo dedicado a nuestro personaje que fue: testigo, actor y creador de las imágenes que describimos anteriormente. Es así que Manuel Payno se presenta ante nosotros como un testigo de acontecimientos, actor de algunos de los hechos de la historia y creador de las imágenes que tenemos del México en el siglo XIX. En su vida –que para la época llegó a ser larga— presenció desde muy temprano el trabajo como empleado del gobierno, con personalidades que posteriormente se convirtieron en actores principales de la política nacional. También, como actor de algunos capítulos nacionales, participó en algunas de las decisiones y, con los principales escritores de la época, como creador de un imaginario costumbrista, con sus novelas, crónicas de viaje y textos académicos.




 

 Foto: Notimex

 

Burócrata, novelista, periodista, político, diputado, secretario de Estado y profesor, Manuel Payno convive con nosotros en sus obras y acciones, con sus personajes y con su visión de nuestro México que, a la distancia de los años, parece otro, pero que en esencia es el mismo. En definitiva, es un relator de su entorno y de su tiempo; fue un descriptor de su realidad mexicana en la época de invasiones, guerras y divisiones faccionarias. Un testigo de la formación del México decimonónico, contrastante y alucinante; una nación que se construyó con una profunda desigualdad social, económica y cultural.

 

 

San Ángel. 

Foto: http://visitasguiadasconhistoria.blogspot.mx/

 

Como cualquier persona que se enamora de su entorno, Payno tenía sus lugares predilectos, a los que regresaba para encontrar, seguramente, la calma necesaria y aterrizar sus pasiones en este mundo de grandes contrariedades. Uno de ellos es San Ángel Tenanitla, en el sur de la hoy —nuevamente— Ciudad de México, a la cual dedicó su trabajo llamado Viaje entrañable a San Ángel; donde pasó la última etapa de su vida.

Caminar por San Ángel, en el México actual, se ha convertido en un recorrido entre avenidas y calles muy transitadas; comercio y centros departamentales; ríos de gente que caminan de un lado a otro, con bolsas, cajas, paquetes, comida y prendas de vestir en los brazos. Se pueden encontrar camiones, microbuses, taxis, autos, camionetas, bicicletas, patinetas y patines. Las personas observan, camina, corren, platican, ríen, lloran, escuchan música o se pierden en sus teléfonos móviles. Mexicanos, centroamericanos, estadounidenses; europeos, asiáticos y africanos —espero no omitir a ninguno de otro continente o país— que caminan en sus calles, empedrados y centros culturales, disfrutando de sus jardines, plazas y restaurantes.

 

 Foto: 3.bp.blogspot.com

 

Ese lugar apacible y lleno de huertas, desapareció con la modernización de los siglos siguientes. Con el tiempo se perdieron los árboles y los senderos que comunicaba a cada uno de los espacios que le dieron fama de lugar tranquilo. "En un tiempo San Ángel se veía pletórico en la temporada de veraneo, de gente rica, millonarios que todo lo mandaban comprar á México, y pasando la temporada, la población volvía á quedar poco menos que desierta…[1] Ese barrio ha desaparecido y se convertido en una colonia moderna, comercial y multicultural.

Por el contrario, las que no cambian son las personas que, desde muy temprano, llegan a trabajar en sus negocios y comercios, formales o informales y llevar pa' la comida a sus familias. Hoy comercian con otros productos: celulares, camisas, pantalones, música digital, comida preparada, conectores para celular, agujetas, dulces y muchas otras cosas más.

"En lugares como Mixcoac y San Ángel, considerados entre los alrededores de la Ciudad de México, las mujeres indígenas ya estaban en pie desde antes de las cuatro de la mañana, pues tenían que moler y amasar el maíz y preparar las tortillas. Después se dirigían a cortar y llevar la leña, así como a acarrear el agua. Terminadas estas labores, realizaban faenas agrícolas o se trasladaban a la ciudad con el propósito de ofrecer, entre otros productos del campo, sus ramilletes de flores o sus canastos de legumbres, ya fuera de puerta en puerta o en los mercados". [2]

 

 Foto: turimexico.com

 

No podemos dejar de pensar que estos lugares, entre el siglo XIX y XX, se encontraban lejos de la ciudad de México; considerando, también, que las grandes avenidas se construyeron en los últimos sesenta años. Ese viaje de tres leguas y de un día de duración, como nos refiere Payno, es un viaje que se realiza en treinta minutos, sin tráfico. [3] Entre humo de camiones, calor, ruido y caras largas de choferes, el viaje es más corto, pero más sensible y negativamente emocional. Los carruajes y los caballos han desaparecido y, en su lugar, encontramos autos, camiones y microbuses; todos en franca competencia para llegar antes que el otro —no sabemos qué ganan, pero intentan ganar. Es el contraste de ese lugar que relata Payno al de la colonia actual. "A principios del porfiriato, en 1876, la Ciudad de México contaba con transportación heredada del siglo XIX y adecuada a todos los bolsillos. Circulaban, por ejemplo, carretelas o calandrias de diferentes categorías, que se distinguían por el color de sus banderas: azules para primera clase, rojas para segunda y amarillas para tercera". [4]

 

 Foto: turimexico.com

 

Para Manuel Payno, San Ángel fue un lugar que permitió encontrar la naturaleza y disfrutar de las maravillas que las hortalizas les brindaban a los paseantes. Ese lugar fue paradisiaco, con una vista maravillosa y con un ambiente que relajaba el alma y nutría el espíritu. "No hay que olvidar que a los capitalinos también les gustaba visitar lugares más distantes, como la Villa de Guadalupe, los pueblecillos de San Ángel, Mixcoac, Tacubaya, Popotla, Tacuba y Azcapotzalco, donde la población de grandes fortunas poseía casas veraniegas…" [5] Fueron lugares de descanso, para escaparse de la vida de ciudad y de las responsabilidades del trabajo de todos los días. Los imaginamos como espacios de calma y tranquilidad para los citadinos decimonónicos. "No es una ciudad grande y populosa; pero sí una aldea lujosa, con hermosos edificios adornados suntuosamente, y que hacen honor al buen gusto de la aristocracia mexicana, que en la época de la primavera pasa alegremente sus días, en medio de los paseos campestres y de espléndidas orgías."  [6]

 

 

Facebook: Genaro Bermúdez González

 

Referencias:

[1] Fernández del Castillo, Francisco. Apuntes para la Historia de San Ángel y sus alrededores. México. Imprenta del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología. 1913.

[2] Torre Rendón, Judith de la. <<LA CIUDAD DE MÉXICO EN LOS ALBORES DEL SIGLO XX>> en Historia de la vida cotidiana en México: tomo V: volumen 2: Siglo XX. La imagen, ¿espejo de la vida? Aurelio de los Reyes, coordinador. México: El Colegio de México: Fondo de Cultura Económica, 2006.

[3] Payno, Manuel. <<Viaje sentimental a san Ángel>> en Artículos y Narraciones. México, UNAM, 2007. (Biblioteca del Estudiante Universitario-58) p.39-52.

[4] Torre Rendón, Judith de la. <<LA CIUDAD DE MÉXICO EN LOS ALBORES DEL SIGLO XX>> en Historia de la vida cotidiana en México.

[5] Ibídem.

[6] Ibídem.

 

 

 

 

 

 

 



Genaro Bermúdez

Licenciado en Historia por la UNAM, y becario del programa de Alto Desempeño del años de 1998 a 200. Profesor con 16 años de experiencia y con cursos en diferentes universidades del país. Especializado en siglo XIX y XX, con enfoque en grupos y facciones políticas, identidad nacional y costumbres, tradiciones y cultura popular en México. También, especial atención en historia del fútbol mexicano.

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