Líneas imaginarias que paralizan



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Jorge Luis Oliva 25/10/2018   12:00 a. m. Opinion-






Deben perdonar la tardanza al escribirles para esta semana, pues inicialmente les hablaría del recorte de presupuesto que el Estado Mexicano hizo a los Derechos Humanos, cosa preocupante sin duda. Sin embargo la semana y sus acontecimientos se fueron desarrollando de forma tal que tuve que parar y poner atención, mucha atención.

A fin de cuentas lo que van a leer aquí no dista mucho del tema que originalmente tenía presupuestado.

Hay una canción del Uruguayo Jorge Drexler que se llama “Movimiento” y que enmarca a la perfección un tema que nos duele a todos y del que nadie permanece exento, ergo, me permitiré utilizar algunos de sus versos duros y lapidarios para ir explicando lo que está pasando en la frontera sur de nuestro país.

 




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Yo no soy de aquí, pero tú tampoco.

¿Quién puede aventurarse a decir que es solamente de un lado? ¿Quién de nosotros es enteramente Hondureño o Salvadoreño o Mexicano? Estas interrogantes encierran un sinfín de posibilidades que causan subjetividad y suspicacia. Los gentilicios antes mencionados son la primera frontera de separación entre congéneres, es pues una forma de identificarse con otro que comparte tu historia y cultura, sin embargo, la paradoja existente radica en que se reconoce a otro pero también se tiene la capacidad de desconocer a otros que dentro de su universo se ponen de pie con un gentilicio distinto.

Esta separación se ve más claramente en la Geografía, y resulta sencillo tomar un mapa y señalar de donde se es, de donde es la cuna de uno, así, con este acicate nos levantamos con el corazón hinchado de alegría aquellos días gloriosos que hicieron la libertad, el territorio, la lengua y las costumbres que hoy tenemos.

Dicho esto, lo primero que hay que entender es que no existe la pureza total en algún territorio del globo, desde que el hombre es hombre, ha estado en movimiento y mezclándose interminablemente, jamás hemos dejado de ser nómadas; y esto obedece al instinto primigenio que nos habita, el de la supervivencia. Siempre nos hemos visto viajando de aquí para allá, necios en el camino tratando de encontrarnos, tratando de buscar un arraigo, una raíz donde podamos, porque no, intentar ser felices.

Nada permanece pues, todo es constante falta de quietud, salimos a andar por necesidad y por vivir, no por gusto; y en el trayecto esperamos encontrar a otros que también entiendan que el arraigo terminará algún día y tendrán forzosamente que migrar. ¿No les parece curioso que el hombre se convierta de pronto en un ave?

Con lo anteriormente dicho y leído, es decir, en retrospectiva y con una mirada más aguda. Qué complicado es entender la nacionalidad como un concepto que pueda caber en la globalización, siendo esta un proceso que propulsa la caída de las fronteras, ¿Entonces? ¿Somos o no somos? ¿Hasta qué punto soy Mexicano? Pero sobre todo ¿En qué punto mi nacionalidad se convierte en separación y producto de discordia? La línea fronteriza de estas preguntas se diluye rápidamente y escapa de cualquier concepto jurídico que lo encasille en la ley. Les dejo a ustedes el ejercicio de intentar responderlas.

 

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Si quieres que algo se muera, déjalo quieto.

Alguien tiene que decirlo, la frontera sur es un cochinero, nadie se ocupa de lo que suceda allá, en definitiva es otro México, y aún con todo eso podemos levantar la voz por nuestros compatriotas que son maltratados en aquella otra frontera, la del norte, en la que todos convergen, así, con una dignidad envidiable vamos y exigimos que se les trate como humanos. No sé si ustedes estén observando en estos momentos a todos aquellos (también humanos) que están varados en espera de poder transitar a una vida distinta, sin violencia, con oportunidad. También hay que decirlo, sí, los miramos, pero con desdén, con desprecio, con una superioridad estúpida que solo nos hace más chicos, unos Trump cualquiera,. Imaginen una línea imaginaria con el poder de dejar en vilo miles de vidas basados claro está, en un artificio legaloide de soberanía.

¡He ahí el problema! Nuestros flamantes y bien intencionados Administradores del Estado han dicho que este país, el de todos (Sin nacionalidades de por medio) es un país con política de puertas abiertas donde puedes básicamente transitar sin ser molestado. ¡Ay la realidad! ¡Ay la praxis! Esas siempre son distintas y se clavan en el ojo y en el cuerpo cansado de los caminantes centroamericanos como arrebatándoles la esperanza. Alguien en la Secretaría de Relaciones Exteriores abrió la caja de Pandora para reírse un poco de los distintos, y luego, como acariciándoles, da la orden de dejarlos ingresar en grupos pequeños, como revisando que sean lo más parecidos a un humano, que respiren o que sepan hablar, que entiendan lo que se les dice; perdonen ustedes pero hay que preguntarles más allá del pretexto burocrático ¿Cuál es el criterio de discriminación que están utilizando para dejarlos entrar?

Luego, para redondear el asunto Enrique Peña Nieto sale a decir que nadie podrá entrar a territorio nacional impunemente y violando la ley, alegando por supuesto que su deber es proteger la santa soberanía de este país en ruinas. ¿Cuál soberanía? Si de inmediato el monarca del norte salió a felicitarte por tu política de “puertas abiertas” agradeciendo que nuestra frontera sur sea la contención que el esperaba. Nuevamente nos sorprendes, ya sabemos dónde comienza el famoso muro fronterizo que debemos pagar.

No podemos alegar una cuestión legal en algo que es un asunto de humanidad, pero si nos empeñamos en utilizar ese argumento entonces es doble la vergüenza porque no podemos ver con claridad que esta situación nos está pidiendo a gritos una modificación a la ley que permita garantizar el Derecho Humano al desarrollo, urge una normatividad acorde con la problemática migratoria. El pretexto legaloide ya mencionado se utiliza con la intención de alargar el tiempo, alegamos trámites burocráticos cansinos y empapeladores que nos den el espacio suficiente para que todos aquellos indeseables caigan en el desespero y simplemente se vayan, desistan de su viaje y regresen a sus naciones, sin importarnos en lo más mínimo pero eso sí, con la soberanía a salvo.

 

Foto: gdb.voanews.com

 

Las razones de los que se mueven y están varados en el puente fronterizo de Chiapas son claras y nada distintas de las que aquí pasan, inseguridad, crisis económica y social, amenazas de muerte, falta de vivienda, trabajo, oportunidades.

Con coraje y vergüenza en las entrañas los iba a mandar a la chingada con todo y su política de puertas abiertas, pero para sorpresa mía, la chingada también tomo unas cuantas cosas, las metió en su valija y decidió viajar con nosotros.

El libre movimiento y el reconocimiento de lo distinto tienen que ser ya un Derecho Humano que pueda garantizarse plenamente porque:

 

“Somos una especie en viaje.
No tenemos pertenencias
Sino equipaje”.

 

Jorge Dexler



Jorge Luis Oliva

Nacido en el hospital Magdalena de las Salinas al norte de la Ciudad de México el día 6 en el último mes del sacudido año 1985. En algo parecido a una especie de sentencia de corte esotérico al estilo “año de nacimiento es destino”, su vida ha sido así, temblorosa y sacudida, llena de dudas y respuestas. Con el paso del tiempo y tras un crecimiento, algo desesperado, el sujeto por el que se escribe esta semblanza abrió su mente a los libros qu...Leer más

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