Los crímenes de Ecatepec y la teoría del asesino serial en la cultura popular



Foto: assets.trome.pe

nombre apellido 17/10/2018   12:00 a. m. Opinion-






 

Vivimos en una época primitiva, ni salvaje, ni sabia.




Hannibal (T.Harris).

 

Los asesinos seriales se convirtieron lentamente en una figura indispensable para el cine de terror, uno de los que más venden boletos en taquilla y generan ganancias estratosféricas a nivel mundial. Su irrupción en la cultura popular, se debe en gran medida a la construcción de estos personajes para la pantalla grande, aunque también tuvieron acomedidas construcciones para la literatura, el teatro y la televisión.

A caballo entre lo sobrenatural, lo demoniaco y la locura, el principal factor que provoca terror en las y los espectadores es pensar que estos personajes pueden ser reales y vivir entre nosotros. Su carácter sanguinario, provoca el sobresalto y la perturbadora idea de pensar que es peor sufrir una larga tortura, que la propia muerte.

El fenómeno es interesante, porque la fuente de algunos de los sicópatas más emblemáticos del cine, tienen como origen al mismo asesino verdadero, Ed Gein - el también llamado “Caníbal de Plainfield”- que inspiró elementos en la construcción de personajes como Norman Bates (Psycho, A. Hitchckock, 1960), Leather Face (Texas Chainsaw Massacre, T. Hooper, 1974) y James Gunn (Silence of the Lambs, J. Demme, 1991).

Pero como suele suceder, la realidad termina siendo más sorprendente que toda fantasía. En días recientes, se dio a conocer el caso de José Luis Calva – ahora nombrado por la prensa como “El Monstruo de Ecatepec”- un sujeto acusado de haber asesinado cuando menos a 10 mujeres, todas ellas jóvenes y algunas madres solteras. En una de esas cosas que hacen los medios - convencidos de que el morbo vende-  se filtró un interrogatorio, donde Calva narra sin remordimientos haber cometido los asesinatos, confiesa que odia a las mujeres y cuenta su vida de maltratos y desamor para “justificar” su conducta.

Muchas cosas hay mal aquí en términos de acceso a la justicia, de revictimización y de intentar cubrir como un trastorno mental aislado, algo que es mucho más complejo que eso. Es obvio que se intentó referirnos al discurso del cine, incluso hay en el testimonio muchos elementos que parecen salidos del guion de algunas de las cintas antes mencionadas y en realidad sólo faltaba que alguien – alguna voz defensora de “los valores y la decencia”- pidiera la prohibición de la exhibición de películas de este género, como medida para “detener” los asesinatos.

Sin embargo, el asunto no se reduce a causas individuales. Detrás de este caso, está la abrumadora y terrible realidad de que el municipio de Ecatepec - y en general el Estado de México- son algunos de los lugares donde existe mayor violencia feminicida en el país. Es evidente que hay un contexto social y político en donde matar mujeres no representa una prioridad para las autoridades, razón por la cual han permitido que el fenómeno crezca al amparo de la corrupción y la impunidad, siendo esa la razón por la que el caso no puede explicarse ni atenderse aludiendo a su parecido con las películas que vemos o hemos visto.

La irresponsabilidad de quien decide hacer público el video, solo puede entenderse como ideada por alguien que no quiere ver ni atender la verdadera causa del hecho: la misoginia feminicida que también está presente en las “voces” que supuesto asesino afirma escuchar.

Fuera de toda teatralidad, es importante decir que el sensacionalismo no ayuda, el morbo vende, pero no sensibiliza, ni soluciona. Darle el micrófono al asesino para vender más periódicos y registrar más visitas en redes, es acallar a miles de mujeres que claman justicia y que no merecen otra cosa que la de ser consideradas como las protagonistas de sus propias historias y de una vida libre de toda forma de violencia.



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Educadora, socióloga, latinoamericanista y cinéfila. Orgullosamente normalista y egresada de la Facultad de Ciencias Políticas sociales de la UNAM. Obtuvo la Medalla Alfonso Caso al mérito universitario en el 2002. Fue becaria en el Instituto Mora. Ha colaborado en la sociedad civil como investigadora y activista, y en el gobierno de la Ciudad de México en temas de derechos humanos análisis de políticas y presupuestos públicos y no discriminación...Leer más

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