Del metro al gulag



Foto: politico.eu

Jorge Luis Oliva 16/02/2019   12:00 a. m. Opinion-






 

Hace poco, una de mis hermanas me preguntó ¿La identidad se forma? De inmediato me puse a sobrevolar la pregunta y contesté que la identidad es un constructo social que es alimentado por el contexto en el que se desarrolla el individuo. Mi mente volaba muy deprisa por rumbos intrincados y me dispuse a ejemplificar la respuesta.




En un esfuerzo por profundizar más y llegar al punto que le expuse de una manera más clara le pregunté ¿Cómo le quitas la identidad a un hombre? ¿Cómo lo despojas de su humanidad? El dialogo versó sobre algunas posibilidades muy válidas hasta que llegamos al tema del primer contacto que se tiene con la formación de la identidad, dicho contacto es casi inconsciente, lo damos por hecho, lo cargamos toda la vida aunque en la mayoría de las ocasiones solemos identificarnos con algún sobrenombre o cariño. El primer contacto del que les hablo es el nombre, y la forma más eficiente de sustraer la humanidad del hombre es arrebatarle su nombre.

Cuando este arrebato sucede la existencia y la finitud se convierten en un concepto que puedes morder, y que también sabes perdido, se apodera de ti un extremo vacío, te entiendes enteramente mortal y vulnerable.

 

Foto: daviscenter.fas.harvard.edu

 

El ejemplo más recordado de ese arrebato es el Holocausto Nazi. Su sistema para deshumanizar era demasiado eficiente y eficaz. Una de las primeras acciones que emprendían los soldados encargados de la selección radicaba en asignarles un número; dicho de otra forma, en el momento en que se colocaba un pie en alguno de los campos de concentración se sufría de una transmutación, ibas de humano, de persona a objeto, a bestia de carga en solamente unos cuantos segundos, pero no se tenía conciencia de dicho proceso hasta algunos días después.

Pero no es el único, existen otros ejemplos igual o más desgarradores aún; ¿Alguna vez oyeron hablar o leyeron sobre el Archipiélago Gulag? Si no sabían de la existencia de estos lugares es porque si usted toma un mapa y busca sesudamente en todas las formaciones de tierra no podrá encontrar jamás un lugar nombrado así. También está el genocidio en Armenia, en lo que antes era Yugoslavia, en Ruanda. Todos estos son atroces acontecimientos que tienen en común una cosa, plantar en el imaginario de los hombres el logro de un ideal, la cumbre de una manera de ser, de existir y de relacionarse.

Sin embargo existe otro común denominador más profundo y aterrador que el hecho de plantar una ideología en el imaginario social. Ese otro denominador común es algo que llamaremos para efectos de este texto El bautismo, bajo cuyos efectos se representa lo negativo, se personifica el mal por la capacidad que tiene de abrazar la totalidad. Tal hecho(el del Bautismo), justifica y santifica el exterminio.

Utilizando los ejemplos que describí en los primeros párrafos, el Bautizoque cerraba el círculo de deshumanización en el Holocausto se centró en llamar Judioa todo aquello que representara una amenaza. En Ruanda era la palabra Cucaracha.

La maleabilidad de esta idea que engloba todo lo negativo radica en el gran espacio del que es poseedor, con la palabra y posterior conceptualización política de Judioy Cucarachase dio lugar a gitanos, homosexuales, opositores, comunistas, etnias y poblaciones específicas que vieron como su existencia impedía el progreso de las ideas y bases de una nueva sociedad. Ese espacio creado era y es tan diverso como violento.

 

Foto: acarhalbacete.blogspot.com

 

Si lo miramos con más detenimiento, la justificación creada por medio del despojar-bautizar se hace un juego macabro que hace invisible a la víctima e insensibiliza al que se encuentra seguro y a salvo del terror del estigma, a últimas, este personaje que escapa a ese poder exterminador es un mero espectador, incapaz de moverse. Sin embargo la reconceptualización de lo negativo con una palabra específica surtió tal efecto en sus mentes que justificaron, y celebraron las acciones emprendidas por aquellos que despojan y bautizan.

Podrán ustedes decirme con aire contemporáneo que esos casos a los que me refiero se quedaron allá, en el siglo pasado, me dirán también que el hombre en toda su sabiduría ha sabido superar y aprender de esas experiencias; lo que le permite no volver a materializarlas ¿Estoy en lo correcto?

¿Qué pensarían si les comento que en ese sentido nos encontramos equivocados? ¿Les sorprendería? Pues hoy, en estos gloriosos tiempos, existe un exterminio silencioso que se va tragando las vidas y el tejido social con paciencia y al amparo de la autoridad. La cosa es que el nuevo estigma no necesitó ser bautizado, ya existía la palabra que daba fuerza y justificación al exterminio necesario desde sus disparatadas y retorcidas ópticas, bastó solamente con voltear y señalarlo.

Hoy, el despojo y el bautismo se enraízan en el vocablo MUJER.

Pertenecer a este espacio demográfico es equivalente a ser judío en la segunda guerra mundial o Tutsi en aquella Ruanda del genocidio. Dicho señalamiento tan puro nos coloca en una profundidad siniestra que permite una violencia mucho más directa y más a la luz de todos. Así, podemos asegurar que dicha violencia radica en el miedo que le tienen a esa parte tan suya como de ellas, radica en esa femineidad que no reconocen, que les da asco, que odian. Por eso, por ese asco y bajo ese odio se hace urgentemente necesario el exterminio.

Este paisaje nos pinta el hecho de que nombrarse mujer les trae como resultado una marginalidad que atrapa su existencia en el terror y en la desesperación de no sentir plena libertad de acción. Por eso, con toda justicia la rechazan con sus, almas, sus mentes y sus cuerpos en esfuerzos diarios por existir, ser y a últimasfechas, sobrevivir. Ergo la desaparición es la cara, el rastro físico de un proceso que las hace inservibles, les resta identidad con su entorno y les impide desarrollarse y comunicarse en él y con él.

En todo esto existe una relación muy estrecha y directa entre la transmutación que sufre la mujer y la desconexión de esa parte del cerebro que se encarga de la sensibilidad y los sentimientos por parte de sus agresores. En este sentido, aquellos que las desaparecen, las violan y las matan sienten satisfacción al ver su trabajo plena y eficazmente cumplido, provocando un placer que estimula en un grado máximo su lívido.

 

Foto: cl.undp.org

 

Aún quedan las que viven, y ellas se enfrentan diariamente a la intolerancia y el terror constante, se ven obligadas a llevar a cuestas la infravaloración de su cuerpo y alma, van viendo como esa figura se convierte en un ejemplo de inferioridad social, económica e intelectual.

Por último, como cerrando el círculo, tenemos que hablar de la poca movilidad de la autoridad para atender todas estas desapariciones. En un juego de abogados y expertos en la materia nos damos de frente con el siguiente argumento: Si no está por escrito, no existe. Esto les permite salir adelante con el tema y dejarlo para después, cuando alguna de ellas esté dispuesta a pasar todo un día relatando los hechos a uno, dos, tres servidores públicos que no están capacitados para escucharles con la atención debida, todo ello, en nombre de la rapidez de nuestro sistema de justicia. Vienen y dicen que esas mujeres no existen porque no hay en su acervo alguna prueba documental que describa el fenómeno del cual se quejan, legítima la desaparición de mujeres por doquier.

Luego entonces, todo este procedimiento engorroso y preocupante nos arroja como resultado una sistematización de la violencia que les ciega ante una realidad latente que lastima hasta el fondo del ser. Ellos no caminan las mismas calles que ellas, no atraviesan las mismas oscuridades ni corren de las mismas sombras, ¡No!, ellos solamente se limitan a decir que si su denuncia no se encuentra debidamente expuesta y requisitada(palabra que no existe pero que se dan el lujo de utilizar para verse más profesionales) pues simplemente no pueden hacer nada.

Por lo tanto, Mujer resulta ser un espacio ultrajado, un objeto de consumo con fecha de caducidad, Mujer significa convertirse en un peligro, porque sí, para el sistema es posible que ellas puedan votar, trabajar, y hasta ¿Por qué no? Pensar de vez en cuando, lo que si no tienen permitido es ser iguales.

Viven pues un asecho constante, un eterno viaje al Gulag que queda perfectamente descrito en el libro de Alexandr Solschienizyn de la siguiente manera:

 

“¿Cómo se llega a este misterioso Archipiélago? Continuamente vuelan hacia él aviones, navegan barcos, se arrastran ruidosamente los trenes, pero no llevan ningún letrero que indique el lugar de destino.

Corriendo felices o arrastrándonos desdichadas por la larga y tortuosa calle de nuestra vida, pasamos junto a vallas , vallas y más vallas de madera podrida, tapias de arcilla, cercas de ladrillo, de hormigón, de hierro. No nos paramos a pensar qué podía haber detrás de ellas. No intentamos elevar la mirada ni el pensamiento por encima de las mismas, pese a que, precisamente allí, empezaba el país de Gulag, tan cerquita, a dos metros de nosotras. Y tampoco nos percatamos del sinfín de puertas y portezuelas, bien ajustadas y disimuladas, que había en aquellas vallas. Todas aquellas puertas estaban preparadas para nosotras, y he aquí que, de pronto, se abrió rápidamente una, la fatal, y cuatro blancas manos masculinas, que no sabían de trabajo físico, pero llenas de energía, nos agarraron por las piernas, por las manos, por el cuello, por la gorra, por las orejas, nos arrastraron como un fardo y se cerró para siempre, detrás de nosotras, la puerta, la puerta de nuestra vida anterior.

 

Se debe aclarar que yo hice el cambio de género en algunas palabras, pues lamentablemente describen a la perfección lo que ellas están viviendo y lo que nosotros estamos ignorando.



Jorge Luis Oliva

Nacido en el hospital Magdalena de las Salinas al norte de la Ciudad de México el día 6 en el último mes del sacudido año 1985. En algo parecido a una especie de sentencia de corte esotérico al estilo “año de nacimiento es destino”, su vida ha sido así, temblorosa y sacudida, llena de dudas y respuestas. Con el paso del tiempo y tras un crecimiento, algo desesperado, el sujeto por el que se escribe esta semblanza abrió su mente a los libros qu...Leer más

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