Todos somos huachicoleros



Foto: cdnapisec.kaltura.com

Jorge Luis Oliva 21/01/2019   12:00 a. m. Opinion-






 

Mientras escribía en la semana mi artículo para El Fistol del Diablo nos llegó una de esas tragedias que parecen aquejar los inicios de sexenio, justo en plena estrategia contra el robo de combustible sucedió uno de esos eventos que nos sacan de lo cotidiano y nos hacen preguntar sobre el sentido de las cosas en las que nos desenvolvemos. Esto me obligó a repensar el artículo en otros términos, vislumbrando el problema de fondo en una dicotomía que nos enfrenta con el robo y los privilegios. El resultado es desolador y sin duda preocupante.




 

Hablemos de corrupción, ese monstruo que en México es una cultura, ese fenómeno tan arraigado en nuestra antropología que nos resulta difícil entendernos sin ella y mucho más difícil es dejarla ir. Nosotros como sociedad la normalizamos a tal grado que es un requisito indispensable para ser y entenderse como mexicano, entramos con toda la alegría al prefiero chingar antes de que me chinguen. La corrupción, como el tequila, tiene denominación de origen.

 

Tratemos de buscar una analogía que nos ilustre y nos ayude el punto que estoy tratando de exponer en estas líneas.

 

Cuando Nietzsche expuso su idea del eterno retorno de lo idéntico, identificó su ontología en concordancia con el sufrimiento; es decir, la vida del hombre se encontraba condenada a la repetición interminable por causa del deseo, quien desde su perspectiva es la raíz del sufrimiento. Ergo, vamos repitiendo incansablemente las acciones que nos constituyen un ente que se relaciona con su entorno siempre igual. En este sentido Nietzsche nos da también la solución, según él, con la ruptura del círculo del deseo se logra acceder a otro escalón de la evolución ontológica del hombre.

 

Foto: recreoviral.com

 

Entonces, en lo social nos encontramos con la misma premisa, la diferencia estriba en el hecho de entender que el sufrimiento se encuentra personificado en el cuerpo de los privilegios alcanzados por la necesidad de sentir pertenencia a un grupo social específico, haciendo de esta manera una diferencia sustancial entre los que pueden ostentar y los que no; dicho sufrimiento es ocasionado por el deseo inequívoco de mantener dichos privilegios valiéndose de cualquier medio para lograrlo, entre ellos legitimar mediante ese posicionamiento a la corrupción.

 

Por lo tanto, en el parangón expuesto en los párrafos anteriores, nos encontramos de frente con una sociedad acostumbrada al sufrimiento encausado en todo momento por la razón de la existencia dentro de la dinámica económica que enmarca el neoliberalismo a través del consumo. Es así, mediante este irrefrenable deseo que nos envolvemos contentos en el eterno retorno de lo estúpido.

 

El resultado tangible de la queja por el desabasto de combustible es una mera idea estúpida que legitima en todo momento el robo y la corrupción como un acicate para el desarrollo, entendemos la salida del atraso a través del ya clásico “el que no tranza no avanza”.

 

Vamos dibujando la temática en una relación directamente proporcional en la que más corrupción representa más privilegios. Así vemos ese terreno en los que unos critican la medida sin entender a cabalidad el resultado que se obtendrá a largo plazo y los otros que anteponen el privilegio personal al ataque frontal de la problemática; pareciera que estoy hablando del mismo tipo de sujeto, sin embargo no es así, el que critica la medida lo hace desde el conformismo y desde el entendimiento social sin posibilidad de avance, por otro lado, aquel que prefiere mantener sus privilegios se encuentra permeado por el consumo, es aquel animal que gira alegremente en el eterno retorno de lo estúpido.

 

Foto: diariobasta.com

 

En este sentido la palabra huachicol se configura como la cara más frontal la corrupción y el estilo de vida que de ella emana, estilo de vida que ya vimos, va por todos lados despojando, mordiendo, esclavizando y matando. ¿No les parece que lo sucedido en Hidalgo es la explicación más certera de esta problemática? ¿Alcanzan a ver que el individualismo mata? y me atrevo a preguntar ¿En qué momento el hombre perdió tanto la razón a causa de una vida ficticia basados en aspiraciones de consumo ilimitado?

 

Este acontecimiento por demás doloroso saca a relucir el clasismo y el racismo más profundo de la sociedad mexicana. Los argumentos que se alcanzan a leer en las redes sociales son variopintos e hirientes, todos, sin excepción concuerdan en lo mismo, a grandes rasgos, se lo merecían por ladrones y paupérrimos. Esta doble moral reluce en la penumbra de la falta de sentido común y empatía

 

Hay que decirlo, pese a los constantes saboteos, la estrategia contra el huachicol funciona, pero tenemos que entender que esta práctica, además de ilegal nos afecta a todos a mediano y largo plazo, nuestra poca visión hacia el futuro nos mantiene atados a la inmediatez de lo tangible, que a final de cuentas termina siendo un líquido escurriéndose entre los dedos.

 

Es que durante muchos años hemos permitido y sido partícipes de la podredumbre basados en el consumo irresponsable y el posicionamiento social que este te da frente a los otros que terminan siendo nadie.

 

Hay que decírselos a la cara ¡A la mierda con sus privilegios! Si usted se queja amargamente por el desabasto y va a formarse horas por cargar unos cuantos litros y llenar el tanque de su egocentrismo, tendrá que tener en mente que su calidad moral se encontrará legítimamente cuestionada en aquellos momentos en los que la vida de un vuelco y sea usted la que ande buscando un poco de la justicia que no llega porque alguien más antepuso sus privilegios a su necesidad.

 

En fin, mientras no agarremos el patín de que participar activamente y tolerar la corrupción solamente alimenta esa gran empresa del robo y la tranza no podremos señalar a quien o quienes se deciden a combatirla. Continuemos girando en el eterno retorno de lo estúpido legitimando el estilo de vida y la cultura de la corrupción.

 

Hoy huachicoleros hay en todas partes. Hoy, huachicoleros somos todos.



Jorge Luis Oliva

Nacido en el hospital Magdalena de las Salinas al norte de la Ciudad de México el día 6 en el último mes del sacudido año 1985. En algo parecido a una especie de sentencia de corte esotérico al estilo “año de nacimiento es destino”, su vida ha sido así, temblorosa y sacudida, llena de dudas y respuestas. Con el paso del tiempo y tras un crecimiento, algo desesperado, el sujeto por el que se escribe esta semblanza abrió su mente a los libros qu...Leer más

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