El Cristalazo, columna invitada



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Redaccion 02/05/2022   12:41 p. m. Opinion-






¿Oposición, postura o rebeldía?

 

A partir del domingo de Resurrección de la anterior Semana Santa, marca un punto de inflexión en la actitud y estrategia de los grupos políticos adversarios a Morena. Pero también da oportunidad para analizar algunos conceptos políticos. El primero, la oposición. El segundo, la posición.




¿La oposición política es una actitud derivada del choque ideológico, o una estrategia de posicionamiento en busca de provecho electoral? Puede ser ambas cosas. La primera es mucho más rentable a largo plazo y produce inevitablemente lo segundo.

Una posición activa, cuyas iniciativas fuerzan la necesaria oposición en el otro bando ideológico o político –el gobierno– gana la mano y obliga a la mayoría a reaccionar. Es el juego de acción, reacción. Una forma política de aplicar las leyes newtonianas de la física. Producir una reacción de igual dimensión y en sentido contrario. Un ejemplo:

Hoy, la alianza Va por México, carente hasta ahora de ideología más allá del bloqueo (necesario) de las iniciativas del avasallador poderío morenista, se opone a la Reforma Electoral.

Si el bloque cuya sincronía anuló constitucionalmente la Reforma Eléctrica, hubiera presentado su iniciativa antes, el presidente y su maquinaria serían los opositores. Los papeles se habrían invertido. Les habrían ganado la salida y si se opusieran a dichos cambios, se les podría acusar –otra vez–, de traidores a la patria.

 

Todo depende, como en el dominó, de quien aprovecha la mano.

 

Hoy esa conversión cuya síntesis es, en lugar de oponerme a tus ideas; oponte tú a las mías, todavía se puede hacer si se adelantan con una iniciativa para no militarizar definitivamente la seguridad pública, mediante su asimilación formal y legal de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional, sino para civilizar a ese cuerpo cuyo prestigio actual se escribe con la sangre del joven Ángel Yael, en Guanajuato.

Si no usan ese caso como ejemplo de los riesgos, habrán dejado pasar una oportunidad. El asesinato del estudiante de la universidad guanajuatense, demuestra la impreparación “civil” de los guardias inmersos en la rutina militar y sus inevitables conductas de letalidad como respuesta a una agresión real o imaginaria. Y el tirador también es una víctima.

Pero por ahora la actitud crítica a la Reforma Electoral no es nada más asunto de los profesionales de la política legislativa. No ha habido una sola persona, fuera de la disciplina morenista y su nulo pensamiento, capaz de defender el proyecto cuyos puntos positivos (los tiene), se borran ante la rencorosa y montuna embestida contra el Instituto Nacional Electoral.

La diferencia es simple, los analistas civiles (académicos juristas ex presidentes del IFE, periodistas políticos, ensayistas diversos, etc.), carecen de voto en la Cámara de Diputados. Hoy lo más ridículo sería perder el tiempo con foros y parlamentos abiertos o cosas parecidas, cuando las intenciones demoledoras de la institución electoral son claras e innecesarias.

Si el presidente quiere crear un sistema electoral para prolongar su dominio a través de confiscar la maquinaria electoral, en beneficio de su causa (no se ideología, porque carece de ella) mediante sucesivos triunfos, no es necesario deliberar acerca de sus intenciones y procedimientos legislativos. Son demasiado evidentes y perversos.

Basta con no dejarlos pasar. Usar la fuerza de la minoría agrupada y negarse a todo sistemáticamente, como la fuerza dominante hará cuando la oposición se coloque en una posición propositiva.

La posibilidad es oponerse al otro o lograr que el otro se oponga. Es como aprovechar en propio beneficio la fuerza del adversario, como en algunas artes marciales japonesas.

Sin embargo, y más allá de cómo se aborta este engendro, un peligro mayor se cierne sobre este país (otro peligro para México), la demolición de la educación pública y su puesta al servicio de una estrategia montarás, de doctrinas mal asimiladas y ya fracasadas.

El colectivismo educativo esgrimido como fórmula de participación magisterial resultó, además de inservible, falso. No hubo tales asambleas.

Hasta entre ellos se mienten.

 

Rafael Cardona | El Cristalazo