La historia y los historiadores, por Pedro Salmerón S.



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Redaccion 09/04/2022   05:47 p. m. Opinion-






Falsas balas falsas

 

Una discusión reiterada en redes sociales me lleva a escribir de un temita que, bien visto, nos ayudaría también a entender de qué se trata la crítica y confrontación de fuentes. Vamos allá: estoy convencido de que en la batalla de Celaya (que además no fue la decisiva) no hubo balas falsas ni defectuosas. ¿Por qué? Gloso de mi libro 1915: México en guerra:




Queda el espinoso asunto de las balas falsas o defectuosas… y digo espinoso, porque no aparecen en los testimonios de los oficiales villistas que escribieron sobre la batalla en los años posteriores (Federico Cervantes, Gustavo Durón González, Ignacio Muñoz o Juan B. Vargas) ni tampoco en fuentes carrancistas. El parque falso aparece en Calzadíaz, quien asegura de los 700 mil cartuchos introducidos por Lázaro de la Garza, que “se trataba del cargamento de parque que resultó falsificado”.

Los testimonios explícitos sobre el parque falsificado aparecen entre los informantes de Calzadíaz, quien los entrevistó en los años cincuenta, y en los testimonios del Archivo de la Palabra de los años setenta, y ninguno es coincidente:

Así, según Eulogio Salazar Villegas, el parque que llegó era de salva; José López cuenta que las balas eran de palo; Gilberto Nava Presa dice “de salva, de madera” y añade “traían balas de madera, con el casquillo de cobre niquelado, pero de madera por dentro”; Victorio de Anda asegura que las balas venían “de a tiro fallo de pólvora”. O sea. De palo, de salva o con media carga de pólvora… y hay más versiones.

Paco Ignacio Taibo II resume: “en la memoria colectiva de los villistas que combatieron en Celaya quedó fijado que los americanos mandaron parque de palo”. Y recupera las fuentes sobre las “balas chuecas”, que son las mismas que hemos utilizado aquí, porque no hay otras. Eso nos plantea un interrogante: ¿realmente ocurrió el hecho? Todos los testimonios sobre las balas falsas son tardíos y orales, contradictorios entre sí. Por otro lado, la falsificación de armamento industrial exigiría una conspiración que implicara no sólo al gobierno de los Estados Unidos sino también a las fábricas de material de guerra, que habrían tenido que alterar la cadena de montaje en momentos en que producían a su máxima capacidad y vendían a precios muy elevados. Al gobierno de Wilson le habría bastado con obstaculizar la entrada de remesas, como efectivamente lo hizo. ¿Hubo balas falsas en Celaya? Seguramente no. Es posible, también, que se tratara de una construcción imaginaria posterior, que diera sentido a algo que de por sí no lo tiene: la derrota.

Para Katz, en cambio, el asunto de las municiones no es decisivo y no se mencionan las balas falsas o de salva: en su análisis de la derrota de Pancho Villa, dice:

“¿Era tan grande su inferioridad, en términos de municiones y abastos como en cuanto a número de soldados, que nunca hubiera podido ganar? No hay pruebas de que tal fuera el caso. Aunque la falta de municiones para los máusers ciertamente desempeñó un papel importante en la primera batalla de Celaya, la escasez de parque no era un hecho inmodificable.”

Fin de la glosa. Además del tema de la industria de armamento y de la coyuntura de la Gran Guerra, la narración que hago de las llamadas batallas de Celaya, tras confrontar las fuentes villistas con las oficiales carrancistas, que siempre se usaron, incluso por los historiadores más críticos, no muestra en ningún punto del combate un retroceso o hundimiento del frente por causa de parque en mal estado, o falso, o de palo, o de salva. Reitero: lo lógico es que se trate de una construcción imaginaria posterior, que diera sentido a algo que de por sí no lo tiene: la derrota.

(Pero para leer esa versión de la batalla del Bajío, del 6 de abril al 5 de junio de 1915, mejor lean mi libro: cómprenlo, róbenselo, pídanlo prestado.)

 

Pedro Salmerón S. | El Presente del Pasado