El cristalazo, columna invitada



Foto: centrolombardo.edu.mx

Redaccion 31/01/2022   09:49 a. m. Opinion-






Alfonso Reyes y el análisis político

 

Marcado desde la temprana edad por la trágica muerte de su padre, el general Bernardo Reyes, y la imagen de su cuerpo agónico a la mitad del Zócalo, con el cuerpo acribillado por la metralla, Alfonso Reyes rehuyó o simplemente se desinteresó públicamente de la crítica política y se hundió en el infinito mar de la cultura, la filología, la poética, la historia del pensamiento; la ética, el clasicismo y hasta la crítica cinematográfica, entre un sinnúmero de abordajes intelectuales prodigiosos. 




Algunas de ellas están en un libro poco divulgado (su edición de Tezontle de 1949 apenas constó de 2 mil ejemplares hoy inalcanzables, si bien hubo ediciones posteriores en la recopilación de su obra entera), cuyo nombre sugiere la movilidad: “Sirtes”.

 

Sirte significa arrastre. También barrido o puesto bajo la arena. 

 

En él Don Alfonso reflexiona sobre un fenómeno hoy vigente en la circunstancia política del gobierno: la anticipación del mecanismo sucesorio en el Poder Ejecutivo. En el caso actual, alentada por el presidente López Obrador a quien parecen preocuparle más las carnestolendas de la “revocación confirmatoria” y menos la responsabilidad de la sucesión, con todo y su testamento político.

Dice Reyes: 

“…De aquí que alguna vez hayamos denunciado como uno de los males de nuestra América, el no haber descubierto su propio lenguaje político. –fuera de fórmulas aisladas de carácter más bien pintoresco–, el adoptar violentamente las fórmulas europeas. Porque mientras esto sucede, nuestras realidades sociales resultarán artificialmente empeoradas en la descripción que de ellas hagamos, e innecesariamente empeoradas por los remedios   que nuestra voluntad les apronta.

“¿Queréis algunos ejemplos callejeros del efecto que tienen sobre la conducta social las fórmulas verbales? (N. Esto es importante sobre todo cuando vivimos en un gobierno verbalizado al extremo).

“Entre nosotros se llama futurismo a aquella actitud política que consiste en buscar una acomodación con la perspectiva previsible de los cambios públicos; y el término ha asumido un valor de sátira o censura. Muy justificado cuando se trata de irse “a la cargada” o un “chaqueteo” de una negación de los propios principios con miras a un medro personal. Pero no cuando se trata de un deseo legítimo de preparar con tiempo una nueva aplicación institucional, un juego de engranajes sin estridencias, que es la operación natural de una democracia.

“En cambio ha llegado a considerarse como el summum del talento político, eso del ‘gallo tapado’ (o la corcholata) y de la sorpresa que educan al pueblo –o lo deseducan, más bien–, en la histeria y el sobresalto, inculcándole la idea de que el capricho, lo no previsible o no ‘futurizable’, es la norma de la vida pública.

“El ideal democrático reside todo en la gradual adaptación a las siempre renovadas necesidades del pueblo –que por algo está vivo y en movimiento incesante–; y lo mejor sería, aunque imposible, que se llegara a todo acto electoral como a una mera corroboración jurídica de lo que ya estaba aceptado, en una especie de ‘futuridad’,  por la conciencia de todos.

“Porque los pueblos no deben gobernarse por el azar y la lotería, sino por la persuasión y la conveniencia.”

Y Don Alfonso, en este breve ejercicio de talento, sólo mencionó la lotería; jamás llegó a imaginar la rifa de un avión sin avión.

 

Coincidencia

El beneplácito para Quirino Ordaz como embajador ante el gobierno de España se produjo cuando en Tegucigalpa coincidieron el canciller Marcelo Ebrard y el Rey Felipe VI en la toma de protesta de la señora Xiomara Castro, primera presidente de Honduras.

¿Habrá solicitado el canciller la intercesión del monarca? ¿A cambio de qué?

Quizá algún día lo sepamos.

 

UIFCDMX

La investigación de la Unidad de Inteligencia Financiera local contra los alcaldes capitalinos cuya victoria humilló a Morena y al Moreno, tiene dos nombres: terrorismo de Estado o Nueva Inquisición.

 

Rafael Cardona | El Cristalazo