Nuestro mundo representado, por Eduardo Celaya Díaz



Fuente: justneko.com

Eduardo Celaya 09/12/2021   11:25 a. m. Opinion-






Mercantilizamesta

 

Hace años, cuando vivía en una pequeña pero medianamente industrializada ciudad provinciana, mis momentos de entretenimiento y convivenvia eran a un centro comercial. Básicamente nos reuníamos varios amigos y/o compañeros y dábamos vueltas por los pasillos, entrábamos a las tiendas de discos o veíamos una película. En varios de esos paseos se hacía notar cierto escaparate de una tienda de ropa, especialmente una playera roja con la imagen del Che Guevara, esa que ya es clásica para representarlo. Me parecía curioso, aún en esa temprana e ignorante edad, ver al revolucionario de izquierda plasmado en un producto meramente comercial, como objeto de consumo. Algo en ese uso me incomodaba, aunque no sabía bien qué era.




Esta anécdota me vino a la mente porque en días pasados visité una taquería, y mientras degustaba la ambrosía de los dioses (unos buenos tacos campechanos con cebolla y cilantro, y su buena salsita verde al lado) vi en otra mesa a una morra con una sudadera que rezaba “Everybody should be feminist”. Cuando leí eso de inmediato pensé “sí, estaría chido”, pero después puse más atención en la chamarra en cuestión. La tipografía estaba bien seleccionada, era legible, pero al mismo tiempo parecía casual, casi como si fuera a mano, denotando cierta informalidad en lo escrito; la chamarra era también informal, algo que se usaría para salir a la calle, pasear o… ir a los tacos; la impresión de la tipografía era muy buena, trabajo profesional, no era un letrero que la morra en cuestión hizo en su casa a modo de hacer ver sus posturas políticas o ideológicas. Conclusión: era un producto hecho en masa enfocado a la compra-venta de mercancía, o sea, era un producto del capital.

 

Famosos mediáticos lucen playeras con la efigie del Che Guevara.
Fuente: diariodecuba.com

 

Más allá de eso, no hay mucho que decir sobre la chamarra, pero sí podemos hablar de qué está haciendo el mercado con las ideologías subversivas o críticas: se las está apropiando para convertirlas en mercancía. Cualquiera diría que no tiene nada de malo, a fin de cuentas el objetivo de una empresa es generar riqueza, y para ello puede disponer de aquello que está presente en el imaginario colectivo, o de esos temas que de repente se ponen de moda. El problema que veo aquí es la pérdida de carácter crítico que esta apropiación provoca. Probablemente este no sea el objetivo de las empresas que hacen este tipo de productos, o de los consumidores que los usan. No creo que esa tienda de ropa en el centro comercial comenzara una campaña contra la izquierda, ni que esta morra de la taquería quisiera desvirtuar los reclamos feministas y banalizarlos. Creo, y esto me parece lo más grave, que se hace sin plena consciencia de lo que provocará, y en eso radica la grave falta que el mercado (así, impersonal, sin cara ni nombre) está cometiendo contra la sociedad civil.

Me parece que este fenómeno, aunque seguramente ocurrió antes, se agudizó con la influencia de los medios masivos de comunicación. Los medios, así en general, comenzaron como un espacio de expresión y crítica de las clases dominantes, como la prensa francesa del siglo XVIII, según nos cuenta Robert Darnton en sus múltiples trabajos. La influencia que puede tener un medio masivo es innegable, pero también lo son los líderes de opinión, así como descubrió Lazarsfeld con sus estudios sobre la preferencia de los votantes estadounidenses en la segunda mitad del siglo XX. Es decir, que nosotros como consumidores de los medios nos encontramos bombardeados por todos lados por información, ya sea de los medios, de nuestros contactos cercanos, de líderes de opinión, en la escuela, en la propaganda política, la publicidad, etc. El poder que la información tiene no es ajeno a quienes la controlan, por ello la producción de contenidos es una labor sumamente importante para guiar la opinión pública.

 

Campaña comercial de Panam sobre el #8M.
Fuente: elsoldemexico.com.mx

 

Según Rancière, la actividad política hace ver aquello que no era visto, hace escuchar un discurso que antes se percibía solo como ruido. Y ojo, no hablo de la clase política, que identificamos con campañas electorales, discursos interminables y desprecio por quienes la componen. Hablo de la política como la actividad de cada uno de nosotros, como miembro de la sociedad, en nuestro día a día. Es decir, como entes políticos, tenemos la capacidad de dar visibilidad a aquello que está, por una razón o por otra, alejado de los reflectores. Un ente político informado y crítico, como sería ideal que cada uno de los ciudadanos fuera, es capaz de señalar los vicios de la sociedad que habita, y dar voz a aquellos desfavorecidos por “las buenas costumbres” o “el modo adecuado de hacer”.

Movimientos como los que han surgido de los disturbios de Stonewall, la trágica e injusta muerte de mujeres obreras en el año de 1857, o el asesinato de un adolescente negro a manos de un policía, y su posterior absolución, en 2013, son evidencia de este poder de la sociedad civil por levantar la voz ante las injusticias y la irrupción del deber ser en la vida privada de la población. Sin duda, estos y otros reclamos son más que válidos, necesarios y justos, pues es difícil imaginar una sociedad en que todos los ámbitos de la persona humana sean dirigidos desde arriba, a menos que acudamos a la distopía hiperordenada de George Orwell.

 

Influencer banaliza movimiento del BLM para fotografiarse para su cuenta de Instagram.
Fuente: parra.nu

 

¿Cómo puede reaccionar un grupo dirigente, cómodo en su autoridad, ante este tipo de manifestaciones de la sociedad civil? Una forma de hacerlo es simple, con la violencia monopolizada del Estado, es decir, el ejército y la policía. Bajo este concepto, solo el gobierno tiene derecho a ejercer violencia, y si la sociedad civil hace lo propio están cometiendo el mayor de los delitos, y se le debe detener en seco. Pero otra forma de reacción, un poco más planeada y efectiva, es el cambio cultural. De acuerdo con la cultura de masas, todo es comercializable, todo es susceptible de ser vendido. Si el público consumidor muestra interés por un objeto, cualquier empresario lo puede monetizar, y seguramente obtendrá éxito de ello. Una de las graves consecuencias de hacer dinero por hacerlo, de la ganancia económica como fin, y no como medio, es la disolución de lo popular, de lo civil, hasta convertirlo en un espectáculo, en una mercancía. La consecuencia a largo plazo de este tipo de estrategias es la caricaturización de las realidades alternas, la banalización de los reclamos de las minorías y la afirmación de la superioridad de un grupo cultural que consistentemente ha dominado los medios de comunicación, la publicidad, la creación de representaciones y el concepto del mundo.

Hace un par de años se celebró una marcha del orgullo gay en la Ciudad de México. Se hizo famosa por ser la que más patrocinadores tuvo, y en la tele y en anuncios veíamos productos multicolor, banderas por todos lados, y un supuesto apoyo a la comunidad LGBT… todo para vender más productos. Hace años, la cara del Che Guevara adornaba las playeras de los jóvenes de clase media alta en una ciudad de provincia… hace días una chamarra supuestamente pro-feminista adornaba a una muchacha comiendo tacos. Los reclamos sociales, necesarios y justos, se han ido convirtiendo en un espectáculo más, similar a un programa de concursos donde se baila “Arremángala arrempújala” o al chisme de espectáculos de la semana. Y mientras tanto, las víctimas de las injusticias sociales, que justamente alzan la voz, se pierden entre una vorágine de mensajes y espectáculos multicolor, y su mensaje pierde fuerza y veracidad porque supuestamente es solo una moda, formando parte del trasfondo de la vida de consumo y entretenimiento a que estamos acostumbrados. Preocupante, ¿ o no?



Eduardo Celaya

Comunicólogo e historiador que ha incursionado también en el mundo del teatro y la dramaturgia. Interesado por las construcciones de signos y las representaciones de la realidad en la vida cotidiana. Fundó el grupo de teatro independiente Un Perro Azul. Ha escrito varias piezas teatrales cortas, cuentos y ensayos de análisis e históricos.

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