#DesdeLaAcademia, por Verónica Zárate Toscano



Verónica Zárate Toscano 29/10/2021   07:31 a. m. Opinion-






El Tenor Paco Zárate

 

El lunes 25 de octubre de 2021 fue el día mundial de la ópera y me hubiera encantado poder hacer mi reportaje sobre algo relacionado con tan querido tema, pero no fue posible. Sin embargo, como más vale tarde que nunca, aprovecho que el 27 de octubre fue el Día Mundial del Patrimonio Audiovisual, y pronto sabrán por qué lo relaciono.




Voy a dedicar estas líneas a Paco Zárate, mi tío el tenor. Hermano de mi papá, tres años mayor que él, nació en el intenso año de 1910. Con ayuda de Karime Adame, he podido reunir diversas notas periodísticas que me han acercado a él. A los 23 años lo encontramos en el Estudio de canto del barítono David Silva, quien organizaba audiciones públicas con sus alumnos. En la primera donde aparece registrado, interpretó “Che gélida manina”, aria para tenor del primer acto de la ópera de Giacomo Puccini, La bohème. También estuvo en la Academia de José E. Pierson.

En enero de 1938 se tituló como Contador Público y Auditor y dos meses después, el 15 de marzo de 1938 debutó en Bellas Artes, con la compañía de Ópera Cardona, en el papel del Duque de Mantua en Rigoletto de Giuseppe Verdi. Una semana después, se llevó las palmas al interpretar el papel de Rodolfo en La bohème. La nota periodística dijo que el “tenor Francisco Zárate cantó con voz más firme que la noche de su presentación, sobre todo en los agudos; una positiva sorpresa que el público supo premiar con aplausos muy calurosos”. El 21 de enero del año siguiente, repitió el papel y el éxito, y de esa función son tanto el programa como la fotografía que incluyo, de las pocas que conservamos de sus representaciones operísticas.

En Bellas Artes participó también en 1939 en el papel de Enzo en La Gioconda de Amilcare Ponchielli. En 1940 interpretó a Almaviva en Il Barbieri di Siviglia de Gioachino Rossini. En 1946 participó como Paolino en Il matrimonio segreto de Domenico Cimarosa y como El Marinero en Le pauvre Matelot de Darius Milhaud en su estreno en México.

 

 

Paco Zárate se vinculó a un vehículo que le permitió llegar a un mayor número de personas: participó en diversos programas de la estación de radio XEW, ingresando así en un gran número de hogares mexicanos. Los programas, con distintos patrocinadores, incluían algunos fragmentos de óperas en versión para radio. Estuvo presente en muchas emisiones de “La Hora Nacional”, así que los domingos a las 10 de la noche, en cadena nacional a través de 106 estaciones, se difundían las notas que salían de su garganta, en solitario o en compañía de otros intérpretes como María Teresa Santillán, Evangelina Magaña y Manuel Bernal.

Esos programas eran más variados pues incluían otro tipo de piezas. Por ejemplo, el 4 de junio de 1939, el programa estuvo dedicado al “heroico pueblo hispano” e incluyó una selección de zarzuelas. La más llamativa es una titulada Ben Amor, de la autoría de Pablo Luna, que incluye una canción llamada “Por una mujer”. Digo llamativa porque algunos de los programas o de las piezas que se interpretaban, se grababan en discos de 78 revoluciones. Y mi tío Paco, entre sus tesoros, tenía un disco con esa pieza. Gracias a la intercesión de mi amiga Aurea y a la habilidad de Martín Audelo Chícharo del CENIDIM, se ha podido rescatar esta parte del patrimonio audiovisual de México y podemos escuchar a mi tío el tenor.

Mi tío Paco estuvo cantando activamente tanto en la radio como en giras a distintas partes de la república. Además, tuvo un par de incursiones cinematográficas. En 1941 trabajó, bajo la dirección de Julio Bracho y con fotografía de Gabriel Figueroa, en la película “Ay que tiempos señor don Simón”, al lado de Joaquín Pardavé, Arturo de Córdova y Mapy Cortés, interpretando el papel … de un tenor. Más adelante, en 1947 participó junto con Ricardo Montalban, Pedro Vargas, Ramon Vinay, Manolita Saval y Josefina Aguilar en la película “Fantasía Ranchera”.

En mayo de 1949 se embarcó rumbo a Italia y se instaló a vivir en Milano, cerca del Teatro Alla Scala, una de las catedrales de la ópera. Como muchos, seguramente soñó con cantar en su emblemático escenario pero, como pude comprobar al consultar su archivo, no lo hizo. Sin embargo, aprovechó para asistir a cuanta representación pudiera. En una postal del 24 de febrero de 1950 dice, “He ido a ver casi todas las óperas al Teatro alla Scala. Creo que en ninguna parte del mundo se presentan las obras con el lujo como lo hacen aquí, es extraordinario", estaba maravillado. Yo tuve oportunidad en noviembre de 2019 de asistir a una representación y todo el tiempo tuve la emoción a flor de piel, no sólo por estar en ese lugar tan especial sino por pensar en mi tío el tenor.

Durante su estancia italiana trabajó como cónsul en la representación mexicana. Regresó a México en 1970 y ejerció como contador, pero siguió siendo un melómano. Compró un piano –que heredé- y con frecuencia se reunía con amigos a tocar y tal vez cantar. Yo conviví con él en los setentas en mi adolescencia y, sabiendo que era tenor, le pedía insistentemente que cantara para mí. Nunca lo hizo, pero un día llegó con los discos de 78 revoluciones que he podido rescatar y conservo junto con mi afición operística y lamento no haber sido más insistente y preguntona en su momento. Falleció en 1977 y lo revivo con cariño en esta nota homenaje.



Verónica Zárate Toscano

Doctora en Historia por El Colegio de México. Nivel II del Sistema Nacional de Investigadores. Desde sus primeras investigaciones ha abordado el estudio de la prensa en el periodo de la Independencia, tanto en México como en España. De igual manera se ha interesado por la historia de las mentalidades y de la vida cotidiana. Profesora–investigadora del Instituto Mora.

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