Para todos y para la Historia, por Genaro Bermúdez



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Genaro Bermúdez 27/09/2021   06:45 p. m. Opinion-






200 años de consumación y la búsqueda de la identidad

 

“El establecimiento del federalismo puede bien ser interpretado como un intento por lograr una representación más equitativa entre los grupos políticos del país.”




Ávila, Alfredo. En nombre de la Nación. pp.295

 

El 27 de septiembre se cumplen 200 años de la consumación de la independencia de México, en el marco de la falta de aceptación del acontecimiento como un hecho de suma importancia en nuestra historia nacional. Sin embargo, existe una carencia de respuestas en la forma en que se desestima a la consumación y se enaltece el inicio de la lucha independiente, como el acto de mayor importancia. Establezcamos a la identidad nacional como el objeto de este contenido y de las reflexiones.

La primera consideración se refiere a que la llamada Nación Mexicanano existió antes y durante de la guerra de independencia; por tanto, al consumarse la independencia no se logró conformar esa nación. Es así que, de forma contundente, si no existió ese sentimiento nacionalista, no existió tampoco una conciencia de la nueva nación. Nuestra idea de nación se construyó con la vida independiente a lo largo de los años, desde la consumación y no antes, con la lucha constante en contra de las naciones invasoras y con los actos heroicos de cada batalla y cada ciudadano en el siglo XIX.

Se entiende que, a la luz de los hechos, la consumación es el final del régimen virreinal, pero no es el inicio de la identidad mexicana; la construcción de esa identidad se logró en las décadas siguientes y se delimitaron sus características. Edmundo O’ Gorman explica que el trauma de nuestra historia se debe a que: “En suma, la gran novedad que desde nuestro punto de vista trajo consigo la independencia, fue exponer al hombre colonial a la intemperie, por así decirlo, de la modernidad.”[1] En este sentido, los integrantes de la nueva nación mexicana se encontraron con la falta de contenido ideológico que les explicara lo que acontecía, por lo que la parcialidad identificada con el gobierno virreinal se vio lejos de la condición de posibilidad de ser un nuevo ser en una nueva nación. De igual forma, los simpatizantes de la nueva nación mexicana se enfrentaron en la complicada decisión de ser un imperio o ser una república, con una constitución, libertades y derechos. Es decir, la clase política se enfrentó a la disyuntiva de su participación, sin saber qué camino seguir: el de la tradición europea monárquica o el de las libertades constitucionales, en un imperio o en una república.

 

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“Y fue así que el conflicto conservador-liberal –suceso eje de nuestra historia—encerró la gran cuestión de la identidad nacional en una encrucijada de incompatibilidad entre el pasado y el futuro, monstruosa coyuntura que, por obvia conexión simbólica, creemos poder designar como la “encrucijada de Jano.”[2] Sin determinar favoritismos prejuiciosos, la identidad nacional no se incluyó en el paquete de la independencia, solamente se logró la independencia política y social, pero no la cultural. El gobierno se convirtió en un imperio con la misión de crear esa nueva nación, partiendo de la creación de la constitución y ser una unidad entre todos; objetivo que no se cumplió y que provocó la desunión entre el congreso y el gobierno imperial.

“Así los primeros actos y convulsiones de la nueva nación estuvieron relacionados con el establecimiento de la representación nacional.”[3]Es por restas razones que la consumación de la independencia solamente se centra en el ámbito político, en el sentido de la falta de la creación de la identidad nacional, que no existió antes de lograr la transformación del gobierno. La independencia fue en el orden de gobierno y no en el sentimiento de la población, como un cambio cultural y social; se mantuvo la identidad al gobierno virreinal o se identificaron con el modelo republicano copiando el ejemplo norteamericano.

 

Foto: eluniversalpuebla.com.mx

 

México nació como un imperio y se construyó como una república, a veces centralista y en periodos federalista, con la búsqueda constante de su identidad, desde la tradición o desde la modernidad. Esta construcción de identidad nacional se delimitó desde los acontecimientos y desde la narrativa histórica del siglo XIX. En conclusión, seguimos arrastrando esa labor de construcción desde el presente, para definir nuestra realidad y nuestra identidad, para caminar al futuro que se ve en dos direcciones similares: la nueva identidad o la antigua identidad, mexicanas las dos.

¿Por qué no conmemoramos la consumación de la independencia? Para responder de forma muy particular, se entiende que la imagen de un ser mexicano no existe, no nos representa, dado que se ha mantenido una idea de libertad republicana que se construyó desde la indefinición cultural y la falta de identidad nacional; será por esa razón que nos gusta creer que el inicio es más esperanzador y no el final que es más sombrío.

 

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[1] O’ Gorman, Edmundo. México. El Trauma de su Historia.  México, CONACULTA. 1999. pp.28.

[2] Ibid. pp. 41.

[3] Ávila, Alfredo. En nombre de la Nación. La formación del gobierno representativo en México (1808-1824). Taurus-CIDE. 1999. pp.297.



Genaro Bermúdez

Licenciado en Historia por la UNAM, y becario del programa de Alto Desempeño del años de 1998 a 200. Profesor con 16 años de experiencia y con cursos en diferentes universidades del país. Especializado en siglo XIX y XX, con enfoque en grupos y facciones políticas, identidad nacional y costumbres, tradiciones y cultura popular en México. También, especial atención en historia del fútbol mexicano.

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