ARTESANÍA POLÍTICA, por Jorge Luis Oliva



Foto: lopezobrador.org.mx

Jorge Luis Oliva 01/07/2021   09:34 a. m. Opinion-






De la Patria y los Patriotas
(o paparruchadas populistas)

 

Recién pasadas las elecciones parece que solamente hay dos constantes, la pandemia y la retórica del Presidente. Esa insistencia arcaica y atemporal en la que divide y polariza poco ha nutrido a la nación, vaya irónica y pesada cruz la que cargamos todos, y es que metidos en esa dinámica, poco espacio tenemos para un desarrollo sano del debate público; pareciera que habitamos de manera colectiva alguna década anterior a los años 90 del siglo pasado, en la que las ideologías eran un acicate para entender de manera dual y hasta simple el mundo y sus aconteceres.

Sin embargo, el asunto va mucho más allá de sentirse identificado ideológicamente con el mandatario y su partido, éste y su 4T ha sido capaz de simplificar al extremo al país, bastó pues con dividirnos entre “pueblo bueno” y “pueblo malo”, entre “chairos y fifís”, entre “conservadores” y “liberales”, todos estos eufemismos de lo que podemos identificar como un profundo resentimiento del mandatario.

Y es que claramente se puede observar una tendencia hacia aprovecharse de la necesidad de cambio inherente en el mexicano tras décadas de malas administraciones. Cosa que además de capitalizar de manera cuasi magistral durante la larga campaña presidencial, ha sabido utilizar como acicate para legitimarse y fortalecerse.




¿Pero pues qué de malo tiene? “Solo es el presidente”, “esa división ya estaba”. Pues sí, pero el asunto no está en tener presente la existencia de dicha polarización, sino en identificar quien la profundiza y bajo qué premisas, pero sobre todo, con qué objetivo. La cosa también está en que está lógica del amigo-enemigo, (que nada tiene que ver con la desarrollada por Carl Schmitt) prima un conflicto que contraviene el juego del adversario en una Democracia sana, y que además da mucho terreno a la paradoja de Lampedusa o el “gatopardismo”.

A este hecho habrá que sumarle que bajo la repetición constante de este ejercicio ha encontrado conexión con los demográficos más olvidados y desprotegidos, al grado de desarrollar una capacidad muy eficiente para administrar la pobreza, dosificando el “cambio” con la firme intención de sacarle beneficio a vuelta de urna en la revocación de mandato y en la permanencia del partido en el poder allá por el 2024, pero bueno, eso es aventar la voz a un abismo que aún no tenemos a la vista.

Con lo expuesto hasta aquí, no resulta extraño que sus cófrades de partido se suben a esa bestia y la alimentan, pero con una vuelta de tuerca bastante interesante, pues estos aplanan el terreno y ponen sobre él la loza del patriotismo, exacerbación que pareciera sacada de lo más profundo de algún régimen totalitario de la historia de la humanidad, cosa que coquetea con la idea de un destino irrenunciable.

 

Gibrán Ramírez Reyes. Foto: elsoldehermosillo.com.mx

 

Gibrán Ramírez Reyes por ejemplo, llama “Patriota” al otrora señor encargado de vigilar la democracia mexicana allá por el sexenio de nuestro “Masiosare”, el siempre recordado Salinas de Gortari. Pareciera pues que esta administración, en su intento por construir una imagen limpia, apela a la desmemoria, acotando y calificando la moralidad de los actos pasados, presentes y futuros con alguna especie de instrumento de medición que fluctúa según convenga.

Y vaya que ha redituado, pues con los acontecimientos más recientes, pese a la evidente gravedad, han salido no tan golpeados, (dependiendo siempre del personaje y de su circunstancia), haciendo gala de una inteligencia que siempre apela a la reducción al absurdo de cualquier situación que le contravenga.

Así tenemos situaciones como la del metro, pese a que han pasado ya más de 50 días, no ofrece claridad respecto el deslinde de responsabilidades, incluso pese a que una de las características de la Administración Pública dicta que no se puede separar al servidor público de sus actos u omisiones en la toma de decisiones, tienen tiempo para culpar al pasado, a sus presidentes, sus jefes de gobierno, sus directores y a quienes debieron garantizar un servicio de calidad.

Pareciera pues que no existe relación entre los argumentos que estoy esgrimiendo aquí, sin embargo si lo hay pues comienza a dibujarse una relación directamente proporcional entre la polarización y el olvido colectivo, situación que es un caldo de cultivo para la impunidad.

Existe pues una contradicción entre la lucha contra la corrupción y la forma en la que esta se presenta (aún) en el gobierno federal, y sí, pueden ustedes decirme con base en las estadísticas recientes, que la percepción de la corrupción en el gobierno ha mejorado, y que esto es un claro ejemplo del avance que se tiene en el cambio tantas veces prometido y vituperado. Sin embargo las perspicacias surgen como un animal natural a la falta de transparencia, mismas que nos ofrecen un panorama más amplio sobre el asunto, llevándonos a concluir que la corrupción no cruza la frontera establecida por la fuerza moral del presidente, dando así lugar a una cúpula digna de un faraón o rey cuyo destino es erigirse como un Padre todo poderoso.

 

Andrés Manuel López Obrador. Foto: elsiglodetorreon.com.mx


¡Puf! Qué difícil es darse cuenta de que nos llenamos de personajes ungidos, tocados por la mano salvadora de Andrés Manuel, los cuales se nos presentan en el escenario con una nueva aura, un nuevo traje del emperador, que casi por obligación debemos aceptar y deglutir sin importar si en esencia son distinto, sin importar si se puede cuestionarles, esfuerzo que resulta vano e infértil.

En fin, este país sigue acostumbrado a construirse bajo el marco de un sufrimiento eterno, hijos pues del calvario de Pandora que incluso se constituye como un elemento identitario, mismo que describe a la perfección Ernesto Sábato en “Sobre Héroes y Tumbas”:

“Creo que la verdad está bien en las matemáticas, en la química, en la filosofía. No en la vida. En la vida es más importante la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza. Siempre es levemente siniestro volver a los lugares que han sido testigos de un instante de perfección”.

 



Jorge Luis Oliva

Nacido en el hospital Magdalena de las Salinas al norte de la Ciudad de México el día 6 en el último mes del sacudido año 1985. En algo parecido a una especie de sentencia de corte esotérico al estilo “año de nacimiento es destino”, su vida ha sido así, temblorosa y sacudida, llena de dudas y respuestas. Con el paso del tiempo y tras un crecimiento, algo desesperado, el sujeto por el que se escribe esta semblanza abrió su mente a los libros qu...Leer más

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