Nuestro mundo representado, por Eduardo Celaya Díaz



Fuente: twitter.com

Eduardo Celaya 20/05/2021   09:51 a. m. Opinion-






Auri sacra fames

 

Los sistemas sociales a lo largo del tiempo siempre han estado directamente relacionados con la producción de riqueza, o al menos, así lo evidencian los estudios materialistas de la historia, en los que me formé algunos años atrás. Desde que la historia es historia, es decir, desde la invención de la escritura, la forma de producir riqueza, de repartir el trabajo y de organizarse como sociedad están entrelazadas. Pasando por la propiedad de mano de obra como objeto, es decir, la esclavitud en la Antigüedad; después por la posesión de tierras como fuente de riqueza, es decir, el Feudalismo en el Medioevo; y llegando hasta la propiedad de fuerza de trabajo en el capitalismo, en lo que se conoce como Modernidad, el ser humano siempre ha necesitado de un sistema económico para sobrevivir, transformar el mundo y vivir en sociedad.




Evidentemente, estos sistemas económicos no son, ni aspiran a ser perfectos. Tienes graves defectos y contradicciones que tarde o temprano surgen, levantando hordas de detractores que señalan los graves errores que se cometen, abogando por una vida utópica en el que la riqueza, la producción, la transformación de la naturaleza o la división de trabajo no sean necesarios. Pero bueno, si un mundo como tal fuera posible, quiero creer que alguna cultura a lo largo de la historia habría dado ya con él. Los marxistas de cepa incluso hablan de un socialismo primitivo, mucho antes de la existencia del sistema esclavista, en el que no había propiedad privada, ni división del trabajo, ni clases sociales. Sin embargo, dicho sistema económico es puramente teórico, ya que no existe evidencia alguna de su funcionamiento.

Muchas alternativas se han pensado, como el comunismo marxista, o llevado al extremo, el leninista (con el que no comulgo mucho, por cierto). Pero, así como se proponen planes y sistemas para acabar con las injusticias del capitalismo, lo mismo sucedió en el periodo esclavista y con el feudal. De lo que sí hay evidencia es que un sistema económico solo “cae” para ser sustituido por otro que resuelva mejor las necesidades humanas, aún a pesar de las contradicciones e injusticias que traiga consigo. Los señores feudales se dieron cuenta que un hombre libre era más productivo que un esclavo, siempre y cuando se tuvieran tierras productivas en propiedad. Los burgueses se dieron cuenta que se generaba mayor riqueza por medio del comercio y el intercambio, antes que por las relaciones de servidumbre, por lo que se instauró el régimen moderno que hoy conocemos. Es decir, el capitalismo difícilmente caerá para dar paso a un régimen comunista o socialista de amistad y fraternidad; antes bien, será sustituido por un nuevo sistema económico que busque mayor producción de riqueza Dios sabrá por qué medios. Es lo más probable, aunque no estoy diciendo que así será.

 

El cambista y su mujer (1538), Marinus van Reymerswale
Fuente: wsimag.com

 

¿A qué viene todo esto? Pues el otro día, en mis ratos de ocio por el internet me encontré con una de esas publicaciones de Pictoline en las que hacen promoción de uno u otro producto, por medio de una infografía. En este caso, era una imagen publicitaria de American Express en donde hablaban de las dificultades que los micro y pequeños empresarios sperimentan al tratar de sobrevivir en el mercado actual. Como es mi costumbre, para entretenerme un rato, me metí a leer comentarios y mis expectativas no fueron defraudadas. Se podía leer línea tras línea criticando a la empresa creadora de infografías, diciendo que se sentían defraudados de que se traicionara la confianza del espectador, al incluir tan descaradamente un anuncio en su consumo de memes y chistes diario. Esto es común en este tipo de publicaciones, pero un comentario en especial me llamó mucho la atención. No solamente criticaba a Pictoline por hacer promoción (o propaganda, como decía esta persona) de una tarjeta de crédito, además decía que lamentaba mucho el hecho que, a pesar de buscar información sin sesgo en internet (en Facebook…), ahora se encontraba con que dicha fuente otrora confiable, ahora se había vendido a los intereses comerciales de una institución financiera.

El comentario de esta persona era lamentable por todos lados. Primero: ¿en verdad este individuo considera una fuente confiable y suficiente de información una infografía de Facebook? ¿En qué momento nos volvimos tan perezosos como para ya ni siquiera buscar una lectura o una opinión fundamentada, y preferimos todo digerido con dibujitos y pocas palabras? Pero ese no es el caso, el asunto que me llevó a reflexionar es el odio que la publicación desató por hacer publicidad. Muchas personas mencionaron como respuesta al comentario que Pictoline a fin de cuentas es una empresa, y como tal, su objetivo es crear utilidades, pues en ella trabajan muchas personas que lo hacen para tener un sustento. Argumento válido a todas luces, pues dudo que una persona haga infografías bien ilustradas y promovidas en redes sociales solo por el amor al arte.

 

Cristo expulsa a los mercaderes del templo (1860), Julius Schnorr von Carolsfeld
Fuente: wsimag.com

 

Lo más grave, sin embargo, que veo en ese comentario, es el odio irracional que existe por la riqueza y, por consecuencia, por la gente que la tiene o la genera. Aparentemente, buscar tener ingresos no digamos ya excesivos, sino suficientes, es deleznable, pues el dinero envenena el alma, o al parecer lo hace. Y esta reducción a una conclusión tan pedestre viene precisamente del desconocimiento de cómo funciona el mundo, no digamos ya la economía. La generación de riqueza es tan necesaria como comer o respirar, pues esta riqueza es la misma que nos permite no solo adquirir alimento, también vivienda, educación, salud, transporte, entretenimiento, entre muchas otras cosas. Con esto no quiero decir que la acumulación irracional de capital sea lo mejor pero, así como no lo es, tampoco es saludable en ningún sentido el renegar totalmente de la riqueza y el dinero, pues la moneda como tal no es negativa.

La expresión auri sacra fames proviene de La Eneida, obra cumbre de Virgilio, al narrar el asesinato de Polidoro a manos de Poliméstor, rey de los tracios, con el fin de apoderarse del tesoro de Príamo que tenía el joven hijo de Hécuba. Esta expresión se usa generalmente cuando se denuncian los males que el hambre de riqueza causa en el hombre, justificando crímenes increíbles, como el Holocausto, los campos de concentración, las guerras, los asesinatos o las traiciones. Sin embargo, esta expresión también es un mal argumento al hablar de los horrores del capitalismo o de la economía. No es el dinero o la riqueza quienes cometen los males, es el mismo hombre y su ambición por el poder que la riqueza otorga. Buscar tener dinero, ya sea para sobrevivir, para ahorrar, o para lograr alguna meta no es intrínsecamente malo.

Un empresario que genera utilidades y por ello, acumula capital, no es el mismísimo Satanás, así como un pobre no es bueno, noble y sabio solo por sufrir carencias. No es conveniente caer en reducciones tan absurdas, dignas de un melodrama telenovelesco mal escrito. No caigamos en falacias reduccionistas como que el pobre es bueno, el rico es malo y quiere mi destrucción, pues no podemos olvidar que así como se necesita a alguien que cuide de los enfermos y recoja la basura, también se necesita de alguien que tenga ideas, alguien que invierta en ellas y alguien que dé trabajo a los demás. Me parece conveniente que, antes que señalar a una empresa productora de infografías como vendida o corrupta, analicemos cómo funciona realmente el mundo y nos adaptemos a él, antes que pretender cambiar al mundo sentados en nuestro sofá.

 

Recomendación de la semana: Si vamos a opinar, vamos a opinar bien. Si vamos a hablar de sistemas económicos leamos a Marx, pero también a Adam Smith. Leamos a Hobbes, pero también a Max Weber… o al menos, sería conveniente saber de qué hablan.



Eduardo Celaya

Comunicólogo e historiador que ha incursionado también en el mundo del teatro y la dramaturgia. Interesado por las construcciones de signos y las representaciones de la realidad en la vida cotidiana. Fundó el grupo de teatro independiente Un Perro Azul. Ha escrito varias piezas teatrales cortas, cuentos y ensayos de análisis e históricos.

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