Nuestro mundo representado, por Eduardo Celaya Díaz



Fuente: noticieros.televisa.com

Eduardo Celaya 05/05/2021   08:15 p. m. Opinion-






De política y politiquerías

 

México está de luto. Una terrible noticia nos sacudió de un letargo incómodo, disfrazado de contienda electoral, y, espero, abra campo para la reflexión. Pero este letargo extraño que hemos vivido desde hace más de 10 años, si no es que más, está combinado con una furia detestable y un enojo sin descanso que invade cada momento de nuestra vida. Es complicado salir a la calle y no sentir desprecio por los baches, por los puestos ambulantes sin regulación, por las claras faltas a la civilidad, los letreros de campañas políticas (sean del partido que sean), en fin, por cada aspecto de nuestra vida cotidiana que se ha naturalizado, aunque evidentemente, son una cachetada a mano limpia para cada uno de nosotros.




Este ambiente electorero era antes limitado a los periodos de campaña política. Recuerdo hace unos años que cuando se anunciaban estos periodos me mentalizaba para desconectarme de los anuncios en la tele, los carteles en la calle y las farsas disfrazadas de retórica que se escuchaban a todas horas. Poco después se popularizaron los periodos de pre-campaña, un eufemismo que no significa otra cosa más que un par de meses extra de estar escuchando estupidez tras estupidez las 24 horas del día. Hoy solo puedo pensar que éramos felices y no lo sabíamos. De unos años para acá (no quiero ni pretendo precisar si son 2, 5 ó 25) somos prisioneros de una supuesta batalla ideológica y propagandística que lo único que quiere obtener son nuestros votos, por medio de una descarada manipulación abiertamente emocional, para que amemos a unos y detestemos a otros.

Sin ir más lejos, acá en donde vivo actualmente basta salir a la banqueta para ver anuncios de cierto par de candidatos con su nombre en grandes letras y una absurdamente retocada fotografía para verles guapos… o al menos eso creo que pretenden. Hace un par de semanas noté también que en la pared de la casa de un vecino apareció una manta con un corazón y un nombre. “Ridículos”, pensé, pues creí que era una declaración de amor de prepúberes… craso error, después aparecieron más y más de esas lonas en mi colonia, con dos nombres repetidos una y otra vez, con mensajes escritos con plumón que rezan, por ejemplo “amigos por siempre”, “te quiero”, “te apoyamos”, y demás sarta de frasecillas vomitivas que me provocan desear ser ciego a ratos, para ahorrarme esas vergüenzas.

 


Propaganda electoral.
Fuente: forbes.com.mx

 

¿En qué momento perdimos la verdadera noción de la política y caímos en los abismos nauseabundos de la politiquería? No lo sé con exactitud, pues desde que tengo uso de razón escuchaba hablar sobre los buenos y los malos, las promesas y los criminales, como si la vida cotidiana se tratara del más pusilánime melodrama televisivo, sin campo siquiera para la más mínima reflexión racional. Es el guapo, es el bueno, es el defensor, es la esperanza, es el cristiano, es el moral… esos son los adjetivos que he escuchado una y otra vez de los candidatos que prometen sacarnos del abismo en que vivimos los ciudadanos de a pie (y miren que yo me considero privilegiado). Todo parece indicar, sin dejar lugar a dudas, que nos han robado el alma de ciudadano y nos han vuelto simples ratones obedientes sin dimensión racional.

La naturaleza y la vida política son dimensiones propias del ser humano, desde que somos seres gregarios, es decir, entes que necesitamos vivir en sociedad. Por esta necesidad es que nos comunicamos, significamos, nos reunimos en familias, amistades, grupos, es la razón por la que tenemos creencias, esperanzas, historia, identidad, cultura: porque somos políticos. Es decir, el hombre ha sido político desde que es hombre (y me refiero a varón y mujer, no pongan palabras en mi boca, por favor). Hegel decía que la política va en un progreso constante desde la sociedad natural, pasando por la burguesa y llegando a la política, formada por ciudadanos. Y es importante recalcar que no hemos sido ciudadanos siempre. La ciudadanía es un invento de la Modernidad, cuando los primeros burgueses quisieron acceder a los puestos de poder político, reservados para las aristocracias, e inventaron eso de que todos los hombres somos iguales, y por tanto, todos podemos gobernar y ser gobernados… eso que se conoce como democracia, pues.

Por lo tanto, a pesar que somos seres políticos por naturaleza, no en todas las épocas de la humanidad hemos ejercido la política como lo hacemos desde la Ilustración. Sin embargo, la cultura política actual, tal y como la conocemos, está separada por niveles superpuestos, a decir de Hegel, pues no todos los hombres participamos activamente, solamente una pequeña selección de la humanidad lo hace. Esto demuestra una clara separación clasista y hasta racista, mantenida en pie gracias a la cultura Occidental que tanto nos gusta andar sacralizando, a pesar que apenas tiene un par de siglos de ser como la conocemos.

 

La Revolución Francesa marcó el inicio de la modernidad política.
Fuente: lavanguardia.com

 

Por otro lado, Bolívar Echevarría hace una clara distinción entre la política y lo político. A decir de este pensador, lo político está presente en todos los campos de la vida humana, es la base de la convivencia entre seres humanos, la formación de grupos, del lenguaje, del comercio, de la religión y de la cultura. La política, sin embargo, es la enajenación de esta misma naturaleza de los ciudadanos modernos, pues se ha hecho una distinción muy clara y definida entre la política espuria y la pura. Y sí, eso que usted, querido lector está pensando, es cierto. La “clase política” nos ha quitado esa dimensión propia y natural de los seres humanos y la ha monopolizado, haciéndonos creer que solo ellos son capaces y responsables de tomar decisiones políticas, pues están preparados (sic.) para ello. A nosotros, los comunes, nos queda solo un momento “político” cada par de años: el acto de votar. Nuestras obligaciones políticas, por lo tanto, no van más allá de sacar la credencial, revisar el padrón y poner un tache en las limitadas opciones que los mal llamados políticos nos dan, en su gran sapiencia y sabiduría, pues aparentemente, somos demasiado estúpidos para ver más allá de nuestras narices y de tomar decisiones como adultos pensantes (sarcasmo, por favor).

La estrategia funciona, a fin de cuentas, pues estamos demasiado ocupados tratando de sobrevivir, cansados en los letárgicos traslados de horas entre nuestra casa y nuestro trabajo; tratando de encontrar un segundo, tercer o cuarto trabajo; e intentando llegar a fin de mes con lo que tengamos en la bolsa. ¿Pensar en decisiones políticas? No hay tiempo… necesito encontrar qué comeré (de nuevo, hablo desde el privilegio). Marx no estaba tan equivocado, después de todo, al hablar del hombre enajenado, que no solo entrega su fuerza de trabajo y su tiempo a cambio de un salario, también vende su misma naturaleza política, entregándola a una clase determinada por ellos mismos, ni más ni menos. Podríamos decir que esto se basa en el Contrato Social de Rousseau, pero dudo que el pensador ilustrado hubiera imaginado un pueblo atacado a ráfagas de metralleta o sujeto a atropellos, desapariciones, violaciones de derechos humanos y demás por el gobierno que se supone debe protegerlo; a fin de cuentas, esa es la base del contrato social, ¿o no?

 

Colapso del metro en la Ciudad de México, el 3 de mayo de 2021.
Fuente: viveusa.mx

 

Hoy estamos de luto, una vez más, como cada par de años cuando nos toca enfrentarnos a una tragedia de magnitudes inimaginables, como la que nos sacudió el pasado lunes 3 de mayo de 2021. Al mismo tiempo, nos enteramos de atropellos terribles al pueblo colombiano, como hace un tiempo vimos también en Chile, Argentina, Venezuela, y un largo, pero larguísimo etcétera.  Y a lo que quiero llegar en esta reflexión es que, si bien estamos aletargados, ocupados tratando de encontrar el sustento, no debemos dejar de lado nuestra dimensión política, por seres humanos que somos, y no podemos ni debemos abandonar una de nuestras más grandes responsabilidades en las manos de cierta “clase política” que nos ha demostrado una y otra vez que lo que menos cumplen es el Contrato Social (y de nuevo, no hablo de colores, siglas o partidos, no se confunda, estimado lector).

¿Tomar las calles es la solución? En verdad que no lo sé. No lo desearía, aunque a veces parece ser el camino adecuado. Sin embargo, si hago esta clara recomendación: hagamos nuestra la obligación de ser políticos, no solo en las urnas, y mucho menos desde frasecitas vacías como “el candidato que me quiere”. Si vamos a vivir en la Modernidad, si vamos a ser ciudadanos, si vamos a ser parte de una democracia, pues entonces seamos lo suficientemente responsables de nuestra misma ciudadanía, y dejémonos de esperanzas mesiánicas de que alguien llegará y tomará las decisiones por mí. No seamos pusilánimes, por favor.

 

Recomendación de la semana: Marx, Weber o Bolívar Echevarría. De éste, específicamente, “Lo político en la política” en Valor de uso y utopía, en Siglo XXI Editores (1998).



Eduardo Celaya

Comunicólogo e historiador que ha incursionado también en el mundo del teatro y la dramaturgia. Interesado por las construcciones de signos y las representaciones de la realidad en la vida cotidiana. Fundó el grupo de teatro independiente Un Perro Azul. Ha escrito varias piezas teatrales cortas, cuentos y ensayos de análisis e históricos.

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