Nuestro mundo representado, por Eduardo Celaya Díaz



Fuente: atomocartun.wordpress.com

Eduardo Celaya 10/04/2021   12:47 p. m. Opinion-






La gran educadora

 

Por allá de 1440, en Europa occidental, Gutenberg inventó la imprenta. Cierto es que no fue la primera vez que el concepto de imprenta existe en el mundo, pero si ha sido uno de los inventos que más repercusión tuvieron en el desarrollo de la cultura occidental, hoy por hoy, la dominante en nuestro país. Fue tal el impacto de la imprenta, que fue una de las herramientas principales de la Reforma Protestante, siendo que uno de los pilares de la doctrina luterana sostiene que el acceso a la Vida Eterna, a la Salvación, se logra por el propio estudio e interpretación de la Biblia.




Esto implica que no es necesaria la intervención de una Iglesia jerárquica, como existe en el dogma católico, para acceder al Cielo; el simple estudio propio y personal nos da paso a la comunión con Dios. Eso significa, a su vez, que los sacerdotes no son tan necesario como en el catolicismo… y que el Papa, por consecuencia, no es el representante de Dios en la Tierra, y mucho menos tiene el poder o la autoridad divina de nombrar reyes o Emperadores. Todo esto se logró gracias a que el pueblo común pudo leer la Biblia en su propia casa, no escuchar lo que decían los sacerdotes sobre ella. Un invento del siglo XV dividió a la institución mas poderosa del mundo medieval.

El asunto es que el invento por sí mismo no fue el causante de la aparición de luteranos, calvinistas, anglicanos, y demás sectas cristianas durante las llamadas Guerras de Religión. El manejo de la información y los nuevos modelos de comunicación e interacción humana, en constante evolución es el causal, entre muchos otros, de los cambios en la vida cotidiana y la cultura. Hasta antes de la invención de la imprenta, solo los monjes y sacerdotes tenían acceso directo a las Sagradas Escrituras, y a partir de este contacto directo con la Revelación la Iglesia Cristiana Medieval se instituyó como la base y fundamento de la vida mundana. El Papa tenía el derecho de poner y deponer reyes, pues actuaba por inspiración divina. El pueblo común, tanto así como los guerreros y los nobles, tenían poco o nulo acceso a la letra escrita, así que realmente no sabían lo que decían las Escrituras, más allá de lo que les contaba alguien más. Esto permitió el sistema político y económico del Feudalismo, que duró alrededor de 10 siglos.

 

Martín Lutero colocando las 95 tesis en las puertas de la Catedral de Wittenberg.
Fuente: luislunajr.blogspot.com

 

El que existiera la imprenta de caracteres móviles no significó, obviamente, que la gente supiera leer y escribir de inmediato; varios siglos tuvieron que pasar para darle la importancia necesaria a la alfabetización. Sin embargo, Lutero, un monje católico que sí que sabía leer y entender la Biblia, se cuestionó por qué lo que leía y lo que veía en el mundo real no correspondía, y de ahí que se propusiera escribir y entregar a la sociedad las 95 tesis de Wittenberg, que son el inicio del cisma más grande y con mayores repercusiones de la Iglesia Cristiana.

Muchos cambios ocurrieron en Europa y sus colonias a partir de estos hechos. Por poner un ejemplo, cuando Europa se encontraba totalmente dividida por la fe, la amplia población americana que tenía creencias diferentes y primitivas, a los ojos de los invasores europeos, eran la oportunidad perfecta para ganar almas para el catolicismo, lo que llevo a los movimientos evangelistas americanos y la fundación de un sistema cuasi feudal en las tierras americanas (hechos que han tenido una repercusión impresionante en nuestra vida actual). Sin embargo, más cambios surgieron con la siguiente revolución de la comunicación: el invento de los medios masivos. La prensa, la radio, la televisión y el cine llegaron para quedarse en un siglo XX convulso, dividido por la guerra, la muerte y la destrucción, y con un sistema de entregar y socializar la información que jamás se había visto en la humanidad. Lo que particulariza a los medios masivos de comunicación (MMC) es la relación desigual entre el emisor y el receptor, pues mientras en la comunicación entre dos personas existe una retroalimentación, y una equidad en el control de la información, en los MMC existe un emisor único que manda mensajes a un receptor masivo, verdaderamente masivo, que no tiene la capacidad de enviar a su vez mensajes al emisor; se cancela la retroalimentación.

Este cambio en el paradigma de la interacción humana significa que el manejo y control de la información es total responsabilidad de los emisores, los propietarios de los grandes MMC, mientras el público receptor se convierte en una masa pasiva y homogénea que solamente recibe información, sin capacidad de compararla o criticarla, pues es lo único que conoce del mundo. Aquel monopolio de la información que tuviera la Iglesia Medieval y la nobleza europea regresa, pero en forma de burguesía (hola Marx).

 

Evolución de los medios de comunicación en la historia humana.
Fuente: timetoast.com

 

Esta nueva cultura de la comunicación significó la aparición de la sociedad de masas y el consumo, muy ad hoc con los tiempos que se vivieron en el mundo occidental tras la Segunda Guerra Mundial. Si a esto añadimos el trabajo de Joseph Goebbels en la Alemania Nazi, y su contraparte americana, el creador de las relaciones públicas, Edward Bernays, entramos a un periodo de control excesivo de la información bajo el pretexto de la defensa de la libertad, el nacionalismo, la democracia, el supremacismo racial, o cualquier etiqueta que le queramos poner a un hecho muy simple de entender: la manipulación. Colocar significados descontextualizados a signos que antes no los tenían, como la maldad intrínseca de alemanes, rusos y ahora árabes, por poner solo un ejemplo, ha sido una de las tantas funciones de los MMC, creando una ideología muy peculiar en aquellos que consumimos este tipo de medios de comunicación. Además, dado que los hábitos de lectura y análisis de la información son mal vistos, por decir lo menos (no hables de política y religión en la mesa), la recepción de la información digerida y manipulada por los medios provocan que creamos absolutamente todo lo que vemos en una pantalla. No por nada creemos que por ver algo debe ser verdad, sin que nos cruce por la mente que quizá aquello que vemos está alterado y montado, con un objetivo ajeno a nuestros intereses.

La irrupción de la cultura digital en el mundo implica una nueva revolución en la comunicación humana. Las redes sociales abrieron un nuevo paradigma (aunque no tan nuevo, la verdad). Los receptores que consumimos la información en internet ahora tenemos la posibilidad de no solo contestar, sino de crear nuestros propios contenidos. Del binomio productor/consumidor entramos a la categoría de usuarios, con capacidad de consumir y producir a la vez. Las consecuencias de esta nueva revolución se ven en la vida cotidiana, algo así como los campesinos europeos cuando leyeron por primera vez la Biblia y descubrieron que en ningún versículo Dios mandó a los nobles a esclavizarlos para tener acceso a la vida eterna (dando paso a las revoluciones de 1789, 1830 y 1848). Hoy nosotros, los consumidores de redes sociales, estamos acostumbrados a opinar, a escribir, a compartir datos (sean reales o no) y a creer lo que estos mismos medios nos entregan. ¿Será que los monopolios informáticos, auspiciados por el Estado, impulsarán una nueva revolución de la comunicación en que, de nuevo, los de a pie perdamos el derecho a la retroalimentación, y nos convirtamos otra vez en una masa pasiva, homogénea y sin capacidad de análisis y crítica? Veo yo, con absoluto horror, que ello está sucediendo cada vez más deprisa, y no solo en la comunicación, también en las ideologías, las creencias, la política o la vida privada.

Depende de nosotros, los receptores, ser más críticos que nunca ante la información que recibimos. Convendría en nuestra formación de cualquier carrera acercarnos a los estudios de la comunicación en el siglo XX, pasando por la Escuela Funcionalista Norteamericana (Lasswell, Lazarsfeld, Merton, Schramm, Osgood), pero también a la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt y la los Estudios Culturales de la Escuela de Birmingham… pero sobre todo a los Estudios Culturales Latinoamericanos, que se enfocan en contrarrestar la colonización cultural, la dependencia ideológica y apostar por los estudios de la cultura popular. Si este nuevo revés contra la capacidad de crítica del pueblo común sigue su curso, sin enfrentarse a un auditorio fuerte y con sustento teórico, entonces volverán a quitarnos nuestra capacidad de hablar, y de nuevo nos convertiremos en simples receptores, sin voz, pero sí con voto. No permitamos que la comunicación masiva siga siendo la gran educadora.

 

Recomendación de la semana: Invito a mis lectores a conocer los 11 principios de la Orquestación de Goebbels, que aunque tenga imagen de mal absoluto, sus ideas se siguen conociendo y aplicando en la política y la mercadotecnia.



Eduardo Celaya

Comunicólogo e historiador que ha incursionado también en el mundo del teatro y la dramaturgia. Interesado por las construcciones de signos y las representaciones de la realidad en la vida cotidiana. Fundó el grupo de teatro independiente Un Perro Azul. Ha escrito varias piezas teatrales cortas, cuentos y ensayos de análisis e históricos.

Publicaciones recomendadas